Las Provincias

Castro y la resistencia ante el imperio

Castro y la resistencia ante el imperio

EL ENEMIGO

Desde Eisenhower hasta Obama, once presidentes de EE UU han tenido que lidiar con la obstinación revolucionaria del carismático general de origen gallego que hizo de su oposición al imperio yanqui la piedra angular de su mandato. «La historia juzgará el enorme impacto de esta singular figura», se limitó a decir ayer la Casa Blanca de Obama, el único Gobierno que le extendió la mano.

Castro no lo apreció. Había llegado a su ocaso tan consumido por la visceralidad hacia su vecino como los exiliados en Florida, que durante seis décadas han influido en la Casa Blanca para no aliviar presión sobre el régimen cubano. El primero en ceder fue Eisenhower, cuando meses después del triunfo de la revolución quiso apretarle las tuercas por haber instruido a las refinerías estadounidenses y británicas para aceptar petróleo de la URSS. La decisión de reducir las cuotas de azúcar que Cuba exportaba a EE UU obligó al régimen castrista a buscar nuevos mercados que encontró, cada vez más, en la Unión Soviética, interesada en expandir la Guerra Fría al patio trasero norteamericano.

En 1960 el embargo de armas con el que se intentó ayudar al dictador Fulgencio Batista se transformó en uno total, del que sólo se excluían alimentos y medicinas. Al año siguiente, cuando La Habana dio a la Embajada estadounidense 48 horas para reducir su personal de 60 a 18 miembros, un frustrado Eisenhower decidió tomarle la palabra y cerrar de golpe la oficina diplomática. Poco podía imaginarse que pasarían 54 años hasta que la placa de la legación volviese a lucir junto al malecón.

Durante ese tiempo se calcula que la CIA intentó asesinar a Fidel Castro en 638 ocasiones, según el documental británico de ese nombre ('638 maneras de asesinar a Castro'). Con esos fallidos intentos sólo se logró contribuir a su mística dentro de la isla, donde se le consideraba inmortal.

Kennedy se encontró ya hechos los planes para invadir Cuba y prefirió dejar colgados a los 1.500 cubanos del exilio que se apuntaron a la sangrienta invasión de Bahía de Cochinos. El rencor de este grupo hacia los gobiernos demócratas sobreviviría a todas los presidentes, al sinvivir de esos trece días de octubre en que Kennedy y Kruschev tuvieron al mundo al borde de una guerra nuclear, con Cuba como eje, y pesaría para siempre en Florida, pieza clave para ganar la Casa Blanca. La Brigada 2506 que llevó a cabo esa invasión estaba presente ayer en el comunicado de Donald Trump, agradecido por el apoyo electoral prestado.