Nuevas evidencias sobre el origen del 'Homo sapiens' indican que no existen razas

Cráneo de un 'Homo sapiens' en el Museo de la Evolución Humana de Burgos. /Félix Ordóñez
Cráneo de un 'Homo sapiens' en el Museo de la Evolución Humana de Burgos. / Félix Ordóñez

«Puede existir más distancia genética entre una persona de Sudán y una de Namibia que entre un español y un japonés», asegura un experto

EFEMorelia (México)

Nuevas evidencias que apuntan a un origen del 'Homo sapiens' hace unos 300.000 años en África hunden más profundamente las raíces de la Humanidad en ese continente y arrojan luz sobre la naturaleza de las diferencias humanas, asestando un golpe al concepto de raza.

Los descubrimientos indican que no existen razas como son entendidas actualmente, sino una sola especie interconectada con un origen común africano y cuyas diferencias son superficiales, explica el antropólogo físico Manuel Soberanes. "Puede existir más distancia genética, por ejemplo, entre una persona de Sudán y una de Namibia, a quienes el pensamiento raciológico ubicaría como miembros de una misma 'raza negra', que entre un español y un japonés, supuestos integrantes de 'razas' distintas", apunta.

Soberanes, quien hoy participa en el XIX Coloquio Internacional de Antropología Física Juan Comas, en la ciudad mexicana de Morelia, dice que esta falta de correspondencia entre los grupos habitualmente identificados como razas y sus propios rasgos genéticos "debiera por sí misma descartar definitivamente el concepto racial".

Por otro lado, cita hallazgos fósiles reportados en junio pasado en la revista Nature por un equipo científico encabezado por el paleontólogo francés Jean-Jacques Hublin, del Instituto Max Planck para la Antropología Evolutiva en Leipzig, Alemania.

Los científicos determinaron, mediante avanzados análisis radiométricos, que los fósiles hallados en Jebel Irhoud (Marruecos), de 315.000 años, representan una fase temprana en la evolución de nuestra especie y son los restos de Homo sapiens más antiguos encontrados hasta ahora. "Los descubrimientos de Jebel Irhoud hunden más profundamente las raíces de la humanidad en África", apunta Soberanes, quien agrega que estos fósiles africanos se integran a una línea ininterrumpida desde las formas humanas más primitivas hasta la moderna, continuidad "que no está presente en ninguna otra parte del mundo".

En vista de que la mayoría de estudios sugieren que la primera dispersión humana fuera de África ocurrió hace entre 50.000 y 60.000 años, los nuevos hallazgos indican que "nuestra especie ha pasado la mayor parte de su existencia en su continente natal, quizá tanto como seis veces más que fuera de él", comenta Soberanes. Esto "es congruente con estudios moleculares según los cuales la mayor parte de la variabilidad genética humana se encuentra en África", ya que es allí donde "los humanos han tenido más tiempo para diversificarse". "Los distintos grupos humanos del resto del mundo son simplemente ramas que se separan de un gran tronco africano y cuyas diferencias representan apenas adaptaciones o modificaciones recientes y superficiales sobre una matriz compartida", argumenta.

Pero a ello se suman otras líneas de evidencia, como la aportada por los estudios divulgados a partir de 2010, en particular por el biólogo evolutivo sueco Svante Pääbo, que indican que los humanos modernos se mezclaron en Eurasia con neandertales y con miembros de una especie relacionada con estos llamados denisovanos, así como con una especie aún no identificada en África.

Los marcadores genéticos de esas especies persisten hasta nuestros días en personas de todo el mundo. Lo anterior demuestra que "el mestizaje, o en este caso hibridación, ha estado con nuestra especie a lo largo de toda su historia como consecuencia de las migraciones y el contacto entre distintos grupos humanos".

Así que -defiende- no solo no existen razas en sentido biológico, sino que incluso los grupos identificados socialmente como tales, como negros, blancos, asiáticos, etc., tampoco existen con fronteras definidas: "Todos han estado en constante contacto e intercambiando variantes genéticas". "Como demuestra el aporte de otras especies a nuestro acervo genético, ni siquiera somos una 'especie pura'", concluye Soberanes.

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