Las Provincias

Mi mujer es un robot

El informático Zheng Jiajia con Yingying, su novia robot. :: r. c.
El informático Zheng Jiajia con Yingying, su novia robot. :: r. c.
  • Un ingeniero chino fabrica un androide con forma femenina y se casa con él. No es el único que prefiere una máquina a un ser humano

Zheng Jiajia tiene 31 años y un máster en Inteligencia Artificial. Ha trabajado en la multinacional Huawei y ahora es un emprendedor. Pero no encuentra a una mujer con la que mantener una relación sentimental. De hecho, su amor platónico del instituto le ha dado calabazas de forma continuada. Así que, aprovechando sus conocimientos, hace un par de meses decidió fabricar a su pareja de metal y plástico, Yingying. Pesa 30 kilos, tiene un rostro aniñado, y está bastante tiesa. Pero eso no ha sido impedimento para que contrajeran matrimonio el martes de la semana pasada.

Evidentemente, la unión no tiene ningún valor legal y la ceremonia estuvo llena de guasa. Asistieron sus padres y amigos, y Zheng incluso tapó la cara de Yingying con la tela roja bordada que las novias suelen vestir a modo de velo en las bodas tradicionales. La llevó en sus brazos para deleite de los fotógrafos, pero parece que hubo más carcajadas que besos. Eso sí, Zheng asegura que Yingying continuará desarrollándose: en el futuro podrá hablar, caminar y hacer las labores domésticas. «Espero que envejezcamos juntos», dice. Ella, claro, no fue capaz de dar su consentimiento.

El asunto puede parecer una broma. Incluso una de mal gusto. Pero no tiene por qué serlo. Zheng no es el primero que en la vida real muestra afecto por una máquina. Sea impostado o no. En diciembre, una francesa llamada Lilly también mostró su disposición a casarse con un robot. La pareja también es un androide diseñado y fabricado por ella utilizando una impresora 3D. Lilly se define como 'robosexual'. Dice que fue a los 19 años cuando comenzó a sentirse atraída por los robots. «Las dos relaciones que he tenido con hombres han ratificado mi orientación, porque me da asco el contacto con la piel humana».

Esa atracción, por rara que parezca, podría ser habitual en un futuro no muy lejano. David Levy, autor de 'Amor y sexo con robots', incluso pone fecha para la legalización de estos matrimonios: 2050. «En el plano sexual es mucho más práctico, porque puedes hacer lo que te dé la gana», afirma el autor. No en vano, hay quienes ya critican que la popularización de las muñecas hinchables fomenta la falta de deseo sexual entre los jóvenes japoneses. «El siguiente paso después del sexo es el amor».

No hay que echar mano de películas para encontrar casos prácticos. En China ya existen hombres que conviven con muñecas de plástico. Y no solo para utilizarlas con fines sexuales. Otros sí que se ven atraídos por sus muñecas, pero aseguran desarrollar un afecto que va más allá del sexo. Hay quienes los tachan de locos, de perturbados; igual en realidad son pioneros.