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Andalucía abre  el grifo

Andalucía abre el grifo

  • La primera comunidad española que exige a bares y restaurantes servir agua corriente sin cobrarla sigue un ejemplo asentado en países vecinos. ¿Por qué pagar por lo que es gratuito?

En los alegres y despreocupados años anteriores a la crisis, cuando los datáfonos de los restaurante engullían vorazmente las visas oro de empresas y administraciones, se puso de moda pedir al sumiller de los establecimientos de postín la carta de aguas. Abstemios sibaritas y presuntuosos paladeaban con delectación fluidos recogidos en ignotos glaciares noruegos, extraídos de profundos acuíferos neozelandeses o que manaban de los más cristalinos manantiales de las Rocosas. Había quien presumía de haber catado aguas tan caras como los mejores cuvées; como la Bling H2O, la preferida de 'celebrities' como Mariah Carey o Paris Hilton, bombeada de un manantial en las Smokey Mountains de EE UU a más de 800 metros de profundidad y que no llega a la mesa sin pasar antes por nueve pasos de purificación -más que muchos maestros budistas- y envolverse en vidrio decorado a mano con incrustaciones de cristales Swarovski; o como la Fiji, favorita de Madonna por su alto contenido en silicio y su exótica procedencia.

El estallido de la burbuja inmobiliaria acabó con muchos postureos y derroches a cuenta ajena, pero no erradicó un peaje común a la inmensa mayoría de los restaurantes españoles: servir el agua embotellada y cobrar generosamente por ella, sin ofrecer ninguna alternativa. A muchos españoles de viaje por Francia les extraña ver cómo, mientras a ellos se les sirve la preceptiva botella de pago, sus vecinos de mesa beben agua de jarra, tan rica como la suya, sospechan, y gratis total. La vergüenza, ese rasgo nacional que nos caracteriza cuando cruzamos nuestras fronteras, suele impedir que sigamos su ejemplo, lo que nos obliga a rascarnos el bolsillo más de la cuenta. Sin embargo, y aunque en algunos establecimientos para turistas el mozo suele ser algo duro de oído ante estos requerimientos, es su obligación suministrar agua de grifo -'carafe d'eau'- cuando se lo solicitemos, ya sea en los figones más humildes o en los más elegantes chateaux. Otro tanto sucede en Reino Unido, donde basta con pedir 'A jug of tap water' -una jarra de agua corriente- al camarero para que nos sirva agua de grifo perfectamente potable. En Estados Unidos ni tan siquiera es necesario matizar: lo primero que suelen hacer cuando uno se sienta a la mesa de un restaurante es ponerle delante un vaso o una jarra de agua con hielo, que no le cobrarán. La costumbre se extiende por el mundo. En Ciudad de México, por ejemplo, un reciente decreto obligó a los restaurantes a suministrar gratuitamente el agua corriente, cuyo sabor, por otra parte, deja mucho que desear. En Alemania es otro cantar: el agua mineral es tan cara o más que la cerveza, y si la pides de grifo -'Leitungswasser'- te puedes llevar una desagradable sorpresa; y no solo con su sabor en ciudades como Berlín. «Ojo, por un vaso de agua de grifo te cobran tres euros», alerta en un buscador de internet Jose M. de un restaurante de Múnich en el que cenó.

«Cuestión de hospitalidad»

La Junta de Andalucía acaba de dar un pasito en la buena dirección. Una ley autonómica para la promoción de una vida saludable y una alimentación equilibrada obligará a bares y restaurantes de la comunidad a tener a disposición de sus clientes «un recipiente con agua fresca y vasos», por los que no podrá cobrar. También deberán ofrecer acceso gratuito al agua potable los colegios, lugares públicos y complejos de ocio infantil, por lo que se promoverá la instalación de fuentes y expendedoras gratuitas de agua en esos lugares.

«Nosotros servimos agua de grifo purificada y nunca la cobramos», asegura Paco Morales, el laureado chef y propietario del restaurante Noor de Córdoba. «Nos parecía feo para el cliente cobrarle por un menú degustación y no incluir en el precio el servicio del pan o el agua. Si el cliente pide agua embotellada se la cobramos, pero entre los 3.000 que han comido aquí desde que abrimos en abril habrán sido a lo sumo dos o tres. La nueva normativa autonómica me parece bien».

Tampoco cobra por el agua corriente Antonio Ramírez, del famoso Tabanco El Pasaje, el más antiguo de Jerez de la Frontera. «Aquí entra una persona mayor y pide un vaso de agua ¿y le vas a decir que no? O si quiere usar el servicio, ¿le vas a contestar que tiene que consumir? Lo mismo que dejamos abierto el wi-fi, es cuestión de hospitalidad». También a él le chocó ver en los restaurantes franceses servir jarras de agua de grifo a los comensales. Le parece «una buena idea», lo que no le impide pensar que la nueva legislación de la Junta de Andalucía es «una tontería». «Los políticos están para otras cosas, tenemos problemas bastante más importantes, como el paro», zanja.

Andalucía es la primera autonomía que impone por ley esta medida, aunque algunas ciudades españolas han establecido similares exigencias a sus locales de hostelería a través de bandos municipales. La Comunidad de Castilla y León prohíbe desde hace unos meses a los negocios de hostelería cobrar «por el consumo de agua no envasada», aunque no les exige suministrarla si se la piden.

A las evidentes ventajas para el consumidor de esta práctica se suman otras de índole ecológica. Un litro de agua envasada cuesta hasta 250 veces más que uno de agua del grifo y requiere consumir cien veces más electricidad. A veces abrir el grifo es ahorrar.