Los orígenes valencianos del megaéxito musical de los años 90

La canción 'Saturday Night' de Whigfield, que aún se baila en verbenas, se popularizó gracias a una discográfica local y hay varias teorías sobre el baile que apuntan a la Comunitat

Un fotograma de 'Saturday Night' de Whigfield. /
Un fotograma de 'Saturday Night' de Whigfield.
Álvaro G. Devís
ÁLVARO G. DEVÍS

«Dee dee na na na». Este es el comienzo de una canción tan pegadiza que ha sobrevivido, desde mediados de la década de los 90, a 'Civeras', 'Raúles', 'triunfitos', 'no-rompas-más' y al protoreggeaton. A ellos hace años que no se les escucha tanto en verbenas y discomóviles, pero Saturday Night de Whigfield sí.

En cuanto suenan esas palabras, todo el público de la fiesta, ya con más o menos reflejos, deja la copa, se organiza en filas y empieza esa famosa coreografía. Como en el Parchís o en el Uno siempre hay quién dice que se baila diferente, que en vez cuatro paso y salto son cinco y salto, que se empieza por la derecha o por la izquierda, que se hace en sentido de las agujas del reloj... Pero al final, tras cuatro minutos y siete segundos repitiendo una y otra vez una serie de pasos de unos 10 segundos, la gente acaba satisfecha, divertida, con ganas de bailar más.

Aunque en España ha perdurado algo más esta tradición, hubo una época en la que este ritual se extendió por toda Europa. Pero el origen de toda esta pandemía coreográfica, a pesar de que hay varias teorías encontradas, siempre nacen en la Comunitat Valenciana. Los ingleses y alemanes que veranearon durante el boom de este éxito se encargaron de llevar la buena nueva a sus países de origen.

El año pasado, en una entrevista con motivo de un festival de música noventera en la que la italiana iba a actuar, le preguntaron por ese baile: «La primera vez que vi el baile estaba de promoción en Valladolid en un evento de la radio. Estaba tan nerviosa que no recordaba ni el nombre de la ciudad, así que me lo escribí en la mano. Estaba muy nerviosa y cuando salí y vi a toda esa gente bailando, unas 10.000 personas, no me salió más que gritar: '¡Gracias, Valla!», declaraba a EFE. En la misma entrevista recordaba como una canción que no llevó ni dos minutos componer estuvo durante 14 semanas en el número 1 de España, en parte gracias a la capacidad de viralización que tenían entonces las radios musicales y las listas de éxitos.

Preguntada por la coreografía, la italiana se quitó de encima la autoría del baile, contando que dice la leyenda que su origen está en «un monitor de tiempo libre en la piscina de un hotel de Valencia». Pero buceando en los archivos y hablando con responsables de la noche de entonces, hay otras teorías.

Prodisc era una pequeña discográfica valenciana surgida de la fusión de otras dos aún más pequeñas. Sacaban singles extrangeros comprando licencias para su distribución en España. José Conca era entonces residente en Chocolate y uno de los socios de aquella discográfica. Él mismo cuenta que una noche se organizó una macrofiesta uniendo a varias discotecas de la Ruta. Había dos salas: una comercial y otra más techno. A Conca le propusieron cerrar la fiesta de la segunda sala. Aburrido y algo resignado, decidió pasarse por la otra sala para hacer tiempo y ver qué ambiente había en el resto de la fiesta.

«Pinchaba un chico joven, que no recuerdo quién es, y de repente dijo por el micro «poneos en fila, que va el bailecito», puso Saturday Night, y todo el mundo se la sabía», cuenta. «Buscamos la licencia de la canción, que era una rareza, una cara B que había pasado sin pena ni gloria en Italia, su país de origen, y que en España nadie tenía los derechos aún para distribuirla. Y lo vimos claro», añade.

Prodisc consiguió la licencia, lanzó el single y lo movió para que se escuchara en las radios. La pequeña discográfica vendió en pocos meses más de 60.000 copias, y el éxito les dio tantas alegrías como dolores de cabeza. Las playas y la noche valenciana hipnotizaron a los ingleses, y llevaron la canción a Reino Unido, donde también fue número uno. La cara B que en Italia no sé escucho a penas se había convertido en un éxito mundial, Whigfield confiesa que «hay momentos que ni recuerdo porque en el mismo día iba a Japón y luego a Canadá», rememorando los años dorados de su carrera.

José Conca nos remitió a la única persona que le viene a la mente cuando le preguntamos quién puede llegar más lejos aún el origen de la canción: Vicente Bartual, conocido por sus años conduciendo Bikini Club en Ràdio 9, pero anteriormente también socio de Prodisc. Él cuenta otra versión de los hechos, y se remonta a la misma época.

Cuenta Bartual que él descubrió la canción en Flash, que después sería Cocoloco, en Gandía. «Volvía de Benidorm y fue a tomarme algo por allí, de repente sonó la canción y todo el mundo se puso a bailarla», cuenta. «Creo que el origen está en un gimnasio o academia de baile de Gandía, que en una exhibición de final de curso hizo la coreografía, y se empezó a extender. La gente lo bailaba mucho en Flash», cuenta. Bartual participó en Prodisc hasta que lo dejó por el programa de radio.

Las tres versiones, la de Whigfield, la de Conca y la Bartual, tienen sus diferencias, pero también sus puntos en común: todas apuntan al sur de Valencia y a sus noches, aquellas de las que ahora se debate si tenemos que sentirnos orgullosos o no. También apuntan a un origen espontáneo, de la nada, que se coció muy poco a poco. En este sentido, la cantante del hit opinaba en aquella entrevista a EFE que «entonces se creaban los artistas lentamente y ahora entras en listas y sales de ellas una semana después. Saturday night, con internet, habría sido una locura».

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