El ciclista más longevo del mundo

Robert Marchand, el 4 de enero de 2017, cuando batió el récord de la hora para centenarios. reuters/
Robert Marchand, el 4 de enero de 2017, cuando batió el récord de la hora para centenarios. reuters

Robert Marchand cuelga la bicicleta a los 106 años por consejo médico tras batir todos los récords posibles de su edad

RODRIGO ERRASTI

«La bici se ha terminado. Era lo único que me interesaba», reconoce triste Robert Marchand, que hace 371 días acaparó portadas en Francia por recorrer a los 105 años 22,547 kilómetros en una hora. Lo hizo en un velódromo galo como dos décadas atrás hiciera Miguel Induráin con varias televisiones en directo. El francés, para quien la Unión Ciclista Internacional (UCI) creó la categoría de centenarios especialmente para él, tiene que retirarse del deporte por prescripción médica. «A veces la tensión le sube hasta 18 o 20», reconoce Christian Bouchard, amigo y vecino de Marchand, que vive de manera autónoma en Mitry Moriy, en los suburbios parisinos, con una modesta jubilación que no alcanza los 900 euros. Deseaba participar en una prueba de cuatro kilómetros en pista, pero la federación no le autorizó a competir por temor a que sufriera una crisis cardíaca.

«Tiene mucha energía y sólo se le nota la edad, al margen de algo de artritis en las manos, en que está muy sordo», explica Willy Maisonnasse, periodista de la RTL y vecino de la región de L'Ardèche, donde le pusieron su nombre a un puerto de 911 metros en homenaje a que nació un 26 de noviembre de 1911 en Amiens. Apenas se habían celebrado siete ediciones del Tour de Francia y tres años antes de que los alemanes llegasen a su pueblo en la Primera Guerra Mundial. Los conflictos bélicos y sus ideales marcaron su vida: fue granjero, se marchó a París y empezó a practicar el boxeo tras no ser profesional del ciclismo por su baja estatura.

Fue profesor de Educación Física y bombero (en 1924 su equipo de gimnasia ganó el título francés de 'castellers' humanos) y después de la victoria del Frente Popular, en 1936, se afilió al sindicato comunista (Confederación General del Trabajo), al que sigue perteneciendo pese a llevar años jubilado.

Durante la ocupación nazi (y antes de quedarse viudo en 1943) fue encarcelado por negarse a dar clases de gimnasia a hijos de colaboracionistas, y eso le valió posteriormente un reconocimiento oficial como miembro de la Resistencia. Emigró a Venezuela en 1947 (allí fue granjero y camionero) antes de asentarse tres años en Canadá, donde fue leñador pero no se adaptó al frío. Regresó a su país, donde también fue socorrista, para dedicarse a la horticultura. Pero como el asunto tampoco le funcionó optó por vender zapatos y después vino.

Hace cuatro décadas, en 1977, cuando conducía su Citroen 2CV, tuvo envidia de un grupo de ciclistas y se compró una bici para viajar desde París hasta Moscú. Sus logros como jubilado en las clásicas francesas le convirtieron en una celebridad, al punto de que fue recibido por François Hollande.

Nunca ha fumado, apenas prueba el vino y prefiere el pescado a la carne porque sufre pensando en lo que pasa en los mataderos y cree que «el aperitivo previo a la comida» puede ser la clave de su longevidad. Y el ciclismo, que ahora deberá seguir por televisión.

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