Las Provincias

El cielo no caerá mañana sobre nuestras cabezas

Un asteroide, en una foto de archivo.
Un asteroide, en una foto de archivo. / NASA
  • Un asteroide de 650 metros pasará a cuatro veces la distancia que separa la Tierra y la Luna. Ninguna gran roca se ha acercado tanto desde 2004

Los dinosaurios se extinguieron porque no tenían programa espacial. Y, si nosotros también nos extinguimos por no tener programa espacial, ¡nos lo tendremos merecido!». La sentencia es del escritor de ciencia ficción Larry Niven, autor de la serie 'Mundo anillo'. A los dinosaurios -con la excepción de las aves- los mandó al registro fósil una roca de más de 10 kilómetros de diámetro que chocó con la Tierra en lo que hoy es Yucatán hace 65 millones de años. El impacto abrió un cráter de 200 kilómetros de diámetro, provocó incendios, tsumanis y terremotos como nunca hemos visto y sumió al planeta en un invierno nuclear.

Cuando el físico Luis Álvarez -premio Nobel y uno de los científicos del Proyecto Manhattan- y su hijo el geólogo Walter Álvarez propusieron a principios de los años 80 ese escenario para la gran extinción de finales del Cretácico, la idea fue recibida con escepticismo. «Los astrónomos deberían dejar a los astrólogos la tarea de buscar las causas de los acontecimientos terrenales en las estrellas», dijo 'The New York Times' el 2 de abril de 1985 en un editorial. Las pruebas acabaron confirmando la hipótesis de los Álvarez y, treinta años después, cada roca que pasa cerca de la Tierra nos recuerda que, como temen Astérix y los suyos, el cielo puede caer sobre nuestras cabezas.

2014 JO25. Así se llama el asteroide de 650 metros de diámetro que mañana se acercará hasta 1,8 millones de kilómetros de nosotros, unas 4,6 veces la distancia que nos separa de la Luna. La roca estará mañana por la noche más cerca que nunca en los últimos 400 años y en los próximos 500. Los astrónomos podrán verla con pequeños telescopios durante una o dos noches, y la NASA la observará con el Radar para el Estudio del Sistema Solar de Goldstone (California) y el del Observatorio de Arecibo (Puerto Rico).

Una amenaza real

No hay semana en la que no pasen piedras espaciales mucho más cerca, pero es que la mayoría no supone un riesgo para el ser humano. Así, el 4 de abril una de entre 3 y 6 metros, llamada 2017 GM, se aproximó hasta solo 9.900 kilómetros de la Tierra. «Una vez al año, un asteroide del tamaño de un coche choca con la atmósfera terrestre, da lugar a una impresionante bola de fuego y se desintegra antes de llegar al suelo», explica la NASA. Y cada día nuestro mundo engorda unas 100 toneladas por el impacto de polvo y granos de arena extraterrestres. Lo preocupante son los pedruscos grandes como 2014 JO25.

El bólido de Cheliábinsk, que estalló a primera hora de la mañana del 15 de febrero de 2013 sobre esa ciudad rusa con una energía treinta veces superior a la de la bomba de Hiroshima, medía unos 16 metros. Y la roca de Tunguska, que el 30 de junio de 1908 arrasó unos 2.000 kilómetros cuadrados -una superficie equivalente a la de Gipuzkoa- de la taiga siberiana, tenía unos 80 metros de diámetro. Si hubiera chocado con la Tierra cuatro horas después, habría borrado del mapa San Petersburgo.

Por encima de los 'destructores de ciudades', como el bólido de Tunguska, están los objetos de entre 0,5 y 2 kilómetros de diámetro, categoría en la que entra nuestro visitante de mañana. «Conocidos como 'demoledores de naciones', pueden dar lugar a una 'destrucción regional', arrasando países como Reino Unido o India. Con el potencial de matar y ocasionar daños a una porción sustancial de la población (hasta un 25%), estos asteroides podrían trastornar gravemente nuestro modo de vida», advertían en 2009 el teniente coronel Peter Garretson y el mayor Douglas Kaupa, de la Fuerza Aérea de Estados Unidos, en el 'Air & Space Power Journal'. Y los hay peores.

Antes que 2014 JO25, cuya trayectoria está bien establecida y no supone ningún riesgo para el ser humano, el último gran asteroide que se acercó tanto fue Toutatis, de 5 kilómetros de diámetro, el 29 de septiembre de 2004. Pasó a 1,5 millones de kilómetros de la Tierra , el equivalente a cuatro veces la distancia a la que está la Luna. «Es lo más cerca que estará de nosotros en los próximos 500 años y conocemos muy bien su órbita», decía hace trece años Don Yeomans, entonces director de la oficina del Programa de Objetos Cercanos a la Tierra de la NASA.

Toutatis es «el mayor asteroide potencialmente peligroso conocido», según la agencia espacial estadounidense, que calcula que el impacto contra nuestro planeta de un objeto de más de un kilómetro de diámetro tendría efectos globales. «Cada 2.000 años más o menos, un meteoroide del tamaño de un campo de fútbol golpea la Tierra y causa daños regionales. Una vez cada pocos millones de años, llega un objeto lo suficientemente grande como para amenazar la civilización. Los cráteres de impacto de la Tierra, la Luna y otros cuerpos planetarios son pruebas de estos acontecimientos», indica la NASA. Si un asteroide viniera hoy en rumbo de colisión contra la Tierra, no podríamos hacer nada. Como dijo Arthur C. Clarke, autor de '2001: una odisea del espacio' (1968), «el peligro de impacto por un cometa o asteroide es una de las mejores razones para adentrarnos en el espacio». Eso si no queremos acabar como los dinosaurios.

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