Cien años de conflicto

Cien años de conflicto

La 'Declaración de Balfour', la carta que un ministro inglés envió a un Rothschild hace hoy un siglo, plantó la semilla de un enfrentamiento árabe-israelí que aún perdura

ÍÑIGO GURRUCHAGA

Un año después de la fundación del Estado hebreo, en 1948, el escritor Arthur Koestler escribió, en la primera línea de 'Promise and Fulfilment' ('Promesa y Plenitud'), que «Israel es un friki de la Historia». El escritor de origen húngaro, corresponsal del 'News Cronicle' inglés en la Guerra Civil española, había vivido en las comunidades judías de Palestina y había visitado de nuevo la región para componer su retrato, que comienza inevitablemente por la génesis del estado israelí.

El hecho 'friki' en el origen de Israel es la llamada 'Declaración de Balfour', de la que hoy se cumplen cien años. Ni siquiera fue una declaración, sino una carta de quince líneas que el entonces ministro británico de Asuntos Exteriores, Arthur Balfour, remitió a la vivienda londinense en la calle Piccadilly de Walter Rothschild, heredero reciente de la baronía concedida por la corona a la familia de banqueros.

«Querido Lord Rothschild», comenzaba. «Es para mí un gran placer transmitirle, en nombre del Gobierno de Su Majestad, la siguiente declaración de simpatía con las aspiraciones sionistas que ha sido sometida al, y aprobada por, el Gabinete», decía el preludio. La declaración se iniciaba así: «El Gobierno de Su Majestad ve con favor el establecimiento en Palestina de una casa nacional para la población judía y aplicará sus mejores esfuerzos para facilitar el logro de ese objetivo».

Una Palestina judía daría más poder a Gran Bretaña en Oriente Medio

Y añadía: «Debe quedar claramente entendido que no se hará nada que pueda perjudicar los derechos civiles y religiosos de las comunidades no judías que existen en Palestina, o los derechos y estatus político que disfrutan los judíos en otros países». Balfour, desde el Foreign Office, cerraba su mensaje sumando a otro destinatario: «Le quedaría agradecido si da a conocer esta declaración a la Federación Sionista».

Reyes de la judería

Según Niall Ferguson, historiador de la dinastía Rothschild, Balfour apenas conocía a Walter, aunque había sido amigo y aliado de su padre, Nathaniel, que fue el primer judío aceptado en la Cámara de los Comunes sin renegar de sus creencias. Había sido rehusado tres veces, a pesar de su elección como diputado por los vecinos de Aylesbury, en la comarca donde residen los grandes banqueros del gueto de Fráncfort y que establecieron la rama británica en el final del siglo XVIII.

'Natty' Rothschild no había mostrado particular simpatía por el sionismo, que aspiraba a crear un estado para los judíos en Palestina justificándolo en una fantasía histórica y religiosa que presenta el territorio -en el que vivían en ese momento, según Avi Shlaim, unos 600.000 árabes y 60.000 judíos- como su casa ancestral. Walter, su hijo, no había mostrado interés ni por la banca ni por la política cuando, en 1915 heredó el título.

Los Rothschild eran, con su título de barones y su asiento en la Cámara de los Lores, la monarquía de los judíos británicos. Habían mostrado su agudeza para mantener las ramas de la familia unidas de tal modo que la comunicación y los negocios fluían entre las grandes capitales europeas. Canalizaban fondos caritativos y reivindicaciones de los judíos orientales acogidos en barrios pobres tras huir de 'pogromos' y leyes punitivas en el Imperio Ruso.

Pero Walter había sido incapaz de terminar en Cambridge los estudios de Zoología, lo único que le interesaba. Posaba como jinete a lomos de una gran tortuga. A la familia, que lo tenía por atolondrado, le preocupó el entusiasmo retórico que desplegó por la causa sionista en actos públicos en los días posteriores a la carta de Balfour, antes de regresar a su vida privada y a su zoológico.

Esa carta sería la base para futuras decisiones de la Liga de Naciones, embrión de la ONU, en las que ya se animaba a «reconstituir» el hogar nacional de los judíos; a «la resurrección del Estado judío», en palabras de Koestler. Una investigación británica desveló que la fórmula «casa nacional» en la carta de Balfour fue pactada en el Gabinete de Londres entre quienes apoyaban la creación de un nuevo Estado de Israel en Palestina y quienes pensaban en algo más informal.

El primer ministro en noviembre de 1917, Lloyd George, dijo después que se emitió la declaración «por razones propagandistas». El contexto las explica. Tras la descabellada carnicería humana en el frente occidental durante 1916, los equilibrios de la guerra habían sido sacudidos por la revolución de febrero en Rusia y el anuncio por Woodrow Wilson de la gradual intervención de Estados Unidos.

El resto del cuadro lo pinta David Stevenson en su 'Historia de la Primera Guerra Mundial'. Las tropas británicas avanzan hacia Jerusalén y el poder otomano que gobierna Palestina se distrae con nuevas aspiraciones en el norte, donde Rusia pierde su imperio. París y Londres han pactado el reparto posterior de Oriente Próximo pero, a pesar de recientes derrotas en Europa, el Gabinete en el que se sienta Balfour ve la oportunidad de fortalecer su imperio en la posguerra. Una Palestina con más simpatizantes judíos ayudaría a crear una barrera británica entre el canal de Suez y los franceses de Siria.

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