Las Provincias

 Desde habanos  con explosivos a  caracoles-bomba  en el fondo del mar

Desde habanos con explosivos a caracoles-bomba en el fondo del mar

Ficción o realidad, la leyenda de Fidel Castro se acrecentó todavía más por la persecución de sus enemigos. Para los servicios secretos de EE UU, el comandante cubano fue su 'primer objetivo' durante décadas y hay probada documentación de que se prepararon diferentes atentados para asesinarle. Sobra decir que ninguno tuvo éxito. Un comité del Senado de EE UU presidido por el demócrata Frank Church confirmó en varios informes hechos públicos entre 1975 y 1976 la existencia de estos planes para matar a Castro. Entre esos presuntos complós figuran algunos ideados bajo las ocurrencias más inverosímiles, que van desde las cápsulas con veneno que la CIA entregó a Marita Lorenz -una alemana de 19 años que fue amante del dictador en 1959- y que ésta tiró a última hora por el retrete, hasta el habano explosivo que el líder cubano se iba a fumar en una de sus visitas a la ONU. También se le intentó regalar un traje de buceo -una de sus pasiones- contaminado con bacterias para provocarle una grave enfermedad cutánea. Pero uno de los métodos más rocambolescos, también mencionado por el 'comité Church', contemplaba la fabricación de un caracol-bomba. Fue en la década de los 60 y la CIA intentó colocar una concha cargada de un potente explosivo en el lecho marino, justo en uno de los lugares por donde Castro solía bucear. Al final se abortó el plan por la dificultad de llegar al lugar. Pero también se barajaron opciones más 'drásticas', sobre todo en los primeros convulsos años de la revolución. Se cuenta un intento de asesinarle con un disparo de bazuca durante un discurso en la escalinata de la Universidad de La Habana en 1963 o en un estadio durante un partido de béisbol. Toda una vida en el punto de mira para luego morir a los 90 años en la cama.