La bola de la vergüenza

El capitán que ha llenado de vergüenza a su equipo, Steve Smith, trata de batear una bola. / Facebook
El capitán que ha llenado de vergüenza a su equipo, Steve Smith, trata de batear una bola. / Facebook

Australia, pentacampeón mundial de criquet,desata el «hazmerreir mundial» al manipular la pelota frente a Sudáfrica

ANTONIO CORBILLÓN

Ningún fanático del fútbol brasileño, cinco veces campeones del mundo, se podría imagina a su mayor estrella (por ejemplo, Neymar) 'crucificado' en su propio país por hacer trampas y manipular el balón de juego. Tampoco los aficionados australianos al criquet logran salir de su asombro e indignación al descubrir que su máximo estandarte, Steve Smith, ha cubierto de vergüenza a su equipo, también pentacampeón mundial de este deporte.

En la Mancomunidad Británica (Commonwealth) insisten en que el rugby es un deporte de villanos jugado por caballeros. Pero su verdadera pasión practicada de y por 'gentlemen' es el criquet. Ni rugby, ni tenis. Y en Australia no hay nada que honre más la trayectoria de un deportista que llevar la gorra verde del equipo de criquet. Y eso que esta especie de béisbol de alta escuela, ya con siete siglos de historia, no lo inventaron ellos, sino los holandeses. Un juego madurado entre las clases nobiliarias que no suelen permitirse romper ninguna regla. Hasta el pasado sábado.

Los 'aussies' se desplazaron a Sudáfrica para jugar cuatro amistosos. Para romper el 1-1 inicial, y ante el cariz de derrota que tomaba el tercer encuentro, los capitanes australes emplearon un receso para 'quitarse' la gorra verde y cambiarla por la de trileros. Tras un descanso con almuerzo incluido, las cámaras del estadio Newlands de Ciudad del Cabo captaron al novato Cameron Bancroft frotando la pelota (del tamaño de una de tenis) con una cinta de color amarillo. «Presa del pánico», como confesaría después, trató de esconder la tira entre sus pantalones.

«Es imposible asumir que nuestro equipo ha hecho trampa», lamenta el primer ministro

Interrogado por los árbitros, aseguró que sólo era «un paño para limpiar la pelota». En realidad, se trataba de un trozo de lija ¿Su objetivo? Aumentar la adherencia de la superficie para «obtener algunos gránulos (de la hierba) y alterar su trayectoria», confesó después. La idea partió de sus dos capitanes, su «equipo de liderazgo». Steve Smith, su mejor bateador de las últimas décadas, y su lugarteniente, David Warner, admitieron urdir el plan.

No sólo no funcionó y fueron barridos en el partido. Toda Australia pidió cabezas por lo que consideran una humillación nacional. Hasta el primer ministro, Malcolm Turnbull, se despertó «conmocionado» ese día. «Es completamente imposible asumir que nuestro equipo esté involucrado en una trampa», remachó. La presión de aficionados, exjugadores y ciudadanos llevó a Smith y Warner a ofrecer una melodramática rueda de prensa en la que reconocieron el engaño. «Fue un gran error en mi nombre. Asumo la responsabilidad, pero no voy a dimitir», dijo compungido el bateador.

Las quejas llegaron por todas partes, incluida la larga lista de empresas que patrocinan al equipo. Todos los informativos, sea cual sea el soporte, tienen desde el pasado domingo al criquet como noticia de cabecera. Expertos y tertulianos no reflexionan sobre otra cosa y todos piden cuentas en nombre de un país ofendido.

Muy caro

Cricket Australia (la Federación) intentó un 'cortafuegos' quitando al dúo Smith-Warner la capitanía y sancionándoles con un partido. Muy poca agua para tanto incendio. El presidente federativo, David Peever, anunció ayer que se ha prohibido a los tres tramposos representar al país durante un año. Y aún les saldrá más caro a Smith y Warner, a los que la Indian Premier League, donde juegan, ha suspendido sus contratos. Ambos superaban los 1,5 millones de euros de ficha anual.

Este deporte llena estadios de 50.000 espectadores y su fanatismo supera a cualquier otra especialidad de equipo. Incluso antiguos jugadores exigen que se eche de por vida a todos los implicados (nadie se cree que sólo lo prepararan entre tres) porque entienden que no pueden defender el título en la Copa del Mundo 2019. «Somos el hazmerreir del criquet mundial», bramó el exportero de la selección Adam Gilchrist.

Malcolm Knox, autoridad en criquet, le puso fecha a la génesis del engaño en el 'Sydney Morning Herald': el 8 de enero, tras barrer a Inglaterra con un 4-0. «Hubo burla a los ingleses y una abyecta falta de hospitalidad. Hicimos alarde de lo peor de nosotros mismos», sostiene. Lamento de la caballerosidad perdida del que era el más noble deporte.

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