Las Provincias

Una catedral rusa en París

La catedral de Santa Trinidad se levanta a escasa distancia de la torre Eiffel. :: r. c.
La catedral de Santa Trinidad se levanta a escasa distancia de la torre Eiffel. :: r. c.
  • Intrigas diplomáticas, políticas, judiciales y de espionaje rodean la construcción del majestuoso templo ortodoxo que mañana se inaugura a orillas del Sena

Una catedral rusa al pie de la torre Eiffel. Es ortodoxa pero confiere una imagen heterodoxa al paisaje urbano de París. Cinco relucientes bulbos dorados dominan orgullosos el puente del Alma en la orilla del Sena opuesta a donde Lady Di se mató en accidente de tráfico perseguida por los paparazzi. Esas características cúpulas de los templos ortodoxos rusos son el símbolo majestuoso del poderío desafiante de 'San Vladimir', como se conoce irónicamente la nueva construcción en la capital del laicismo galo. Pero Putin, su entusiasta promotor, no acudirá mañana a la inauguración de la catedral de la Santa Trinidad, su nombre oficial, por culpa de la crisis diplomática desencadenada por los bombardeos de Alepo.

La edificación en París del primer gran monumento franco-ruso desde la construcción del puente de Alejandro III en 1896, símbolo de la alianza entre Francia y el poder de los zares, está rodeada de intrigas, rivalidades diplomáticas, tensiones políticas, temores de espionaje y pleitos judiciales. Su historia arranca con la visita a París en el otoño de 2007 del patriarca Alexis II (fallecido en 2008), la primera de un jefe de la Iglesia rusa desde el cisma de 1054. Nicolas Sarkozy, recién elegido jefe del Estado, dio la bendición al proyecto deseoso de estrechar los lazos entre Francia y Rusia.

El acuerdo se sustanció en 2010 con la venta por el Estado francés a la Federación de Rusia por 70 millones de euros de un terreno edificable en el muelle Branly del Sena, a tiro de piedra de la torre Eiffel. La parcela, de 8.400 metros cuadrados, albergaba previamente los locales de Météo France, el instituto nacional de meteorología. Pero antes el Kremlin tuvo que aplicar a fondo sus presiones diplomáticas para que los franceses desactivaran las candidaturas competidoras de Canadá y Arabia Saudí, que pretendían levantar en el privilegiado solar una nueva embajada y una monumental mezquita, respectivamente.

También hubo que superar las reticencias de los servicios secretos y de contraespionaje galos, ya que el edificio contiguo es uno de los lugares más sensibles de Francia. Las antiguas caballerizas de Napoleón III están ocupadas en la actualidad por instalaciones dependientes del palacio del Elíseo, sede de la Presidencia de la República. Una superficie de 5.000 metros cuadrados acoge los locales del Consejo Superior de la Magistratura, el servicio postal del jefe del Estado y 16 apartamentos donde se alojan su secretario general, su consejero diplomático y su jefe de Estado Mayor particular, entre otros altos funcionarios del poder francés.

También aquí vivieron en secreto durante muchos años Mazarine Pingeot y su madre, hija y amante del fallecido presidente socialista François Mitterrand. Por esos motivos, un sistema de interferencia de ondas electromagnéticas permitirá preservar las comunicaciones en el enclave neurálgico de la curiosidad de los servicios de información rusos.

«Un pastiche»

El jurado del concurso internacional organizado a la sazón eligió en 2011 entre los 444 pliegos presentados el proyecto del arquitecto hispano-ruso Manuel Núñez-Yanowsky, hijo de un republicano español. El plan premiado preveía una gran cubierta de cristal ondulado que se transformaba en fachada fotovoltaica. Pero el entonces alcalde de París, el socialista Bertrand Delanoë, puso el grito en el cielo contra «una arquitectura de pastiche con una ostentación totalmente inadaptada al lugar». Así que el resultado del concurso fue anulado y la Federación de Rusia adjudicó a dedo la obra al arquitecto francés Jean-Michel Wilmotte, que había quedado segundo.

Surgió un nuevo contratiempo, este judicial. En 2014 un tribunal internacional de arbitraje de La Haya falló que los antiguos accionistas del imperio energético ruso Yukos deberían ser indemnizados con 50.000 millones de euros. Los socios del propietario expoliado, el oligarca Mijaíl Jodorkovski, que pasó diez años en la cárcel, exigieron embargar bienes rusos en el extranjero, entre ellos la futura catedral de París. Los tribunales franceses sentenciaron que las obras estaban cubiertas por la inmunidad diplomática ya que también incluían anexos de la embajada rusa y los accionistas de Yukos renunciaron al embargo del terreno.

La catedral culmina a 37 metros de altura, el límite autorizado por las reglas de urbanismo, en un perímetro protegido por la Unesco. Sus cinco majestuosos bulbos, el mayor de nueve toneladas, son de color oro mate para que no brillen tanto como la cúpula del vecino palacio de los Inválidos. El toque francés le viene dado por su revestimiento con piedra blanca Massagis de Borgoña, la misma del Trocadero y la base de la torre Eiffel.

El complejo incluye una escuela bilingüe franco-rusa para 150 alumnos, una casa parroquial y un centro cultural con librería, salas de exposición y una cafetería. En total el proyecto ha costado 170 millones de euros, sufragados íntegramente por el Estado ruso presidido por Putin, el ausente 'san Vladimir'.