Alma, corazón y vida

¡Fiesta!Explosión de color a 4.000 metros de altitud, en las orillas del lago Titicaca./  R. C.
¡Fiesta!Explosión de color a 4.000 metros de altitud, en las orillas del lago Titicaca. / R. C.

La música es un potente hilo conductor de identidad nacional en Perú. Comparsas, pasacalles, procesiones... son una constante que conecta pasado y presente

Esta semana me pilló una tarde tonta de domingo viendo tele. Noticiero entrevista en directo a la cuñada de la hermana del vecino al que han asaltado unos maleantes, mientras éste yace todavía noqueado en el suelo. ¡¡AL-EX-TRE-MO!! Muchachos contra muchachas, semidesnudos (pero con casco y rodilleras), peleando por una pelota de pin-pon; la agarra el equipo azul y, cual calambre espino-dorsal, empiezan a bailar; zoom-in escote, zoom-out pectoral ¡¡GUEEERRA DE SEXOOOS!!

- ¡Quita eso Toño, por Dios!

'¡Oh, escúchame Jesús! ¡Oh, eres mi pastor, ven a mí Jesús! ¡Hazme una señal! ¡¡Ven a MIIIII!! ¡¡¡VEN A MIII YAAAAAA!!!

¿Han sentido los cajones negros que retumban en el pecho hasta arrastrar la cadera?

De repente, una nota límpida, en paz, ¿el señor vino a mí? Qué susto, pero no. Es Toño, que cambió por fin de canal y este insufrible clásico dominical (y absolutamente internacional) se ve interrumpido. Es una guitarra lo que oigo. Es un vals peruano de los de pasión y alma: alma para conquistarte, corazón para quererte, y vida para vivirla junto a tiiiiiiii. Es música criolla. Mi querida Chabuca Granda. Me quedo pensando; Perú se merece conocerlo a fondo.

¿Han escuchado alguna vez el sostenido de un violín en las cimas de las nubes? ¿Han visto a las muchachas de la sierra engalanadas de colores con ese gesto de cabeza tímido, girar y girar? ¿Han sentido los cajones negros que retumban en el pecho hasta arrastrar la cadera? ¿Han soñado con voces rotas al son de valses y guitarras tristes? ¿Han bailado los colores de la ayahuasca? Porque la música es un potente hilo conductor de identidad nacional en esta tierra. Y está viva.

La pantalla de mi salón funde la voz profunda de la cantante con el escenario a cielo abierto de uno de los rincones verdes más bellos de la provincia: Chosica. Aguas subterráneas bajan de las cimas y transforman la tierra de los valles profundos entre pedregales y cerros, que altos como rascacielos vienen anunciando los Andes. Parques frondosos, praderas y parterres en medio del desierto; cantos, guitarras y palmas para celebrarlo. La presentadora nos anuncia harta felicidad con motivo de las Fiestas Patrias, el día de la Nación; o, siendo precisos, el día que nos independizamos de tus compadres, que me dicen mis colegas. ¿Y cuándo es en España el día de la Nación?, preguntan. Pues justamente el día de la conquista de América, jojojojo, ¡cómo son las cosas!

La celebración patria continúa con imágenes de Arequipa, región Sur. Hay un pasacalles y el distrito de la Bella Unión presenta una danza frenética; muchachos de camisa azul y blasones bordados, zapateando acompasados con música de banda, percusiones y flautas. Entre acrobacias, alzan las manos al cielo, giro y rodilla hincada al suelo en colofón perfecto. Curiosa influencia africana en una danza arequipeña, comenta la voz en off. Magnífica, pienso yo.

Recuerdo cuando vivíamos en el Cuzco. Era el mes de junio. Salíamos al mercado de abastos, a surtirnos de papas y chirimoyas, cuando nos cruzamos con la primera cofradía en procesión. Llevaban en andas a su santito engalanado, con las señoras de mantilla, y una banda de tambores, charangos y zampoñas entonando un huayno. ¡Sí señores, Cristo redentor a ritmo de huayno! Es el ritmo andino por excelencia, de timbres agudos y compases rápidos y alegres que invitan a regocijarse de la vida a pequeños saltitos. Busquen a Jean Paul Magnet con su 'Serenata Andina' para hacerse una idea, o un tema más tierno, 'Canción y Huayno' de Mercedes Sosa, y si les gusta, ¡barra libre de huaynos en los canales de YouTube!

Pero aquel día en Cuzco lo mejor sin duda era la comparsa de bailarinas tras del santo. ¡Qué colores! ¡Qué sombreros! ¡Y qué minifaldas! Mini-mini-minifaldas. Y venga vueltas y las faldas para arriba, todo lleno de piernas. Una comparsa de alegría, bandurrias, colores y muslos siguiendo al Cristo del Santísimo Silencio. Qué bonito todo; yo quería ser bailarina de huaynos. Luego nos enteramos de que estaban practicando para las festividades del Corpus Cristi. ¡Madre mía, si lo ve mi abuela le da un síncope! Esto sí que es sincretismo y lo demás, pamplinas.

Las comparsas, pasacalles y pequeños homenajes a santos o fiestas locales (sincréticas todas ellas) son una constante que conecta pasado y presente. Cuzco en junio estaba invadido de grupos de chavales practicando sus coreografías para la siguiente festividad. Yo les miraba de hito en hito, porque a mí tuvieron que obligarme para aprender jota, la verdad. Pero esto es parte del orgullo colectivo, tremendamente bello.

Descubrir la percusión

También en Puno, a 4.000 metros de altura en las orillas del lago Titicaca, se juntan en campos de fútbol miles de personas para las onomásticas más insospechadas. Y danzan. Cientos de bailarines salen a la vez al campo, hasta tres o cuatro danzas al unísono, y el césped se convierte en serpentinas de colores. Fucsia, azul, amarillo, verde... Los músicos tocando. Las mujeres con sus polleras, enaguas, corpiños relucientes y sombreros de todo tipo y condición, se entrelazan con hombres que las acompañan, o que disfrazados representan los mitos de su pueblo. Están los demonios, los animales, y hasta caretas de malvados conquistadores con sus bigotes.

En la tele siguen pasando bailes de los distintos distritos. Qué elegantes las arequipeñas con sus blusas bordadas. Pero yo sigo divagando, no puedo parar. Me viene a la mente aquella epifanía al descubrir que había población negra en Perú (qué bruta soy a veces). ¡Y su legado! Descubrir el Landó, o el Festejo. A Susana Baca o Eva Ayllón. El mundo de la percusión peruana. ¿Sabían ustedes que el cajón flamenco es una adaptación del cajón peruano? Los terratenientes retiraron los tambores a los esclavos que llegaban a las costas de Lima para la cosecha del algodón, así que éstos se vengaron e inventaron la mejor de las músicas zapateando, con cajas y mandíbulas de burro. Ojo con subestimar los anhelos.

- «Apaga a tele, vamos a la cama amor», dice Toño.

Vale, mañana seguimos bailando.

Arquitecta. Tiene 33 años y lleva cuatro en Lima. Trabaja en Allende Arquitectos como directora de su oficina en la capital peruana.

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