Las Provincias

En este dormitorio del Papa nacieron 40 bebés

En este dormitorio del Papa nacieron 40 bebés
  • Francisco abre al público la histórica residencia de verano de Castel Gandolfo, que acogió a miles de refugiados durante la II Guerra Mundial

  • Muchos de los niños que vinieron allí al mundo se llaman Eugenio en honor al Pontífice que les salvó de los bombardeos aliados

La cama que utilizaron los últimos Papas en Castel Gandolfo decepciona un poco al verla de cerca por primera vez. Nada de doseles ni de tamaños gigantescos: un colchón de cuerpo y medio, una colcha de lo más común de color rosa antiguo y una cabecera de metal dorado. A cada uno de los lados pueden verse un par de comunes interruptores con los que encender y apagar la luz de las dos lámparas con forma de candelabro que hay instaladas en la pared, flanqueando una imagen de la Virgen. El mobiliario de la habitación lo completa un escritorio, un armario de madera, una mesita ridículamente pequeña acompañada de dos sillas y algún cuadro de temática religiosa. Este dormitorio sencillo y sobrio con cuatro ventanas a dos orientaciones diferentes es el sanctasanctórum del apartamento pontificio del Palacio Apostólico de Castel Gandolfo, la localidad al sureste de la capital italiana donde han pasado sus vacaciones estivales buena parte de los sucesivos obispos de Roma desde el siglo XVII. Entre ellos no está el Papa Francisco, quien al no querer abandonar el Vaticano durante el verano ha optado por abrir al público esta maravilla que puede visitarse desde hoy.

A Jorge Mario Bergoglio parecen no gustarle demasiado los palacios. Ya en sus primeras semanas como obispo de Roma hace tres años y medio sorprendió al negarse a abandonar la Domus Santa Marta, la residencia para curas dentro de los Muros Vaticanos donde los cardenales vivieron juntos durante los días del Cónclave. Es un sitio sencillo y digno, pero sin lujos ni privilegios especiales. Al nuevo Papa no le convencía el apartamento pontificio del Palacio Apostólico. «Es como un embudo al revés. Grande y espacioso, pero con una entrada de verdad muy angosta. No es posible entrar sino con cuentagotas, y yo, la verdad, sin gente no puedo vivir. Necesito vivir mi vida junto a los demás», dijo en su primera entrevista, concedida en agosto de 2013 al también jesuita Antonio Spadaro, director de 'La Civilità Cattolica'.

Fue aquella una de sus primeras sorpresas, que luego tendría continuidad cuando decidió romper con otra tradición al no acudir a la residencia pontificia de Castel Gandolfo para escapar del calor del verano romano. Sólo visitó el Palacio Apostólico de esta localidad situada en una colina sobre el lago Albano para reunirse el 23 de marzo de 2013 con Benedicto XVI, quien se retiró allí después de sorprender al mundo con su renuncia al pontificado. Francisco no quiso dormir nunca en Castel Gandolfo y se limitó a volver durante unas pocas horas en la fiesta de la Asunción en el mes de agosto sucesivo. No ha regresado desde entonces.

Fiel a su idea de abrir las puertas y las ventanas de la comunidad cristiana, Bergoglio renuncia ahora a esta residencia y se la brinda al público. Podrá visitarse «mientras un Papa quiera que así sea», explica Sandro Barbagallo, experto de las colecciones históricas de los Museos Vaticanos, dejando claro que podría volver a ser utilizada de forma privada por un futuro obispo de Roma. Aunque sorprende que el Pontífice argentino no quiera disfrutar de Castel Gandolfo, pues todos sus antecesores durante el siglo XX sí que lo hicieron excepto Juan Pablo I, a quien le dio tiempo para poco, no es el primer líder católico que actúa así. «No es ningún escándalo, de los 33 Papas que se han sucedido desde la compra del palacio sólo 15 han residido aquí durante algún tiempo», cuenta Barbagallo. La decisión de Francisco, en cualquier caso, parece indicar una voluntad de permanecer aún durante varios años más al frente de la nave de San Pedro, pues en caso de que pensara en renunciar en breve, no habría tomado esta decisión.

Desde marzo de 2014 ya podían visitarse los majestuosos jardines de Castel Gandolfo, pero desde hoy se permite también el paso al Salón de los Suizos, a la Sala del Trono o a la del Consistorio, además de a los espacios más íntimos del apartamento pontificio como el dormitorio, la capilla privada, la biblioteca y el estudio. Los muros de estas habitaciones han sido testigos de momentos clave durante los últimos cinco siglos de historia de la Iglesia. En la capilla, dedicada por san Juan Pablo II a la Virgen de Czestochowa, fue donde Benedicto XVI y Francisco se arrodillaron y rezaron juntos el 23 de marzo de 2013.

A continuación pasaron a la biblioteca, donde, sentados el uno frente al otro, hablaron de la gran patata caliente que le dejaba el Papa alemán a su sucesor: el 'caso Vatileaks', el escándalo de traiciones y pugnas de poder que sacudió el pontificado de Ratzinger. Entre ambos había una gran caja de cartón blanca y, sobre ella, un par de sobres. En aquella estaba toda la documentación del 'caso Vatileaks', mientras que en estos el obispo de Roma saliente le dejaba al antiguo arzobispo de Buenos Aires un resumen de los hechos. Hoy los visitantes pueden pasear en torno a aquellas sillas y contemplar el escritorio donde Benedicto XVI, el último inquilino del palacio, escribía sus documentos, siempre a lápiz y con su menuda y elegante caligrafía.

El dormitorio de los niños

La habitación que genera más interés es sin duda el dormitorio. Allí fallecieron Pío XII y Pablo VI y pernoctaron durante sus veraneos san Juan Pablo II y Benedicto XVI. La época más convulsa la vivió esta estancia en la Segunda Guerra Mundial, cuando el Papa Eugenio Pacelli (Pío XII) puso a disposición de los desplazados el Palacio Apostólico de Castel Gandolfo y la habitación se utilizó como sala de partos. Se estima que nacieron allí unos 40 niños, a los que se conocía, con cierta sorna, como 'los hijos del Papa'. «Muchos de ellos fueron bautizados con el nombre de Eugenio en honor al Papa y algunos están todavía vivos», cuenta Antonio Paolucci, director de los Museos Vaticanos, la institución que organiza las entradas y desde cuya página web pueden comprarse los billetes, que van desde los 15 a los 26 euros. Las visitas ofrecen la posibilidad de conocer la granja donde se cultiva verdura biológica y se crían vacas lecheras cuya producción consume la Curia romana.

«El que cruce la puerta del Palacio Apostólico de Castel Gandolfo se encontrará con la pura belleza», asegura Paolucci, quien recuerda que varios miles de personas fueron acogidas en el complejo pontificio desde que comenzaron los bombardeos aliados en la zona hasta que Roma fue liberada el 4 de junio de 1944. «Aquí la gran historia se mezcla con la pequeña historia de cada uno. Atravesando las habitaciones del apartamento apostólico se escucha el murmullo de la historia».

Siempre elocuente, el director de los Museos Vaticanos considera que la experiencia más hermosa para el visitante es mirar desde las ventanas y la magnífica terraza las maravillas del paisaje de ambiente bucólico. «En Castel Gandolfo hay un reflejo entre las obras de arte que hay dentro con la naturaleza de fuera. Puede verse el ojo azul del lago Albano alrededor de bosques intactos, en los que uno espera encontrarse a la loba amamantando a Rómulo y a Remo».

Tener como vecino al Papa viste mucho y te pone en el mapa. Los habitantes de Castel Gandolfo han estado siglos beneficiándose de que los sucesivos obispos de Roma utilizaran el Palacio Apostólico de la localidad como lugar de veraneo. El chollo se acabó cuando llegó Francisco y con su estajanovismo y amor por la vida espartana convirtió este lugar en parte del pasado al optar por pasar agosto en el Vaticano. Dejar de tener al Papa como veraneante estrella provocó una disminución en el turismo, con el consecuente cierre de algunos comercios. La alcaldesa de Castel Gandolfo, Milvia Monachesi, espera que la apertura a los visitantes de la residencia pontificia contribuya a darle la vuelta a la situación, aunque no se resigna a que Bergoglio se deje caer. «Seguimos esperando que pase algunos días aquí», apunta la regidora.

El Vaticano no da puntada sin hilo. La ceremonia de apertura al público del Palacio Apostólico de ayer estuvo amenizada por un concierto de música popular china interpretado por la Guandzhou Opera House. Es un gesto más del Papa Francisco en su intento de acercar posiciones con Pekín, con quien la Santa Sede no mantiene aún relaciones oficiales. Uno de los grandes proyectos de Bergoglio durante este pontificado es viajar a China e impulsar así la presencia del catolicismo en el gigante asiático. «Esto del concierto tiene más miga de lo que parece», comentaba un alto prelado vaticano mientras paseaba por las habitaciones del apartamento pontificio.