No me des la brasa

Alumnos del curso de 'firewalking' caminan sobre las llamas en Tordesillas (Valladolid) el pasado jueves. / gabriel villamil
Alumnos del curso de 'firewalking' caminan sobre las llamas en Tordesillas (Valladolid) el pasado jueves. / gabriel villamil

España lidera la mayor escuela de caminantes sobre fuego.Agentes de seguros, enfermeras, bailarines... asisten a un curso «para superar miedos»

ANTONIO CORBILLÓN

Tenía miedo. Ahora me siento empoderado». Juan se sacude los rescoldos de las plantas de sus pies tras perder la virginidad caminando sobre 2,5 metros de brasas a una temperatura superior a los 400º C. Antes de descalzarse estaba nervioso y con algunas dudas, al igual que los otros veinte novatos del curso de instructor de Firewalking (caminante sobre el fuego) que hacían cola en los jardines de un hotel cerca de Tordesillas (Valladolid). «No he ido ni rápida ni lenta. Ha sido un paseo», explica María José, otra de las que han plantado cara al reto.

Antes, mientras los instructores preparaban las llamas y las esparcían por una delgada tira de hierba, Juan, María José y el resto de alumnos lanzaban las proclamas que les repiten los profesores. Usan ese habitual y un tanto sospechoso lenguaje de los cursos de entrenamiento ('coaching') importados de Estados Unidos y que tanto furor hacen en España. «Pienso, siento y lo hago», repiten todos una y otra vez. «Todo lo que necesito, está dentro de mí».

Amagos de aparente concentración, gritos liberadores... Uno tras otro cruzan la lengua de tizones candentes sin incidencias. Todo fluye con sencillez y todos parecen haber conquistado un 'everest' particular. Hay bailarines, enfermeras, agentes de seguros, algún militar. Un hombre llegado de la India, otro de Argentina.

«Esto genera anclajes. Todos se acordarán dónde caminaron por primera vez sobre el fuego. Es una metáfora de vida que te enfrenta a tus miedos», resume Luis Rite. Es uno de los cinco maestros reconocidos en España por el Firewalking Institute of Rearch and Education (FIRE) de Dallas (Texas, EE UU). Rite ha cruzado más de mil veces sobre las llamas. «En lenguas de 12 metros, me he parado en el centro, y apenas he sufrido un 'besito' (ampolla)», garantiza.

Desde la ciudad americana centralizan el sello de supuesta calidad de estas técnicas conocidas como 'dinámicas de alto impacto'. A España llegaron en 2012 pero ya somos el alumno aventajado en el mundo: cinco de los 12 maestros mundiales son españoles. «Caminar sobre brasas te enfrenta a tus miedos. Se usa como complemento en cursos de 'coaching' para demostrarnos que podemos dar más de lo que creemos», amplia María Alonso, instructora aspirante a ser algún día maestra.

Durante cuatro días los iniciados se someterán a otros retos como caminar sobre trozos de cristal ('glasswalking'), partir por la mitad trozos de madera al estilo karateca, romper una flecha con el gaznate o dejarse caer al vacío de espaldas mientras sus colegas hacen una 'cama' de manos para evitar que se rompan la crisma.

Los promotores se saben en el centro de la sospecha sobre el supuesto valor para la vida real, laboral o familiar de todo esto. «Quien practica esto entra en una comunidad, que no una secta. Es un símbolo de vida: el primer paso cuesta y, cuando acabas, piensas que no era para tanto. El miedo se cura con la acción», teoriza Rite.

Demanda en España

La Asociación Española de Coaching (ASESCO), que acaba de publicar estos días su 'Libro Blanco', trata de diferenciar las técnicas de motivación de sus cursos de este tipo de prácticas extremas. «Las acciones de alto impacto no son 'coaching', aunque el objetivo pueda ser parecido. Son aceleradores, palancas de transformación», resume el portavoz de ASESCO e instructor de estas dinámicas, David Gómez. Admite que el 'firewalking' es una prueba más de la «capacidad de los americanos para 'empaquetar' negocios y venderlos». Su impulsor fue Tolly Burkan, un hippie de los setenta al que inspiró un artículo de física que había leído en una revista científica. Burkan también confesó una vez haber sido secuestrado por alienígenas.

La fiebre de aspirantes a instructores, como los que se han desplazado hasta Valladolid, tiene que ver con la demanda. «Cada vez más empresas españolas nos piden pruebas de alto riesgo físico para completar sus programas de motivación», asegura Gómez. Estos iniciados permanecerán cuatro días con sesiones intensivas de cursos verbales completados con una 'yincana' de pruebas. Pagarán no menos de 180 euros por jornada. Pero les costará más de 2.000 lograr un certificado del FIRE texano que les convierta algún día en instructores.

Está de moda llevar el cuerpo al límite sólo con el poder de la mente. Hace unos días, el monje shaolín Feng Fei demostró que se puede lanzar una aguja sobre una plancha de vidrio, atravesarla y pinchar un globo al otro lado del cristal. Lo hizo en 'The Slow Mo Guys', programa sobre ciencia de la tele británica con 10 millones de seguidores. Cualquier día, lo intentarán en España para mejorar el rendimiento laboral.

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