Las Provincias

«En una guerra, las mujeres siempre somos víctimas»

XATE SHINGALI alias KHATOON KHIDER. Chicas del sol (Kurdistán iraquí)
XATE SHINGALI alias KHATOON KHIDER. Chicas del sol (Kurdistán iraquí)
  • La cantante kurda Xate Shingali fundó las Chicas del Sol tras la matanza del ISIS contra los yazidíes en Sinjar

Es probable que la sanguinaria fama de Um Hamadi haya llegado a oídos de Khatoon Khider, nombre de guerra de la cantante folclórica Xate Shingali. A sus 36 años, también comanda un batallón con el Estado Islámico en el punto de mira. La diferencia es que el suyo, con base en Duhok, a 75 kilómetros al norte de Mosul, está formado exclusivamente por mujeres y que, en vez de hiyab, como Wahida, lleva su pelo rubio cubierto por una gorra militar y viste el mismo uniforme que los hombres de la peshmerga kurda.

Ella pertenece a la minoría yazidí, una secta monoteísta de 4.000 años de antigüedad de la que apenas quedan 200.000 miembros en Irak -un tercio de los que hubo hace siglos- y pequeñas comunidades en Armenia, Georgia, Rusia, Siria y Turquía. El ISIS considera «adoradores del diablo» a los integrantes de esta etnia -en la que predominan el pelo, la tez y los ojos claros- y lleva años tratando de borrarlos de la faz de la Tierra. En agosto de 2014 tuvo lugar en la provincia de Sinjar una de las peores masacres que recuerda esta minoría perseguida: los yihadistas asesinaron a tiros a cientos de personas, torturaron o mutilaron a otros tantos y tomaron como esclavas sexuales a 5.000 mujeres y niñas.

Mientras los terroristas cometían atrocidades sin freno contra sus familiares, más de 50.000 yazidíes huyeron a las montañas. Entre ellos estaba Khider. Estuvieron semanas aislados, sin agua ni comida. Muchos murieron antes de que las fuerzas de la coalición internacional rompieran el cerco. «Vi a gente dejar a sus mayores en las cunetas porque no podían cuidarlos. Vi a madres arrojar a sus bebés montaña abajo, para no tener que contemplar cómo morían lentamente», recuerda.

Contra el diablo

No podía quedarse de brazos cruzados y, tras la liberación, obtuvo permiso del presidente kurdo, Masud Barzani, para fundar la brigada de las Chicas del Sol, cuyo nombre alude al astro protector de los yazidíes. Más de un centenar aprendieron a usar los pesados AK-47. Ahora forman un cuerpo de elite que ya ha hecho varias incursiones en el frente de guerra.

Algunas escaparon de aquel infierno de violaciones y torturas en Sinjar. «Luchamos contra el diablo», afirma Khider. Pero ese diablo cruel y sanguinario teme a estas guerreras: los islamistas creen que morir a manos de una mujer les impedirá alcanzar la eternidad.

La comandante declaraba hace unas semanas a Fox News su deseo de formar parte de la ofensiva contra Mosul. «Aún hay muchas mujeres esclavas allí», argumentaba. «Estoy muy orgullosa de proteger a mi pueblo. Después de todo lo que nos ha pasado, los yazidíes ya no tenemos miedo». Con una excepción: le aterra encontrarse con los niños de su etnia a los que el ISIS convirtió en terroristas, «algo nunca visto entre nosotros». «Cuando estalla una guerra, las mujeres siempre somos víctimas», reflexiona. Pero a veces las víctimas se tornan verdugos.

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