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Muere Martín Álvaro Castaño, un ferroviario clave en el retorno del tranvía a Valencia

Muere Martín Álvaro Castaño, un ferroviario clave en el retorno del tranvía a Valencia
  • Aportó todos sus conocimientos e innovaciones en el mundo para crear un trazado integrado en el entorno urbano

La pérdida de un ser querido, aunque padeciese una enfermedad grave que nos hiciese pensar que lo podíamos perder, nos deja abatidos. Eso es lo que me ha ocurrido al conocer el fallecimiento de Martín Álvaro Castaño.

Nos deja con 78 años, con los grandes amores de su vida: su esposa María Elena, seis hijos y quince nietos. Toda una vida de la que yo compartí únicamente los últimos 30 años. Era un hombre apasionado por su trabajo, lo que le hizo ser uno de los ‘sabios ferroviarios’ de la España de la mitad del siglo XX. Un gran profesional que compartía sus experiencias técnicas con un sentido común fuera de lo normal y con una visión amplia de la proyección social y ciudadana de su trabajo. Formó a muchos y grandes profesionales y eso le honra.

Trabajador incansable, emprendedor y tenaz, fue el alma mater de una gran compañía de construcción ferroviaria, Comsa. Pero a su jubilación emprendió, en un segundo plano, un nuevo proyecto acompañando a su hijo Martín Javier, al crear Vialobra, otra empresa también ferroviaria.

Con Martín compartí muchas vicisitudes cuando ocupé la dirección del recién estrenado Ferrocarrils de la Generalitat Valenciana. Su apoyo me resultó inestimable pues adoraba su profesión y, sin proponérselo, te contagiaba y te enseñaba sobre el ferrocarril, su trazado y todo con una clara perspectiva de futuro. Pero hay algo que nunca olvidaré y que merece un reconocimiento. Si Valencia fue la primera ciudad española en reponer el tranvía, fue debido, desde luego al impulso político del presidente Lerma a quien acompañó brillantemente su conseller Eugenio Burriel. Pero Martín, aportó todos sus conocimientos e innovaciones en el mundo para crear un trazado integrado en el entorno urbano y con una firme construcción, sin generar molestias ni ruidos a los ciudadanos. Ahora lo vemos y parece que esté ahí de toda la vida, desde la estación de Empalme a la Malvarrosa pero es muy reciente, ha venido a eliminar barreras arquitectónicas en nuestra ciudad y se debe a una voluntad política ya mencionada pero, sin duda, Martín Álvaro merece ocupar un papel relevante pues actúo más como ‘civil servant’ que como contratista.

Su sonrisa, sus agudas precisiones, estar encima de las obras, cumplir los plazos exigentes de una renovación de vía y estar siempre disponible ante cualquier eventualidad, lo hacen merecedor de mi aprecio y cariño, así como de mi agradecimiento.

Descanse en paz un sabio del ferrocarril y demos gracias de haberlo tenido entre nosotros, los valencianos.