Un rincón en Alboraia rendido a los bonsáis

El arte de la naturaleza en envase pequeño requiere una técnica milenaria basada en reproducir árboles a tamaño reducido

Un rincón en Alboraia rendido a los bonsáis
TAMARA VILLENAValencia

Para algunos un arte y para otros una simple manipulación de la naturaleza, el cultivo del bonsáis es una técnica milenaria que va adquiriendo mayor relevancia en una sociedad marcada por la falta de tiempo y viviendas de espacio reducido. La que fuese concebida como una actividad de corte espiritual se ha convertido hoy en una moda que se extiende como la pólvora entre los yuppies -y también entre los amantes del postureo decorativo-. La cría de bonsáis es bastante más compleja de lo que su pequeño tamaño pueda hacer pensar: no se trata de un objeto bonito con el que dar un toque místico a alguna anodina estancia, es una planta y, como tal, requiere cuidados.

«Es un árbol y hay que regarlo cuando toca, como el que tiene un geranio en el balcón» Antonio Fernández | Centro bonsái

Tamara Villena

«No es una figura, está vivo», asevera Antonio Fernández, responsable de Centro Bonsái (Alboraya), un espacio especializado en este tipo de árboles que lleva más de 32 años dedicándose en exclusiva a esta industria. «Es un árbol y hay que regarlo cuando toca, como el que tiene un geranio en el balcón. Que se mentalicen de que es una planta más es una cosa bastante complicada a veces de transmitir a los novatos», explica el experto. La tendencia ha crecido tanto que, como Centro Bonsái, han proliferado establecimientos orientados únicamente a estas plantas, auténticas 'escuelas de bonsáis' que imparten cursos y talleres a los aficionados para tratar de difundir este conocimiento milenario.

Un hobby que despierta polémica y también cuenta con detractores, en contra de una práctica que consideran como una especie de mutilación de la naturaleza, que desvirtúa las plantas y las hace sufrir al disminuir su tamaño para adaptarlas a formatos customizables. Para los más expertos, como Antonio, «casi todas las especies arbóreas se pueden hacer bonsái, aunque hay algunas que no son del todo aptas por motivo de la hoja». Es el caso de la jacaranda, cuya hoja es de gran tamaño y casi imposible de reducir. «Aunque sí que hay árboles de hoja más grande, como la higuera, que sí se consiguen reducir bastante a proporción del tamaño del árbol que queramos hacer -aclara Fernández-. Tamaños de bonsái hay también muchísimos, desde 5 cm hasta metro y medio», añade el encargado.

«Tamaños de bonsái hay muchísimos, desde 5 centímetros hasta metro y medio» Antonio Fernández | centro bonsái

Menos complejo de lo que parece

A pesar de la creencia popular, «no son más complicados de cuidar que otras plantas, depende de las aptitudes de la persona. Es cuestión de dedicación y afición», asegura Antonio. Además, la gracia del asunto no está en comprar un bonsái de -presuntamente- veinte o treinta años, sino en hacerlo uno mismo y ser capaz de crear en tamaño reducido una muestra de la naturaleza con todos los matices de una especie en cuestión: «Lo más complejo es hacer un bonsái desde cero, lleva muchos años. Años indefinidos, porque en realidad nunca está acabado y evoluciona día a día», explica el especialista.

La luz y el agua son fundamentales para el cultivo del bonsái.
La luz y el agua son fundamentales para el cultivo del bonsái. / Tamara Villena

«Básicamente, con luz, agua y un espacio adecuado estarían cubiertos todos los cuidados», declara Fernández sobre las claves para el mantenimiento de estas plantas, cuyas ventas se disparan si su origen es asiático: «Las que más se venden son las que exportamos de China o Japón, suelen ser las más comerciales», aclara el responsable. «Luego hay variedades más especializadas que hacemos aquí y son mucho más caras, por lo que también tienen menos ventas», añade Antonio.

«Hay quien lo coge con fuerza y luego lo deja y quienes llevan muchos años viniendo» Antonio Fernández | CENTRO BONSÁI

El perfil de aficionado que acude a Centro Bonsái es bastante variado: «Hay quien lo coge con fuerza y luego lo deja y quienes llevan muchos años viniendo. La edad es muy distinta, no hay una media general», declara el especialista. Pero para todos ellos Antonio tiene el mismo consejo, uno «muy importante»: «Si quieres comprar un bonsái y buscas tener una mínima grantia de comprar un material en condiciones y con mantenimiento, lo mejor es ir a sitios especializados y no a las grandes superficies», afirma el experto.

El mejor bonsái para novatos

Seleccionar cuál es la mejor especie para iniciarte en este arte no es tarea sencilla, pero el experto en bonsáis Antonio Fernández lo tiene claro: «Los ficus son la variedad más apta para novatos, porque es el árbol más 'duro' que hay, se adapta a la poca luz y a la poca agua. Es un árbol para poder descuidarte», recomienda el especialista.

Una tradición milenaria

Una de las partes más destacables del cultivo del bonsái es su vertiente terapéutica, basada en su tradición filosófica de origen religioso. Un origen milenario ubicado en China y en la religión taoísta, que centra su creencia en el poder de la naturaleza y del Tao (o sentido de la vida) como regidor del universo. Los taoístas consideran las miniaturas como una manera de condensar la energía natural y por ello desarrollaron esta particular técnica de cultivo de árboles reducidos, a los que atribuyen un poder especial si sus figuras están contorsionadas.

Interior de Centro Bonsái, en Alboraya.
Interior de Centro Bonsái, en Alboraya. / Tamara Villena

Con el paso de la práctica por Japón, se fueron añadiendo nuevos matices, técnicos y filosóficos, hasta el punto de ser adoptada por los budistas zen para desarrollar la capacidad de concentración y meditación, llegando a convertirse en maestros del bonsái. A día de hoy, la tendencia sigue con fuerza entre la sociedad occidental, y aunque continúa manteniendo un cierto toque enigmático, ha perdido gran parte de su significado religioso. El resultado se deriva de nuestra particular manera de apreciar el tiempo: el bonsái debe parecer un árbol y ser bonito, aunque solo haya madurado durante cinco años. La diferencia con el cultivo asiático original es bastante notable, eran necesarios cincuenta años para que un bonsai fuera perfecto.

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