Las Provincias

La segunda vida de los almacenes en Londres: de fábricas a hogares y talleres

  • El arriendo de un almacén cuesta alrededor de la mitad de lo que vale una habitación convencional

En Londres, una de las ciudades más caras de Europa, se ha vuelto una tendencia transformar almacenes en casas o talleres debido al alto coste del alquiler y al deseo de vivir en una comunidad artística. Ejemplo de ello es Haringey, un barrio obrero al noreste del centro de la capital, que está repleto de naves industriales y, aunque algunas continúan almacenando mercancías, otras se han transformado en pequeñas villas en las que viven cientos de personas, como las congregaciones de Manor House y Fountayne Road.

A diferencia de las naves industriales, las casas-almacén están recubiertas de coloridos murales y, frente a uno de ellos, Hanna Jonshon relató a Efe que decidió establecerse en este tipo de habitáculo porque cuando se mudó a la capital no conocía a nadie y le gustaba "la idea de vivir en una comunidad".

Otra de las razones por la que esta forma de vida se ha vuelto común en Londres es el precio del alquiler. El arriendo de un almacén cuesta alrededor de la mitad de lo que vale una habitación convencional. Según los últimos estudios del sector, el alquiler de un cuarto en una vivienda compartida en la ciudad del Big Ben ronda las 950 libras al mes (casi 1.050 euros). "Mi pareja y yo pagamos 600 libras (664 euros) por un amplia habitación ¡toda una ganga!, y más aun, teniendo en cuenta que tardamos menos de 30 minutos en llegar al centro de Londres", apuntó Peter Smith, un vecino del distrito.

Además, los altos techos de los almacenes ofrecen la posibilidad de duplicar el espacio del habitáculo usando un altillo, por lo que son muchos los que optan por crear su propio dúplex en su alcoba. Lo cual es todo un lujo, teniendo en cuenta que en Londres se ha llegado a alquilar una cama en el hueco de una escalera por 500 libras al mes (552 euros). La amplitud no solo se disfruta en las habitaciones, sino también en las zonas comunes, por ejemplo, el luminoso salón cocina de la unidad tres de Imperial Works, en Fountayne Road, cuenta con alrededor de 80 metros cuadrados.

En este almacén, que en su día fue una panadería, viven una trapecista, dos diseñadores, un ebanista, una escultora, una malabarista de fuego y un disyóquey y, al contrario de lo que se podría presuponer, el domicilio está muy limpio. "Todos los lunes hacemos una limpieza a fondo y luego compartimos una cena vegana, donde aprovechamos para ponernos al día", explicó a Efe Gemma Seddon, una de las inquilinas.

Ya no hay ocupas

Según la modelista británica, el hecho de que este tipo de espacios sean una moda está relacionado con que ya no hay ocupas. "La legislación ha cambiado, antes los ocupas tenían la ley de su parte y podían apropiarse de los almacenes vacíos. Lo que conllevaba inseguridad en el barrio", explicó Seddon.

La nueva norma del Reino Unido solo permite ocupar un edificio vacío, que no sea considerado una vivienda -como una fábrica o unas oficinas-, por 28 días. Pero no todos los vecinos de la zona ven con buenos ojos la popularidad de esta forma de vida, ya que tienen miedo de que la tendencia afecte al alza de sus alquileres. En el último año, el precio de la vivienda en Haringey ha subido más de un 20%. O aún peor, que sus hogares sean derribados para convertirse en condominios o sean remodelados en 'lofts' o modernas oficinas con un toque industrial, como ya pasó en el centro de la capital británica con las fábricas que la Revolución Industrial dejó tras de sí.

Ese es el trabajo de James Davies, un arquitecto especializado en transformar almacenes en viviendas, quien relató a Efe que su estudio, Paper House Project, se centra en la zona noreste de la capital porque en esta parte de Londres aún se pueden encontrar almacenes en el mercado. El arquitecto británico defendió que las naves de este área fueron remodeladas con materiales de mala calidad, "fruto del boom de la construcción que se vivió en la capital británica en los años ochenta o noventa", por lo que las cañerías y la insonorización son defectuosas. Es por ello que Davies tiene que ir en sus remodelaciones casi al "esqueleto" de los almacenes para convertirlos en luminosos y espaciosos 'lofts'.