EE UU adelanta a la URSS en la carrera espacial con el Surveyor VI y la Apolo IV

1967. Lanzamiento en Cabo Kennedy del Saturno V, el cohete espacial más grande y con mayor potencia, capaz de sacar a la nave Apolo y el módulo lunar de la órbita terrestre. / reuters
1967. Lanzamiento en Cabo Kennedy del Saturno V, el cohete espacial más grande y con mayor potencia, capaz de sacar a la nave Apolo y el módulo lunar de la órbita terrestre. / reuters

HACE

50

AÑOS

La NASA consiguió el 10 de noviembre de 1967 dos rotundos éxitos que servían para relanzar la imagen de la carrera espacial de Estados Unidos y elevar la moral de su ciudadanía, que en los últimos meses había visto cómo los cosmonautas de la URSS volvían a llevar la delantera.

El satélite norteamericano Surveyor VI se había posado suavemente sobre la superficie de la Luna y, al mismo tiempo, el lanzamiento de la nave no tripulada Apolo IV había supuesto un rotundo logro, puesto que era una prueba esencial para la futura llegada de astronautas a la Luna, cosa que ocurriría poco menos de dos años después.

El Apolo VI llevaba, además de la habitual cápsula espacial y el módulo de servicio, el módulo lunar, y era impulsado por el Saturno V, el cohete espacial más grande construido hasta entonces, con una potencia capaz de sacar todo el conjunto de la órbita terrestre y dirigirlo hacia nuestro satélite.

La nave no iba tripulada porque no era preciso para realizar aquella importante prueba, y ésta fue tan exitosa que allanó definitivamente el camino del hombre (dos hombres, estadounidenses) en su viaje posterior a la Luna.

El objetivo alcanzado por la NASA, con aquel doblete del Surveyor VI y el Saturno V, fue tan decisivo que un clamor de euforia sacudió los Estados Unidos y la alegría se extendió por medio mundo de tal forma que hasta la URSS felicitó a los norteamericanos.

Si el gigantesco Saturno V (creado Werner Von Braun, alemán nacionalizado en EE UU) despejaba cualquier incógnita sobre la capacidad tecnológica de la NASA para poner astronautas en la Luna, la aventura del Surveyor VI no era despreciable: era el segundo satélite artificial norteamericano que se posaba sobre la Luna, y a diferencia del anterior, que llegó a un lugar de superficie plana, éste lo hizo en una zona escarpada y con numerosos cráteres. Iba equipado con una cámara de televisión y un instrumento para analizar materiales. Su información fue valiosísima para que los científicos de la NASA definieran el lugar más propicio y las condiciones de futuro alunizaje.

Moscú parecía echar la toalla en la carrera por ver quién llegaba antes a la Luna, pero un científico del programa espacial soviético, Georg Prtovsky, ofreció una pista de por dónde podría ir la esperada réplica de los rusos tras reconocer el indudable éxito estadounidense. Refiriéndose a Petrovsky, la crónica de Roy Blackman, publicada en LAS PROVINCIAS el 11 de noviembre, reveló que Moscú preparaba el montaje de una gigantesca estación espacial que orbitaría a la Tierra.

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