«El crimen a veces se explica por simple maldad»

El jefe de los criminólogos analiza en su último libro los casos más mediáticos de la última década negra en España. «Hay miedo social, pero la impresión de que hay más asesinatos que antes es falsa»

ANDREA CUBILLAS

Marta del Castillo, Isabel Carrasco, Asunta Basterra, Denise Pikka Thiem, Madeleine McCann, Ruth y José Bretón. Detrás de cada uno de estos nombres se esconde un brutal crimen que conmocionó y dejo sin respiración a la sociedad española. Nombres que resuenan en la memoria de una ciudadanía que aún se pregunta el porqué. Interrogante al que, para la mayoría, resulta imposible dar una respuesta. ¿Cómo se puede explicar la máxima expresión de crueldad?, ¿qué podría justificar un acto que deshumaniza a la sociedad?

Un acercamiento a todas esas preguntas está en la Criminología, ciencia en la que la televisión ha terminado por hacer experta a la propia sociedad, y que pone el foco en estudiar la conducta antisocial que empuja a cometer un asesinato, atendiendo a factores psicológicos, sociológicos y biológicos.

Trasgresores sexuales, asesinos en serie o psicópatas son algunas de las etiquetas bajo las que se agrupan actos aparentemente sin sentido. Sin embargo, en ocasiones, detrás de esos criminales sólo se esconde la maldad, la banalidad del mal. Porque quien persigue hacer daño siempre encuentra un pretexto, sin que sea necesario padecer un desorden de identidad o ser un sociópata para perpetrar atrocidades. A fin de cuentas, hemos escuchado muchas veces, «todo el mundo tiene un lobo dormido dentro».

Estas reflexiones son el fruto de años de análisis, al mínimo detalle, de Ricardo Magaz (León, 1957), policía retirado, escritor, tertuliano, profesor universitario y presidente de la Sociedad Científica Española de Criminología. Él ha puesto la lupa en los ejecutores de los crímenes más sonados del país en la última década. Un trabajo que ahora recopila en su libro 'Crónicas del nueve parabellum'.

La munición más habitual en armas cortas da nombre a este cuaderno de bitácora, donde el criminólogo vuelca historias y casos que ha vivido y examinado en primera línea a través de artículos, tribunas, columnas, prólogos y argumentarios que ha publicado en numerosos medios de comunicación y que ofrecen una «visión particular, personal y profesional» de la 'España negra' más reciente.

Una época en la que se ha registrado un descenso estadístico de la criminalidad, aunque no acompañado de una percepción mayor de seguridad. La gran difusión mediática de estos casos ha generado alarma social, especialmente cuando las víctimas son menores de edad. Magaz entiende que «todo hecho merece ser dicho», pero, eso sí, «convenientemente dicho». Y ahí, precisamente, sitúa el problema, en los errores o excesos cometidos por algunos medios de comunicación.

Alude, por ejemplo, a la desaparición de Diana Quer, un suceso que copó protagonismo de amplias franjas horarias televisivas día sí, día no, durante todo un año, a pesar de la inexistencia de novedades o datos relevantes de la investigación para dar con su paradero. Resultado: «la sobredimensión del caso».

Lo mismo ocurre con algunas películas o series de ficción. A juicio de este experto policial, están frivolizando la delincuencia, «principalmente en torno al narcotráfico», sin ser conscientes de que detrás no sólo se esconde el hecho delictivo, sino los enfermos drogodependientes. «Tenemos experiencias muy ruinosas en un país lleno de yonquis y cadáveres andantes», relata Magaz, que alerta del emergente crecimiento del mercadeo de heroína en España, al presentar una nueva forma de consumo que evita la inyección y la transmisión del sida. «Los jóvenes no se dan cuenta del peligro y están frivolizando con una droga durísima que ha vuelto con mucha fuerza», apostilla.

Bajo el epígrafe '¿Plata o plomo?', Magaz dedica un capítulo de su libro a la serie y posterior «mitificación» que, en su opinión, se realizó del capo colombiano de la droga Pablo Escobar, pasando de puntillas sobre el cáncer que suponen las mafias que «echan pulsos a los estados y, a través de la corrupción, llegan a la política» y convierten a las sociedades en rehenes de sus intereses.

Habla desde el conocimiento, dado que buena parte de su trayectoria profesional la ha desarrollado en el Estrecho de Gibraltar, donde el narcotráfico, el yihadismo y el degradante trasiego humano de las pateras se han convertido en las «máximas amenazas» en la actualidad.

Nuevas formas de delito

Los narcos han encontrado en la vanguardia tecnológica más herramientas para ampliar sus negocios, especialmente con las drogas de diseño. En paralelo, el 'ciberdelito' ha obligado a las fuerzas policiales y militares a reconvertirse para hacer frente a las nuevas formas de criminalidad. Un reto que encaran desde el convencimiento de que los malos siempre van por delante. «Puede parecer una frase hecha, pero es real; y más aún en un mundo cada vez más globalizado por el avance imparable de las nuevas tecnologías», argumenta el experto, optimista por el nivel de especialización que demuestran a diario los cuerpos policiales. «Están a la altura», valora convencido. Tanto, que le permiten concebir España como «un país seguro». La tasa de criminalidad, 300 homicidios al año, contrasta positivamente con la que registran numerosos países de Latinoamérica, donde esa cifra se sobrepasa en apenas quince días.

Magaz reconoce que todo es mejorable, también la labor policial, que progresa aplicando la teoría de «la lección aprendida». En otras palabras, que los fallos «hay que superarlos». Un método de trabajo, principalmente en materia de investigación, que ha resultado clave para esclarecer, con mayor o menor celeridad, los crímenes más sonados de la última década.

Otro ejemplo: el «magnicidio» de Isabel Carrasco, la que fuera presidenta del Partido Popular de León, asesinada a plena luz del día por la madre de una trabajadora de la Diputación. Un crimen «sicarial» que escondía un «odio visceral y mortificante», escrito en femenino con cuatro mujeres protagonistas y una elevada implicación policial. Ingredientes novelescos que atraparon a Magaz, quien se muestra persuadido de que se hizo justicia, a pesar de observar algunos «flecos» pendientes de desentrañar, como la todavía misteriosa desaparición del abogado de la agente Raquel Gago, en paradero desconocido durante día y medio en plena vista oral.

Justicia que aprecia también al término de la vista oral seguida por la muerte de la peregrina estadounidense Denise Pikka Thiem, un crimen que manchó de sangre el Camino de Santiago, en el que intercedió en primera persona el senador de Estados Unidos John McCain y con el que Magaz concluye un apasionante libro en el que aborda asuntos tan de actualidad como el robo de niños en España, las mafias de los burdeles, las violaciones, el terrorismo y la corrupción policial.

Ricardo Magaz intenta ahora dar respuesta a por qué 'el Chicle' acabó con la vida de Diana Quer. Y, en paralelo a su investigación, se posiciona inequívocamente al lado del padre de la joven, a quien secunda la familia de Marta del Castillo, en su defensa de la prisión permanente revisable. Una medida amenazada en el Congreso de los Diputados por una proposición en favor de su derogación auspiciada por el PNV y secundada por toda la oposición. En su opinión, «no se puede dejar en libertad a un lobo depredador, a un violador o a un asesino porque haya dejado de delinquir durante los 25 años de ingreso en prisión».

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