Cárcel de mínima seguridad

Exterior de la cárcel de Plötzensee y detalle del orificio por el que se  escaparon cuatro reos. / afp
Exterior de la cárcel de Plötzensee y detalle del orificio por el que se escaparon cuatro reos. / afp

Nueve reos logran escapar en la última semana de una prisión berlinesa sin armar revuelo

VÍCTOR NÚÑEZ JAIME

Parecían sacadas de una película, pero las imágenes fueron captadas por las cámaras de seguridad de la cárcel berlinesa de Plötzensee. Como dieron la vuelta al mundo durante la tarde del 28 de diciembre, millones de telespectadores e internautas pensaron que se trataba de una «inocentada». Pero cuando el portavoz de Justicia del Senado de la capital alemana contó en tono serio y con el rostro estupefacto lo que había ocurrido, las dudas se disiparon: cuatro reos se habían fugado sin armar revuelo. ¿Tenían cómplices entre el personal de seguridad del reclusorio? Mientras se buscaba a los fugitivos, se abrió una investigación al respecto. Las huidas, sin embargo, continuaron en los días siguientes. Y, en menos de una semana, se acumularon nueve.

La mañana del jueves de la semana pasada, cuatro presos entraron en la sala de calderas del penal y a golpe de martillo rompieron dos columnas de hormigón que separaban las ranuras del sistema de ventilación. Enseguida cortaron los refuerzos de acero con unas tenazas y el resultado fue un agujero de unos 30 centímetros de ancho por 120 de largo. Por ahí se escaparon en menos de tres minutos.

Las imágenes no activaron las alarmas, ni los vigilantes se inmutaron. Una hora después de la huida, dos guardias vieron abierta la puerta de la sala de calderas y el boquete en la pared. Entonces hicieron un recuento y sólo así se dieron cuenta de que faltaban cuatro. La noche de ese mismo día, dos hombres que estaban en régimen semiabierto no volvieron. A las siete de la mañana del pasado 1 de enero, el primer recuento del día no cuadró, una vez más, en Plötzensee. Durante la madrugada, tres presos forzaron la ventana de la celda de otro recluso y lograron escapar. Estos tres hombres se encontraban en régimen de tercer grado, es decir, podían salir a la calle durante el día, pero debían volver a la cárcel para dormir. «Incomprensible. De nuevo», tituló el sensacionalista diario 'Bild'. Uno de los fugados fue prendido y otro volvió a la cárcel arrepentido y acompañado por su abogado. Siete siguen prófugos.

Estas escapadas han convertido a la seguridad penitenciaria en el primer gran tema del año en Alemania. Dirk Behrendt, responsable de Justicia del Senado de Berlín, explicó que Plötzensee no es una cárcel de alta seguridad y que de todas formas se reforzaría la protección. Ante la indignación popular, el propio Behrendt pidió disculpas. «Las fugas del régimen abierto han causado enfado y es comprensible. Lo lamento. Estamos analizando las medidas de seguridad en Plötzensee y vamos a reforzar el personal de la prisión», aseveró en un comunicado. La oposición berlinesa calificó las fugas como «un incidente explosivo» y Sven Kohlmeier, portavoz de asuntos jurídicos el Partido Socialdemócrata, ironizó: «En año nuevo, día de puertas abiertas en la prisión de Berlín».

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