Una estación espacial china fuera de control caerá en unos días sobre la Tierra y puede que sea en España

Una estación espacial china fuera de control caerá en unos días sobre la Tierra y puede que sea en España
Izania Ollo

Fernando Ballesteros, astrónomo del Observatorio de Valencia, duda sobre dónde caerá el artefacto. «Una incertidumbre de caída de un minuto supone mil kilómetros de desvío del lugar de impacto»

ANTONIO CORBILLÓN

Un objeto del tamaño y peso de un camión (9 toneladas) y suspendido a 250 kilómetros sobre la Tierra gira sobre sí mismo de manera enloquecida mientras viaja a 28.000 kilómetros por hora. Entrará en la atmósfera entre el 24 de marzo y el 9 de abril. Los expertos aeroespaciales llevan días elaborando ‘quinielas’ sobre los lugares en los que podría precipitarse. España y sus vecinos mediterráneos (Italia, Grecia, quizás Portugal) se encuentran en una de las estrechas franjas que más papeletas acumulan de recibir el impacto.

Esto es así porque ‘Tiangong-1’, la estación espacial china fuera de control, completa cada giro terrestre (apenas hora y media) entre las latitudes 43º norte y sur. El centro y el norte de España están en una estrecha franja situada junto al límite de esta trayectoria donde la probabilidad de impacto es mayor. Pero los expertos son tajantes. «La posibilidad de que haga daño a alguien es la misma de que nos caiga un rayo», explica el director de Desarrollo de Negocio en la empresa aeroespacial GMV, Miguel Ángel Molina. Curiosamente, la Agencia Espacial Europea (ESA) usa el mismo símil en su predicción, pero minimiza la ‘apuesta’ frente al rayo: «El riesgo es diez millones de veces menor».

Fernando Ballesteros, astrónomo del Observatorio de Valencia, pone más cifras al absurdo esfuerzo por predecir dónde caerá el artefacto. «Una incertidumbre de caída de un minuto, a la velocidad a la que viaja, supone mil kilómetros de desvío del lugar de impacto».

La llegada a la Tierra de la 'Tiangong-1' es para los expertos un mundo de imprevisión

Además, esa ventana de 16 días abierta a su llegada a la Tierra es para los expertos un mundo de imprevisión. «Incluso siete horas antes de la llegada, la incertidumbre será de miles y miles de kilómetros», remacha la predicción de The Aerospace Corporation.‘Tiangong-1’ fue la primera estación de China en órbita. La lanzaron en 2011 y en sus 10,4 metros de largo acomodó a tripulantes hasta 2013. Después, los chinos decidieron mantenerla en órbita hasta que perdieron el control. «Ese es el gran problema -insiste Miguel Ángel Molina, ingeniero aeronáutico experto en trayectorias-. Lo normal es mantener una reserva de combustible para redirigir el regreso. Pero no se ha hecho».

Esta desgobierno hace difícil vaticinar la evolución de esta chatarra espacial, que empezó a dar tumbos sin control y a reducir de forma paulatina su órbita (antes se situaba a una altura de entre 330 y 390 kilómetros) a mediados de 2016.

En su esfuerzo por desmentir a los que hacen sonar las trompetas del Armagedon, los analistas recuerdan que el planeta se enfrenta de forma continua a amenazas de este tipo. «Todos los meses hay varias reentradas de antiguos satélites. Y nunca ha habido lesiones personales ni materiales», insiste Molina.

Lo que no impide sustos como el que se llevaron en noviembre de 2015 los hermanos Espín, Francisco y Juan, dos pastores murcianos que vieron caer entre sus ovejas y cabras un objeto de 70 centímetros de diámetro y 20 kilos de peso. Eran los restos del fuselaje de un cohete espacial.

Los antecedentes son aún más tranquilizadores. El mayor engendro espacial que se precipitó sin control sobre la Tierra fue la nave ‘Skylab’ de la NASA en 1979. Era ocho veces más pesado que ‘Tiangong-1’ (unas 80 toneladas) y sus restos se estrellaron en el desierto de Australia sin provocar daños. La estación soviética ‘Salyut-7’ y su módulo ‘Cosmos 1686’ pesaban la mitad que ésta y se precipitaron al Pacífico en 1991.

Los científicos están seguros de que, cuando ‘Tiangong-1’ se acerque a unos 150 kilómetros de la Tierra, «se calentará y empezarán a desprenderse trozos», explica Miguel Ángel Molina. - ¿Cuánto puede llegar a Tierra? - No creo que más de un 10%.

Siguen siendo unos mil kilos de ‘tornillería’ fuera de control. Pero, lo más probable es que se desintegre, dando lugar a «un bonito espectáculo de luces en el cielo».

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