Las Provincias

Una astrónoma en el exilio, contra la política científica del Gobierno

La investigadora Amaya Moro-Martín.
La investigadora Amaya Moro-Martín.
  • La astrónoma Amaya Moro-Martín denuncia desde Estados Unidos que «proteger la Marca España es vivir de espaldas a la realidad»

La comunidad científica española ha iniciado 2017 con el mismo recelo que los años anteriores, a tenor de unas estadísticas que apenas mejoran su porvenir. El último informe de la Confederación de Sociedades Científicas de España (Cosce), referido a 2015, recoge que el presupuesto español en I+D es el que más recortes ha sufrido en Europa durante la crisis económica. Los fondos destinados a la investigación cayeron un 34,69% entre 2009 y 2013, situando a España por detrás de Grecia, Portugal, Italia e Irlanda.

«Sin lugar a dudas, la situación es significativamente peor. Desde 2009, el presupuesto de I+D para investigación civil en operaciones no financieras ha disminuido un 35%. Teniendo en cuenta la inflación, la disminución sería aún mayor. En ese periodo, España ha tirado la toalla en lo que respecta a alcanzar el objetivo establecido por la Comisión Europea en la ‘Estrategia de Lisboa’, que fijaba un 3% del PIB para I+D en el 2010», según explica Amaya Moro-Martín, astrónoma española que reside en Baltimore (EE UU).

Desde el extranjero, esta investigadora se erige en la principal voz reivindicativa para la ciencia española, tal como lo demuestra en su artículo ‘Cómo os atrevéis a llamarnos diplomáticos’, publicado ayer por la revista ‘Nature’. Según destaca, en su escrito da cuenta de que durante la crisis España ha recortado la inversión, mientras que «muchos países punteros en investigación adoptaron en I+D una política anticíclica, de mayor inversión cuanto menos crecía la economía». Por eso se muestra escéptica con la Marca España, promovida desde instancias gubernamentales.

«Es un eslogan que no contribuye a mejorar la situación de la investigación. Para encontrar soluciones a un problema lo primero que hay que hacer es admitir que existe. Hablar de circulación de cerebros, en vez de fuga de cerebros con el objetivo de proteger la Marca España, es vivir de espaldas a la realidad y supone un lastre a la hora de encontrar soluciones».

Por este motivo, para «mejorar realmente la Marca España en el sector de la I+D, lo que el Gobierno necesita es aportar suficientes recursos humanos y financieros; y modernizar un sistema burocrático que es decimonónico y antagónico a la labor investigadora. También necesita crear un consejo científico que dé peso, con independencia política, que juegue un papel central en la política científica del país y que canalize peticiones de la comunidad científica que durante años han caído en saco roto», declara.

Amaya Moro-Martín incide en que ese nuevo consejo cientifico, además de «optimizar la inversión pública», también «ayudaría a la elaboración de una estrategia consensuada entre todos los actores implicados como son el gobiernos central y autonómicos, la Cortes y la comunidad científica».«Para mejorar la Marca España es necesario realizar cambios en sus instituciones de investigación, democratizándolas, aumentando su transparencia y su capacidad de autogestión. Sin autogestión, tanto de recursos humanos como financieros, es inútil elaborar planes estratégicos»», apunta, para proponer que la Ley de Mecenazgo permita la financiación privada de universidades e instituciones de investigación.

Respecto al Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), Amaya Moro-Martín considera que «necesita más transparencia, más democracia y menos burocracia, pero también más recursos y más autogestión».

Los números del CSIC

Según reflejó el BOE en septiembre de 2016, el CSIC aumentó sus pérdidas de 3,4 millones de euros en 2014 a casi 22 millones en 2015. Pero el CSIC ya ha recalcado que no es una empresa, porque sus objetivos son «la formación y el fomento» de investigadores, así como «la divulgación de una cultura científica» entre la sociedad para obtener beneficios intelectuales a largo plazo.

No obstante, el propio presidente del CSIC, Emilio Lora-Tamayo, no perdía optimismo cuando a finales del año pasado dijo que «hacemos muy buena investigación a pesar de los problemas de los últimos años». Y coincidía en cierto modo con Moro-Martín, cuando apuntó que «lo que necesitamos es más atención en forma de recursos económicos, humanos y de capacidad para gestionarlos. Una gestión eficiente en un marco más flexible nos daría más juego».

En cambio, el responsable del CSIC sí difirió en otros retos claves. «Desde 2012 estamos subiendo, aunque de forma suave. Y me gustaría que siguiera así de manera estable y sostenida. Lo que tenemos es bueno, pero debemos tener más recursos económicos, por encima del 1,22% del PIB previsto hasta llegar al 2% en el 2020», dijo.

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