Asesinado en Kenia el defensor de los elefantes

El conservacionista fallecido Esmond Bradley Martin. / r. c.
El conservacionista fallecido Esmond Bradley Martin. / r. c.

Esmond Bradley Martin, el mayor protector de paquidermos y rinocerontes, muere asesinado en Nairobi. Denunciaba y vigilaba a las mafias asiáticas del tráfico de marfil

ANTONIO CORBILLÓN

El último éxito de la incansable lucha de Esmond Bradley Martin en la defensa de los animales con marfil se produjo el 31 de enero. Hong Kong se sumó al anunció de China, primer mercado mundial, de prohibir la compraventa del preciado 'oro blanco' que portan elefantes y rinocerontes. Si los chinos tomaron la decisión a finales de 2017, sus vecinos la aplicarán a partir de 2021.

Pero Martin no la verá. Lo encontró su mujer este lunes con una cuchillada en el cuello en su vivienda, en el suburbio de Langata en Nairobi (capital de Kenia). El crimen debió de producirse en la tarde del domingo. La Policía keniata cree que fue víctima de un intento de robo. Pero su casa no estaba revuelta.

La profesión de conservacionista se ha convertido en un trabajo de alto riego y las sospechas van más allá. Solemos imaginarlos en escenarios bucólicos y vigilando con sus prismáticos especies hermosas en peligro de extinción. Pero cada semana de 2017 mataron a cuatro de ellos en el planeta. 197 crímenes a los que ahora se suma el del mayor defensor de los paquidermos y rinocerontes.

Nacido en Nueva York hace 76 años, Martin llevaba más de 40 años entregado a su pasión por África y la defensa de su vida salvaje. Allí le llevaron sus titulaciones en Ciencias (Universidad de Arizona, EEUU) y su doctorado en Filosofía (Liverpool, Inglaterra).

Cuando llegó a Kenia en 1970 había 20.000 rinocerontes en las sabanas del país. Veinte años después la mayoría habían sido eliminados. La cifra global en el continente alcanza tintes de holocausto animal: cuando Martin aterrizó había un millón de elefantes y cientos de miles de rinocerontes. Un día lanzó en la revista 'Nomad Magazine' la pregunta que le quitaba el sueño: «¿Por qué son sacrificados todos esos 'rinos' y dónde están sus cuernos?».

En esas cuatro décadas se infiltró en los canales ilegales de marfil y publicó los diez trabajos más importantes que se conocen. La edad no le hizo disminuir su entusiasmo y no tenía miedo por documentar, jugándose el tipo, las ventas secretas de cuernos de marfil y rinoceronte. Para ello se dejaba ver por China, Vietnam o Laos, los mercados emergentes de los últimos años, donde se hacía pasar por comprador. Para denunciar que Laos es el nuevo 'país recambio' en la venta ilegal, en 2017 se alojó en un casino chino habitado por mafiosos y traficantes.

Misticismo sexual

En estos países hay una absoluta obsesión por el marfil debido a creencias atávicas sin base científica que le conceden milagrosos efectos en la vida sexual. En 2007 afirmó que «si fuera a morir hoy, mi mayor contribución académica sería mostrar que, a excepción de una pequeña área de la India, el cuerno de 'rino' nunca ha sido utilizado por los asiáticos con fines sexuales, para nada. Pero está en toda la literatura occidental y también en publicaciones orientales, lo cual es una gran lástima».

Las prohibiciones sobre la caza se fueron imponiendo y algunos mercados internacionales se han ido cerrando. Ni mucho menos ha sido la solución. «El cierre de mercados nacionales es positivo porque se están usando para blanquear productos ilegales», advierte el director de Especies de World Wildlife Fund (WWF) España, Luis Suárez. Martin era su consultor ante la ONU desde 1978.

Su colaborador Dan Stiles, ha advertido de que, a pesar de esos cierres, «no veo declive. En realidad está provocando una caída de los precios que es pésimo para los elefantes. Estos tipos (los traficantes) pueden comprar más marfil por la misma cantidad de dinero que antes». De hecho, el 'portazo' chino ha reducido los precios a menos de la mitad en apenas dos años. «La pérdida de ejemplares aún es importante -continúa Luis Suárez-. Las cazas ilegales de rinocerontes blancos aún superan las mil anuales, lo que hace que sea insostenible para la especie».

Esmond Bradley Martin luchó contra lo que llamaba la «tormenta perfecta» que acaba con la vida salvaje. La suma de inestabilidad política, mala gestión de la fauna y corrupción masiva. Decía que en los últimos años había sido sustituida por el «hambre y el gusto por lo exótico». Deja una huella similar a la de Dian Fossey, asesinada por defender a los gorilas del Congo. Era «uno de los grandes héroes olvidados de la conservación», lamentó desde Londres Jane Wynyard, de Save The Elephants, con la que trabajó durante 18 años.

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