Las Provincias

Toda la calderilla

El diputado socialista Antonio Hurtado posa a las puertas del Congreso con una moneda de céntimo. :: elvira Megías
El diputado socialista Antonio Hurtado posa a las puertas del Congreso con una moneda de céntimo. :: elvira Megías
  • El monedero de España está bien nutrido a la espera de saber qué pasará con las piezas de uno y dos céntimos. 21.170 millones de monedas andan en circulación

El lunes por la mañana, mientras paseaba con unos compañeros por Almería, Antonio Hurtado (Córdoba, 1961) se paró en seco al ver una moneda de un céntimo en el suelo. Se agachó, la cogió y la guardó en el bolsillo para asombro de sus colegas, a los que tuvo que explicar que el acto no era una mísera muestra de avaricia, sino la consecuencia de haber sido educado en la obligación de no despreciar el dinero. Como ese céntimo que encontró tirado en la calle este diputado socialista por Córdoba en el Congreso, hay hoy pululando por el país otros 5.828,9 millones. Una cantidad nada desdeñable teniendo en cuenta que la mayoría de los ciudadanos no les hacemos ni caso, que hace ya un par de años que Europa estudia qué hacer con las minúsculas y poco prácticas monedas de uno y dos céntimos, y que España ha encargado hace solo unos meses un informe para saber por qué razón, por más que sueltan en el mercado, parece como si se las estuviera tragando la tierra. Antonio Hurtado, que hace unos meses se dirigió al Gobierno para saber exactamente de qué estamos hablando cuando hablamos de dinero, ya tiene sobre la mesa su respuesta.

En opinión de su señoría, en vista de que el debate sobre la conveniencia, o no, de retirar las monedas de menos valor reverdece en la eurozona, y de que algunos países (Finlandia, Suecia, Dinamarca, Hungría, Holanda, Bélgica e Irlanda) ya han dado un paso al frente y han aparcado para siempre las monedas de uno y dos céntimos, es importante saber cuál es el contenido real del monedero de España.

Pues bien, además de esos casi seis mil millones de 'centimitos' a los que hace tiempo que hemos dejado de valorar, andan por ahí sueltos otros 3.707, 8 millones de monedas de dos céntimos que, de tomar una decisión similar a la de buena parte de nuestros vecinos del norte, correrían la misma suerte. El problema -sostiene Hurtado- es que, puestos a retirar efectivo y cuadrar los precios, lo más probable es que estos se redondeen al alza para disgusto de la gente, que no está precisamente para hacerle ascos a nada.

Lo cierto, sin embargo, es que apenas se usan, y además resultan caras. Según fuentes del Ministerio de Economía, fabricar una moneda de un céntimo cuesta aproximadamente 1,65, IVA del 21% incluido, y 1,96 céntimos la de dos. Por si eso no invitara ya a pensárselo, los datos que hace solo unos meses ofreció el Centro Español de la Información del Cobre resultan definitivos: con la retirada de las monedas de uno y dos céntimos de euro se recuperarían más de 7.000 toneladas de cobre, con las que se podrían equipar más de 260.000 viviendas con tuberías, colocar en más de 230.000 hogares instalaciones eléctricas o alumbrar 575.000 equipos de energía solar. Vamos, que, teniendo en cuenta el coste de producción (se estima que la fabricación de ambas piezas supuso un gasto acumulado de 1.400 millones de euros entre 2002 y 2013) y que han perdido nada menos que un 24% de su poder adquisitivo en una década, todo apunta a que, como prevé Hurtado, tienen las horas contadas.

Como el coste de fabricación no es tan significativo a medida que el valor de la moneda crece, no resultan tan mal negocio las de cinco céntimos, de las que hay circulando por el país 3.709,5 millones. Y mucho menos las de 50, que, por alguna razón desconocida, nunca obtuvieron el éxito esperado. Aunque en España se han emitido 1.250,25 millones de piezas de medio euro, el número que en estos últimos años ha ordenado destruir la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre da idea de hasta qué punto la cosa no ha funcionado. Entre 2007 y 2011 se desmonetizó gran parte del stock (441,8 millones) porque el mercado no terminaba de absorber todo el volumen acuñado con la introducción del euro.

Cuentas mal hechas

En la respuesta remitida al diputado Hurtado, el Gobierno reconoce que hicieron mal las cuentas: creyeron que la moneda de 50 céntimos iba a ser la más utilizada porque era la más próxima al valor de la antigua de 100 pesetas (especialmente, por las máquinas de azar y expendedoras de productos). Pero, finalmente, fue el euro el que la sustituyó. El caso es que el Banco de España, la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre y la Dirección General del Tesoro y Política Financiera cortaron por lo sano y decidieron que su destrucción saldría bastante más barata que tenerlas almacenadas indefinidamente a buen recaudo.

Con todos estos datos en la mano, Manuel Hurtado ya tiene lista la siguiente pregunta que elevará al Gabinete de Mariano Rajoy: ¿cuántos billetes tiene España en circulación? La idea es proponer que se estudie emitir papel moneda de esas cantidades. «Es un efecto simbólico, pero lo cierto es que damos mucho más valor al billete que a la moneda, y eso puede resultar interesante», dice el congresista del PSOE, que no esconde que, cuando paga su café en las Cortes, a 86 céntimos la taza, recoge religiosamente el cambio... aunque se trate solo de 4 céntimos.

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