«Se me cae la cara de vergüenza», asegura la mujer que deseó que violaran a Inés Arrimadas

Rosa María Miras en una manifestación independentista.
Rosa María Miras en una manifestación independentista. / Reuters

Su despido plantea la legitimidad de la empresa de tomar medidas sobre los actos de los empleados fuera del enterno laboral

LAS PROVINCIASValencia

El comentario agresivo de la mujer que amenazó a Inés Arrimadas ha desencadenado en una controversia sobre la legitimidad de su despido. En medio de un debate televisivo, una espectadora arremetió contra la diputada de Ciudadanos: «Escuchando a Arrimadas en el debate de T5 sólo puedo desearle que cuando salga esta noche la violen en grupo, porque no merece otra cosa semejante perra asquerosa».

Pocas horas más tarde, la portavoz de Ciudadanos en el Parlamento de Cataluña contestaba a los insultos desde su cuenta de Twitter: «Aquí una muestra clara de odio. Voy a denunciar a esta señora». La parlamentaria reconoce que hasta ahora había recibido muchos insultos en redes sociales, pero no de este calibre y lo califica de «especialmente grave y muy ofensivo» no solo con ella, sino con todas las mujeres.

Ahora, Rosa María Miras podría enfrentarse a una multa, aún por determinar, y a pagar durante un periodo de entre 6 y 14 meses, de acuerdo al abogado penalista Pedro González. Miras asegura no esperarse la trascendencia de sus declaraciones tras ser despedida de la inmobiliaria Tinsa, en la que trabajaba en el departamento de Atención al Cliente. «¿Cómo iba yo a imaginarme algo así? Claro que me arrepiento», confiesa la mujer al Diario Sur. Sin embargo, la empresa reconoce que se trata de un tema «delicado» y han emitido un comunicado en que expresan su «total repulsa a los inaceptables comentarios manifestados contra la señora Arrimadas por esta persona».

Muchas empresas poseen ya un código ético para cubrir posibles vacíos legales y regular el comportamiento de sus empleados de acuerdo a sus valores y principios, según explica Cristóbal García, socio del departamento Laboral de Garrigues. En ese caso, no habría debate alguno pues la compañía podría alegar que se ha incumplido el código.

«El problema es que dada la gravedad del insulto, la trascendencia social, la relevancia del personaje y la publicidad que se ha hecho del asunto ha conducido a que se conozca dónde trabaja y eso conlleva un daño para la imagen de la empresa», argumenta el abogado alegando que en ese caso el despido podría ser procedente y la empresa no habría de pagar indemnización alguna. No obtante desde Comisiones Obreras aseguran que aunque el comentario es «desafortunado», el despido es «desproporcionado» pues la actuación de la mujer se hizo al margen de suu vida laboral.

Miras admite no querer volver al trabajo aunque se lo propusieran: «No, no podría volver. Se me cae la cara de vergüenza», confiesa. La licenciada en filología inglesa asegura que lo peor no ha sido perder el trabajo sino la imagen que queda de ella y lo mal que lo está pasando su familia.

Se ha de recordar que «La libertad de expresión colisiona con el derecho de Arrimadas al honor, a su integridad física, moral, su imagen...».

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