Las Provincias

El orgullo de Putin

Sergey Karjakin, concentrado ante el tablero.
Sergey Karjakin, concentrado ante el tablero. maxim shipenkov/efe
  • Sergey Karjakin desafía desde hoy al noruego Carlsen por la corona mundial de ajedrez. Rusia sueña con recuperar sus viejos días de gloria con este Gran Maestro, el más joven de la historia, que a sus 26 años ya suma dos matrimonios

Si fuera una película, la historia del ajedrecista Sergey Karjakin (Crimea, 26 años) podría arrancar con la imagen de un niño dando volteretas tras ganar un torneo local con tan solo cinco años. A esa edad se interesó por este juego, su tablero, las 16 piezas blancas, las negras.... Y todo porque un día vio en la tele un anuncio en el que hablaban de que un peón puede convertirse en una reina y se hizo preguntas, así que su padre tuvo que explicarle a su hijo las reglas del ajedrez.

Han pasado 21 años desde aquel anuncio, desde aquellos volantines, y hoy Karjakin cruzará el bajo Manhattan con miles de jugadas agitándose en su cerebro mientras se dirige al antiguo edificio del Fulton Market, el que fuera el segundo mayor mercado de pescado del mundo, tras el de Tokio, al que acudieron los neoyorquinos durante doscientos años a comprar genero fresco. En 2005 se trasladó al Bronx y hoy es un centro de ocio donde, desde esta tarde a las siete (hora española) hasta el 30 de noviembre, el jugador ruso tratará de arrebatarle al fabuloso Magnus Carlsen, coetáneo, el título de campeón del mundo.

Karjakin, nacido en 1990 en Sinferopol, en la península de Crimea, dejó Ucrania, harto de no encontrar entrenadores y patrocinadores a su altura, y se envolvió en la bandera de Rusia. Allí encontró una legión de Grandes Maestros dispuestos a adoctrinarle y una compañía, Alpari, dedicada al comercio de divisas y materias primas, que le calentó el bolsillo y sació su apetito por los coches deportivos.

Desde el año pasado, el respaldo económico se lo proporciona Andrei Filatov, un millonario ruso, coleccionista de arte, que preside la federación de su país. Y por encima de todos, convirtiéndole en su protegido, Vladimir Putin, que sueña con recuperar los días de gloria del siglo pasado en tiempos de la Unión Soviética gracias a los cerebros privilegiados de Alekhine, Spassky, Karpov y Kasparov, entre muchos otros.

Garry Kasparov, quién sabe si el más grande de todos, desprecia a Putin y a su joven súbdito, y cuando le preguntan por las posibilidades de su compatriota, responde con sorna. «¿Quién es Karjakin?». No le da ninguna opción y está convencido de que el noruego, el indiscutible número uno, devorará a su tierno aspirante.

No es solo un desplante o una pose: Karjakin solo es el número 9 del mundo y tan lejos como en julio sufrió una derrota ante Carlsen en Bilbao. Aunque el jugador ruso parece en crecimiento desde hace unos pocos años y se ha ganado una silla frente a Carlsen tras derrotar a Fabiano Caruana en la final de los aspirantes. Acaba así con una fase de estancamiento después de unos inicios deslumbrantes. Karjakin se convirtió con 12 años y 211 días en el Gran Maestro más joven de la historia (Carlsen necesitó siete meses más), rebajando cuantiosamente los 14 años y 17 días que había dejado como récord Ruslan Ponomariov, con quien, curiosamente, colaboró como entrenador siendo un niño.

Natación, tenis y bolos

Después de ganar el título mundial, Ponomariov le premió con su ordenador, una herramienta imprescindible en esta nueva era del ajedrez. Ahora Karjakin dispone de un portatil personalizado, con los programas más potentes, que cuesta más de un millón de rublos (unos 14.000 euros). Aunque no todo es ajedrez. Para aguantar duelos de seis horas es necesario estar fuerte físicamente. Él lo consigue gracias a la natación y el tenis. Aunque el esfuerzo en la piscina tiene un problema, que entre brazada y brazada, sigue moviendo mentalmente alfiles y caballos.

Este católico ortodoxo es licenciado en Sociología por la Universidad Estatal de Moscú. Un día le llamó una asistente del director para pedirle unos datos y seis meses después se encontraron en el campus. Se hicieron amigos y en 2014 se casaron y brindaron delante de una tarta de cinco pisos divididos en escaques negros y blancos. Es su segunda mujer después de haberse divorciado de Kateryna Dolyikova, una Maestra Internacional con la que solo aguantó año y medio.

Karjakin pasa mucho tiempo con su hijo, Alexey, pero por suerte vive en un edificio de tres plantas cerca del parque Gorki, en Moscú, y puede concentrarse delante del tablero sin distracciones. Aunque también hay espacio para el ocio: películas de cine, novelas de intriga, bolos... Una vez estuvo jugando en una bolera con Carlsen hasta las tantas. Tienen una buena relación y parlotean por Skype. Hasta que se convirtió en el aspirante, en el hombre que quiere devolver la corona a Rusia, donde no hay un campeón desde 2006. Ese día se acabaron los juegos.

Se enfrentan en Nueva York al mejor de doce partidas. Si acaban 6-6 habrá un desempate el 30 de noviembre (el día del cumpleaños de Carlsen): cuatro partidas rápidas de 25 minutos.

El vencedor se embolsará un premio de un millón de dólares. El precio de las entradas oscila entre los 75 y los 3.000 dólares (de 69 a 2.750 euros).

Desde la organización aseguran que habrá una zona VIP muy VIP y que se verán las partidas como nunca, con cámaras de realidad virtual.