Abrigados por las estrellas

Una pareja de recién casados, los últimos clientes que han pasado por esta experiencia de dormir en pleno campo.
Una pareja de recién casados, los últimos clientes que han pasado por esta experiencia de dormir en pleno campo. / R. C.

Una casa rural de la Ribera del Duero ofrece camas al aire libre para dormir al raso y ver amanecer entre viñedos

ANTONIO CORBILLÓN

El abuelo de Silvia y Miriam Herrera solía decir que en una noche típica de Mélida (Ribera del Duero, Valladolid) «puedes ver 1.500 estrellas a simple vista». Para contarlas haría falta la comodidad de una buena cama y una habitación sin techo. Y ellas, que regentan una casa de turismo rural en esta pedanía de Peñafiel, se aferraron a esa idea y decidieron dar una «vuelta de tuerca a su oferta». El resultado es 1.500 Estrellas, un alojamiento al aire libre en una ladera del pueblo. Una oferta para viajeros dispuestos a dejarse arropar por paredes de viñedos y un techo con esos miles de puntos brillantes que imaginó su abuelo. «Hemos visto habitaciones en árboles, en forma de burbuja..., mil variantes. Pero a nadie que ofrezca pasar la noche al aire libre», reflexiona Silvia.

La idea germinó en el estío pasado entre junio y septiembre. Esta temporada, que acaban de inaugurar, es la de la maduración. Sería imposible ofertar algo así en otras estaciones en plena meseta castellana. Silvia y Miriam Herrera, enólogas de profesión, diseñaron junto a las laderas de viñedos de su pueblo este proyecto que ofrece dos habitaciones con todo lujo de detalles para una estancia confortable. Son dos camas dobles: una en la que se funden la madera y la forja sobre una plataforma de pino; la otra, un vanguardista balancín para apreciar la quietud y el remanso. O sentir la suave brisa que a veces mece el valle del río Botijas, donde se asienta Mélida.

El alojamiento incluye un completo baño seco con un diseño en madera con aires escandinavos. También una ducha solar, una caseta con todo tipo de ajuar hogareño, un cenador y tumbonas. Además, las mosquiteras acaban de disipar las dudas a aquellos urbanitas temerosos de la siempre inquieta vida invertebrada del campo. No faltan en el material que se entrega en la bienvenida linternas frontales, fundas nórdicas y todo lo que pueda demandar un cliente deseoso de contar estrellas con todas las garantías. Aunque Silvia insiste en que «nadie nos confunda con un camping aunque ofrezcamos un vivac de lujo».

La oferta incluye un desayuno biológico que llegará desde el pueblo en una cesta campera a la hora que dispongan los usuarios. Pero también hay un cenador desde el que se puede despedir el día con una copa de alguno de los buenos caldos de Ribera de Duero que ayudar a paladear de otra forma la intensidad de la luz en Castilla. Todo alimentado con energías renovables.

Vivir para contar

Sus creadoras insisten una y otra vez que «una cosa es contarlo y otra vivirlo». En el ambiente que se han inventado se respira un aire ibicenco. Mélida se acuesta sobre el tranquilo valle que dibuja el Botijas. Es un paisaje marcado por la majestuosa imagen del castillo de Peñafiel, cuyos 210 metros de longitud y apenas 35 de ancho, le asemejan a un gran barco varado sobre el cerro que protege esta villa medieval.

«Esa silueta del castillo al fondo al anochecer es mágica. Desconectas de todo, empezando por el móvil y todo lo que dejas detrás», explica María López, que junto a su pareja fue de las primeras en abrir la temporada de este año. Sensaciones parecidas sintió Sara González que asegura que «vivimos una experiencia nueva, la de disfrutar de la naturaleza y sentirnos pequeños bajo un manto de estrellas».

Fieles a la máxima rural de no ponerle puertas al campo, aquí no hay horas fijas ni de entrada ni de salida. Son quienes se dejan seducir los que deben decidir el ritmo de sus apetencias. «Personalmente creo que es ideal para ir por la tarde, disfrutar de la puesta de sol y madrugar por la mañana», avanza Silvia Herrera. ¿Madrugar por la mañana? Esa es una de las cosas que debe tener claro quien pase la noche al raso, aunque de lujo y lleno de detalles. «A las 6:30 horas ya hay una luz que te mata. Hay que ser muy marmota para seguir dormido». Esto y el calor, cuando la canícula mesetaria se pone seria, son las incomodidades naturales que nadie podrá incluir en el libro de reclamaciones en 1.500 estrellas. Su gestión sólo está al alcance de los designios de la climatología.

«Si a alguien le entra el miedo o se da cuenta sobre el terreno de que esta experiencia no es para él... le esperamos en nuestra casa rural», confirman las hermanas Herrera. De momento y como alojamiento que se sale de lo común, les llegan bastantes parejas a ciegas, clientes a los que les han regalado la estancia como una sorpresa. No faltan, los que lo han probado todo y no hay balneario u oferta fuera de cualquier circuito que no conozcan. Advertencia final: «Sabemos que no es para cualquiera. A lo mejor te asusta ver pasar una ardilla o el silencio en el sentido amplio», se despide Silvia.

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