Las Provincias

«La violencia ha marcado sus vidas, pero aún sonríen»

Sonia trabaja desde hace siete años con colombianos huidos a Ecuador.
Sonia trabaja desde hace siete años con colombianos huidos a Ecuador. / R.C.
  • Sonia Aguilar ha enjugado estos años muchas lágrimas, ha mirado cara a cara al peligro, pero le sigue maravillando la capacidad del ser humano de encontrar la alegría en las condiciones más duras

Hace más de siete años Sonia Aguilar dejó su trabajo en una multinacional para irse a trabajar al lado de los refugiados. «Necesitaba hacer algo que le diera sentido a mi labor de comunicación», confiesa esta periodista madrileña con un acento que hace tiempo que olvidó la dicción ibérica. Lo encontró en la frontera norte de Ecuador, junto a quienes huyen de décadas de guerrilla en el interior de Colombia. «Contar lo que les pasa es el primer paso para solucionar sus problemas». En estos años, Sonia ha enjugado muchas lágrimas, ha mirado cara a cara al peligro, pero le sigue maravillando la capacidad del ser humano de encontrar la alegría en las condiciones más duras. «Esa es la sal de este trabajo», asegura.

Colombia tiene 7 millones de desplazados internos, 300.000 han cruzado fronteras y 60.000 están en Ecuador. Tratan de escapar de un conflicto que comienza a vislumbrar su fin, pero que ha teñido de sangre durante décadas un país entero. «La mayoría han vivido experiencias muy difíciles, han perdido a sus familiares, amigos... La violencia ha condicionado sus vidas. Sin embargo, no han perdido la capacidad de recuperarse, de sonreír, de contar un chiste en medio de una situación desesperante», afirma Sonia.

En América Latina no hay campamentos de refugiados, los colombianos huidos viven integrados con la comunidad. «A veces quienes les acogen también son muy pobres, pero siempre hay un trozo de suelo o un plato de arroz para compartir». Esa convivencia con los locales les brinda una mayor libertad de movimientos y la posibilidad de emprender una actividad que les proporcione cierta independencia económica.

Las diferencias a un lado y otro de la frontera entre Ecuador y Colombia son mínimas; los mismos ríos, las mismas montañas, las mismas personas que luchan por salir adelante, solo que para algunas la batalla es mucho mas dura. «Han perdido sus redes de apoyo, pero siguen conservando sus capacidades», advierte Sonia. Su labor y la de los trabajadores de ACNUR es conseguir que puedan desarrollarlas. «Y lo consiguen, la gente sigue soñando que sus hijos tengan una vida mejor».

Si algo ha aprendido Sonia en este tiempo es que «siempre hay esperanza, y eso es lo que nos empuja a seguir trabajando porque, por dura que parezca la situación, no todo está perdido».

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