Condenan a muerte a la 'viuda negra' de Kioto

Chisako Kakehi, poco después de su detención, hace tres años. / kyodo
Chisako Kakehi, poco después de su detención, hace tres años. / kyodo

Asesinó con cianuro a su cuarto marido y a dos novios. Los elegía ricos y sin hijos para hacerse con sus bienes, lo que le permitió amasar una fortuna de 7,6 millones de euros

JOSEBA VÁZQUEZ

Siete años después de su éxito del 68 en Eurovisión con 'La, la, la', Massiel entonaba, a ritmo de tango, que tuvo tres maridos y a los tres eliminó «con unas cuantas gotas de cianuro en el café». Si no fuera porque el tema 'Lady veneno' data de hace cuatro décadas, podría pensarse que sus autores, Moncho Alpuente y Carlos Montero, se inspiraron en la figura de Chisako Kakehi para componerla. La 'viuda negra de Kioto', como se ha apodado a esta japonesa de 70 años, fue ayer condenada a la pena de muerte por el Tribunal del Distrito de Tokio, que considera demostrado que, entre los años 2007 y 2013, envió a mejor vida al mismo número de hombres mencionado en esa canción y sirviéndose, además, de idéntica mortífera sustancia.

Después de 135 días de un juicio iniciado el pasado junio, la sentencia considera demostrado que Chisako proporcionó a sus víctimas cristales de cianuro de potasio, un compuesto altamente soluble y fatalmente tóxico, presentándoselos como un jarabe con efectos curativos. Con este engaño sumió en el sueño eterno a su cuarto marido, Isao Kakehi, de 75 años, y a otros dos hombres con los que había convivido previamente, Masanori Honda, de 71, y Minoru Hioki, de 75. También lo intentó con un conocido, Toshiaki Suehiro, de 79 años. La lectura del fallo generó una expectación inusitada. Hasta 560 personas hicieron paciente cola en la mañana de ayer para tratar de ocupar uno de los 51 asientos de la sala en la que se dio por concluido el mediático caso. Los fiscales definieron los asesinatos de Kaheki como «atroces y raramente vistos» y sostuvieron que la acusada se encuentra en plenas facultades para responder ante sus crímenes, aunque la defensa argumentó que sufría demencia.

«No tengo intención alguna de esconder la culpa. Hoy me reiré y mañana moriré si me condenan a muerte», declaró ante el juez Chisako Kakehi en julio pasado tras reconocer haber matado a su esposo. «Fueron crímenes atroces guiados por la codicia. La sentencia de muerte es inevitable», ha considerado el juez del caso, Ayako Nakagawa. Los actos de Kakehi fueron «premeditados y despreciables», continúa la sentencia que condena a la pena capital a la septuagenaria homicida. La defensa ha comunicado que apelará.

La japonesa fue detenida en noviembre de 2014 acusada del asesinato de su cuarto marido, Isao Kakehi, quien murió un año antes, apenas un mes después de que se hubieran casado, en la casa conyugal de Muko, al sur de Kioto. La condenada empleó con Isao idéntica estrategia que con sus desafortunadas víctimas anteriores. A todas sus parejas las elegía en base a dos condiciones: debían ser hombres mayores, adinerados y sin hijos que pudieran interferir y causar problemas en el eventual reparto de una herencia. Consumado este primer objetivo, con matrimonio por medio o sin él, la pérfida Chisako engatusaba a sus varones para que firmaran documentos notariales en los que la reconocían como beneficiaria única de sus herencias y seguros de vida. La codicia mencionada por el juez Nakagawa. La Justicia nipona considera acreditados estos tres asesinatos, pero los investigadores están convencidos de que la 'viuda negra' se ha hecho durante años con los capitales de otras siete parejas cuyo fallecimiento no levantó sospechas, al parecer. De esta forma, Chisako podría haber logrado amasar una fortuna cifrada en mil millones de yenes, casi 7,6 millones de euros.

Kakehi comenzó a coleccionar ingenuos compañeros de usar y tirar tras la muerte de su primer esposo en 1994, en este caso se supone que por causas naturales. En este momento entró en bancarrota la próspera empresa textil que el matrimonio regentaba en Osaka. Pésimos momentos para Chisako, que perdió su casa y se vio obligada a renunciar a su elevado ritmo de vida. No hay constancia de que apelara entonces a la cinematográfica frase de Scarlett O'Hara en 'Lo que el viento se llevó' -«Aunque tenga que matar, engañar o robar, a Dios pongo por testigo de que jamás volveré a pasar hambre»-, pero lo cierto es que empezó a actuar como si la hubiera pronunciado. La viuda se dedicó a registrarse en los servicios de búsqueda de pareja, donde llegó a entrevistarse con decenas de hombres.

No le fue mal a esta mujer hasta que la muerte de su última víctima, en 2013, levantara todas las sospechas. Tras la sentencia de ayer, su futuro se presenta mucho más oscuro por haber nacido en uno de los 53 países del mundo en los que sigue vigente la pena capital. En Japón se aplica en casos de traición y homicidio, especialmente si estos son en serie. Justo el caso de la 'viuda negra de Kioto'.

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