Las Provincias

«Los decapité, cocí sus cabezas y quemé sus cuerpos»

Wahida posa con miembros de su brigada, con el machete que, según dice, utiliza para decapitar a sus enemigos, en su perfil de Facebook.
Wahida posa con miembros de su brigada, con el machete que, según dice, utiliza para decapitar a sus enemigos, en su perfil de Facebook.
  • Wahida Mohamed Al-Jumaili, alias Um Hamadi

Wahida Mohamed al-Jumaili vive en Shirqat (Irak), se cubre el pelo con un hiyab negro y sus ropas oscuras, informes, ocultan un cuerpo pequeño y robusto. A sus 39 años ya es abuela, pero una abuela atípica. Solo ve a sus dos hijas y a sus nietos unas horas al mes. El resto del tiempo comanda una compañía de 125 hombres que combate a muerte al autodenominado Estado Islámico (EI); ahora mismo debe de estar, junto a las 30.000 tropas del Ejército regular iraquí, las milicias locales y los peshmerga kurdos, en el frente de Mosul, 80 kilómetros al norte de su casa, cercando con apoyo de la alianza internacional el último gran bastión del ISIS en el país.

Mujer en un entorno masculino y profundamente machista, se ha ganado la fama de comandante implacable. La teme el enemigo, pero solo pronunciar su nombre -se hace llamar Um Hamadi- también hiela la sangre de sus vecinos.

Quizá antes de juzgarla habría que conocer su historia: era un ama de casa «normal y corriente» hasta que en 2004 empezó a colaborar con las fuerzas de seguridad de su país y la coalición internacional contra Al Qaeda, primero, y el EI, después. Su fama creció y Abu Bakr al-Baghdadi, el ‘califa’ del Daesh, se propuso eliminarla. Ha sobrevivido a media docena de coches-bomba. Tiene metralla en la cabeza y las piernas y se ha roto varios huesos, pero ahí sigue. Su primer marido falleció en combate en 2007; se casó de nuevo y los yihadistas mataron a su segundo compañero, hace unos meses. También a su padre y a cuatro de sus hermanos. A otro le cortaron las manos. Volaron su corral y perdió a sus animales. «Una oveja, mis perros y mis pájaros», enumera, como si aún fuera necesario para convencer a su interlocutor de la calaña de los islamistas.

La estrategia del terror

«Luché contra ellos. Los decapité. Cocí sus cabezas y quemé sus cuerpos», relata impasible Wahida al periodista de la CNN que ha ido a entrevistarla, atraído por su leyenda. «Puedes comprobarlo en mi página de Facebook», invita, sin una pizca de arrepentimiento. Y ahí están las fotos. Ella posando al frente de sus hombres. Ella con el machete de decapitar. Cabezas en una cazuela al fuego. Restos humanos semiabrasados y pisoteados. ¿Trucadas? Nunca lo sabremos, asume el reportero de la cadena norteamericana.

Profanar los cadáveres de los enemigos es una estrategia de terror: un yihadista puede tener la seguridad de que, si cae en manos de la milicia de Um Hamadi, puede ir despidiéndose de la vida eterna en el paraíso junto a las 72 vírgenes que le correspondían ‘por convenio’.

La sonrisa de Wahida en esas fotografías es inquietante. ¿Siente placer? «Lo que siento me lo reservo», declaraba la semana pasada la combatiente, que asegura haberse cargado a 18 terroristas solo en el último mes. Como dice un personaje de la película ‘Los siete magníficos’: «Busco justicia, pero acepto venganza».

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