Las Provincias

Ladridos contra el maltrato

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América y Vero. / Óscar Chamorro

  • VIOLENCIA MACHISTA

  • Veinte mujeres víctimas de violencia machista en España tienen perros adiestrados para protegerse de sus agresores

«Entraste en mi vida para que volviera a ser libre». América se señala el brazo, donde varias huellas de perro tatuadas decoran su piel junto a esta frase en honor a Vero. Puede volver a soñar despierta. Ya no tiene que despertarse asustada. No tiene miedo y hace meses que ha recuperado la normalidad en su vida. Ella es una de las veinte mujeres víctimas de violencia machista que tienen en España perros adiestrados por la Fundación Mariscal. Él, un presa canario de dos años, valiente y de aspecto imponente. Más de cincuenta kilos de músculo y nobleza que se acerca dando lametazos y moviendo la cola con andar zalamero. Un amigo más. De pronto, aparece un hombre con sudadera negra gritando y realizando gestos amenazantes con las manos, el perro estira el cuello, posición de alerta y mirada penetrante. «¿Tú quién te crees? ¿eh? Ven aquí anda». Se acerca. Ella le dice que se vaya. No obedece y avanza. Insiste. A poco más de un metro de distancia, América tira del arnés de Vero. Es la señal de ataque. El agresor ha tenido varias oportunidades de alejarse. Se acabó la calma para el animal. Se abalanza sobre el agresor y lo golpea con el hocico metido en un bozal reforzado con metal en la punta. No hay mordiscos ni sangre. Solo golpes que pueden salvar una vida hasta que el maltratador se retire. En ese momento América podrá llamar a la Policía o activar la señal del GPS para alertar de que su expareja, condenado por violencia de género ha incumplido la orden de alejamiento. Un tiempo que otras no tuvieron.

En lo que va de año han muerto en España 40 mujeres asesinadas por su pareja, expareja o por personas de las que se estaban separando. Y casi la mitad de ellas, el 41%, había denunciado a su agresor.

El hombre de antes es Ángel Mariscal, director de Security Dogs y hace de figurante en esta ficción-real recreada en la escuela canina y centro de formación de la empresa, avalado por la Policía Nacional y situado en el suroeste de Madrid. «La victoria del perro es la retirada de la situación conflictiva. No son perros de seguridad ni escolta, son de protección (PEPOS). Son sociables y las mujeres tienen control sobre ellos. Están equilibrados y han vivido en familias con niños. Tienen sentimiento de justicia», cuenta Mariscal, que explica que ni todos los perros valen para el trabajo, ni todas las víctimas pueden tenerlos. Tienen decenas de solicitudes en lista de espera de mujeres de toda España, pero priorizan con los casos más graves. «Hay varios filtros. Son evaluadas por psicólogos especializados en violencia de género, se valora cada caso y su peligrosidad. No puede ser un arma mal utilizada. La formación consta de 20 horas de adiestramiento y 150 horas de aprendizaje de la mujer, que incluye contacto y conocimiento del trato a los animales». El proceso cuesta 8.000 euros por cada perro, que costea íntegramente la Fundación y que dona el animal a la víctima. No reciben ayudas públicas y subvencionan el programa con los beneficios de la empresa de seguridad.

«Vero es mi libertad. He pasado de no querer salir de casa por miedo a encontrarme con mi agresor, a ir tranquilamente acompañada por él sin miedo a nada», explica América, que llegó a esta situación después de que su expareja se saltara en varias ocasiones la orden de alejamiento, hasta después de salir de prisión. «Veía que todo iba a pasar una y otra vez. No me sentía segura. Iba a venir a por mi y me volvería a agredir», cuenta junto a Vero y lejos de Ángel, que no interactúa amigablemente con los perros en ninguna ocasión. «Si me identificaran con alguien amable e inofensivo no podría realizar estos ejercicios de entrenamiento», explica posteriormente.

Proposición de ley

América y el resto de mujeres protegidas por uno de estos PEPOS no está a salvo en cualquier lugar, ya que los animales no pueden entrar con ellas en muchos establecimientos, cines o puestos de trabajo. Tampoco en los juzgados, donde a veces se cruzan con sus miedos. Desde la Fundación Mariscal reclaman una regulación que permita a las mujeres víctimas de violencia machista desplazarse con sus perros como si se tratara de uno de asistencia o como los que tiene la ONCE. Precisamente esta misma semana Ciudadanos presentó en el Parlament una proposición de ley para que las víctimas de violencia de género tengan perros de acompañamiento y reclamó «consenso» al resto de grupos para su aprobación. La líder del partido en Cataluña, Inés Arrimadas, defendió que es una «herramienta más» para paliar el «miedo» al que se enfrentan estas mujeres. Los detractores de esta medida creen que esto sería peligroso porque se le estaría proporcionando un arma a una mujer, algo que Mariscal defiende firmemente. «Existe el control de la protección. Llegas, gritas o haces aspavientos y no es sinónimo de que el perro se ponga agresivo. Solo si la mujer da la señal de alarma, sujetando el arnés, entonces el animal actúa», explica. Un 'on-off' efectivo en cuanto el agresor se acerca.