Las Provincias

La vida de novela del finalista del Planeta

Marcos Chicot, finalista del Premio Planeta, lee con su hija Lucía, de siete años, un cuento en su casa de Madrid.  :: josé ramón ladra
Marcos Chicot, finalista del Premio Planeta, lee con su hija Lucía, de siete años, un cuento en su casa de Madrid. :: josé ramón ladra
  • Marcos Chicot dedicó el premio a su hija con síndrome de Down. Era 'broker' y lo dejó todo por escribir para Lucía. «Me sentía una mala persona y no era feliz», recuerda. Ahora le tiene que decir que deje de leer porque devora todos los cuentos

Marcos Chicot, el finalista del Planeta por 'El asesinato de Sócrates, dejó a todos con el corazón encogido cuando dedicó el galardón a su hija Lucía, de siete años, que tiene síndrome de Down. Delante de los Reyes, el escritor lanzó un mensaje espontáneo y emocionante: «Si no fuera por Lucía no estaría aquí».

Y es verdad. Porque Marcos Chicot, de 44 años, y su mujer Lara Díaz están volcados en la educación de su hija, en procurarle clases de natación, logopedia, música y baile. Por dejarle una renta, Chicot se empeñó en ser narrador de ficciones y abandonar su oficio de 'broker'. Ahora es un padre dichoso con Lucía y Daniel, su otro hijo, que cumplirá cuatro años en noviembre. También es un 'best seller'. Con su anterior obra, 'El asesinato de Pitágoras', se ha convertido en el autor más leído en lengua española de los últimos tiempos. Pero no oculta que recibir la noticia de que su primogénita era discapacitada, aunque de grado leve, fue «especialmente duro y traumático». «Nos lo dijo la matrona, lo apreció por las orejas gachas, lo cual no era cierto, mi hija tiene las orejas bien. Los médicos confirmaron el diagnóstico y de repente no supe qué hacer. Necesitaba información veraz, y todo lo que me dijo el personal sanitario era negativo, me informaban de patologías asociadas, de cardiopatías frecuentes en niños downianos. El nacimiento de estos bebés casi siempre se comunica muy mal».

Pese a ser psicólogo clínico y economista, una persona con cultura y recursos intelectuales, Chicot no era ajeno a los prejuicios. Lo primero que hizo fue buscar en internet datos sobre fundaciones y asociaciones de padres con hijos con el mismo problema. «Al principio tenía un gran sentimiento de culpa, me creía una mala persona porque habiendo tenido una hija estaba infeliz. Suponía que todo iba a ser una carga». Poco a poco esa amargura se fue disolviendo, sobre todo a medida que habló con otros padres.

Ahora se siente aliviado, vive el presente e intenta no pensar demasiado en el futuro. «No obstante, nunca te sobrepones del todo, el duelo al principio es inevitable». La hija de Chicot acude a un centro de educación especial y adora la lectura y la música. «A veces hay que quitarle los cuentos para que deje de leer. Cuando tenía tres años ponía un dedo sobre las líneas y se inventaba las historias. La gente que la veía creía que sabía leer, pero la verdad es que aprendió más tarde».

«Yo sola, yo sola»

Lucía Chicot Díaz goza de una excelente salud y sólo necesita gafas para corregir su miopía. Es risueña, «aunque tiene mucho carácter». «Es muy tozuda. No le gasta hacer nada que no salga de su voluntad. Por eso hay que razonar mucho con ella, porque quiere tomar siempre sus propias decisiones. Nos repite: 'yo sola, yo sola'». Lucía es bastante independiente, se viste sola, si bien a veces, por el menor tono muscular de sus dedos, necesita ayuda para abrocharse los botones si son pequeños. Por lo demás, «es una niña encantadora, generosa y una sirena en el agua. Con cuatro años ya nadaba sin manguitos. Además se lleva de maravilla con su hermano Daniel, quien a veces nos da más trabajo».

Chicot no sabía nada de editar imágenes, pero a fuerza de tesón se hizo un experto. Ha grabado un vídeo que dura hora y media. El documental ya ha sido visto por 50.000 personas en internet y recibe a diario comentarios de padres, a pesar de que está colgado desde hace más de un año. «Sin embargo, no recibo ningún comentario de pediatras, ginecólogos, obstetras o matronas. Creo que el personal sanitario debería recomendar el vídeo cuando trata con los padres y les informa de que su hijo tiene síndrome de Down». El vídeo lo están empleando como material formativo en Noruega, Uganda, Cuba, Estados Unidos y México.

A los pocos días de saber que su hija era downiana -un trastorno genético que consiste en tener una copia extra del cromosoma 21- escribió un correo electrónico a todos sus allegados y conocidos para que estuvieran enterados de la condición de Lucía. «Si no lo dices es peor. El otro se siente incómodo y notas que la gente se envara cuando lo comentas sin aviso previo».

Lejos están los tiempos en que el síndrome de Down suponía una ignominia. No en vano, el escritor conoce testimonios estremecedores. Gentes que sacaban a su hijo por el garaje para que nadie lo viera. Que los encerraban en asilos.

En su artículo 'Ocho cosas que deberías saber sobre el síndrome de Down', incluido en la web oficial del escritor, Chicot aduce que lo que delata a los afectados es su menor capacidad de expresión oral. De ahí que a estos chicos se les atribuyera facultades de aprendizajes inferiores. Pero, en cambio, su capacidad de aprender es bastante superior a la destreza en la dicción. Y su potencial emocional es tremendo, igual que el de una persona sin el síndrome».

Temas