Las Provincias

Enseñanza bilingüe, lengua de doble filo

Un excelente conocimiento del idioma por el profesor es fundamental para que triunfe este sistema. :: reuters
Un excelente conocimiento del idioma por el profesor es fundamental para que triunfe este sistema. :: reuters
  • «Estudiar en otro idioma entorpece el ritmo de las clases», critica un profesor, que culpa a los recortes

  • Para algunos es una «locura paleta» y para otros, la mejor educación.

«Si uno entra en una clase de Bachillerato supuestamente bilingüe y dice demasiado rápido 'Hello!', ya no le siguen». Quien habla con tanta crudeza -y una pizca de exageración- de la fórmula de aprendizaje del inglés que se está implantando en los últimos años en nuestro país es Francisco Silvera, profesor de Filosofía en un instituto bilingüe de Huelva, cuyo artículo en un periódico local se ha multiplicado en las redes sociales. No es el único en poner objeciones al programa. Un equipo de investigadores de la Universidad Carlos III realizado con 3.000 niños de primaria concluyó que los alumnos de centros públicos bilingües de Madrid tienen peores notas en las asignaturas impartidas en inglés que los que dan clase en castellano: casi un punto menos de media. Y hay colegios que se niegan a solicitar clases de asignaturas troncales en una lengua extranjera porque consideran que dificulta el aprendizaje de algunos niños, especialmente los que pertenecen a minorías o tienen necesidades especiales. «Explicar la fotosíntesis en inglés es muy difícil», alegaba en 'El Confidencial' Javier Arcediano, presidente de las Asociación de Madres y Padres de Alumnos (AMPA) del colegio de primaria Palomeras Bajas, en Vallecas, uno de los 'objetores'. ¿Ha llegado el momento de poner en cuestión un programa que exigen la mayoría de los padres y del que presumen las administraciones educativas?

El Aprendizaje Integrado de Contenidos y Lenguas Extranjeras (AICLE o CLIL, en inglés) es un método que propugna enseñar idiomas en las escuelas no como una asignatura aislada, en situaciones forzadas o inventadas, sino como vehículo de transmisión de conocimientos en otras materias, como las ciencias, la historia, la plástica o la educación física. Madrid fue la primera comunidad en poner en marcha un programa formal de bilingüismo en inglés, en 2004, y hoy en día casi la mitad de los colegios y un tercio de los institutos públicos lo han adoptado. Casi todas las regiones han seguido sus pasos -algunas, también en francés y alemán-, aunque con resultados desiguales.

Xavier Gisbert, ex alto cargo de la Consejería de Educación madrileña y presidente de la recién creada Asociación Enseñanza Bilingüe, que agrupa a docentes y expertos, asegura que el programa de bilingüismo precisa «voluntad política, recursos y conocimiento». Y también paciencia: la Administración no puede imponerlo sin contar con el respaldo de padres y profesores y los resultados no son inmediatos. «El objetivo de un centro bilingüe no es que los alumnos sean bilingües, sino que utilicen la lengua para aprender al tiempo que aprenden a utilizar la lengua», matiza.

A su juicio, Madrid empezó bien. Ofreció incentivos económicos y formación lingüística y metodológica a todos los profesores participantes, a los que exige un título C1. Pero los recortes han hecho de las suyas. «Se está relajando mucho -lamenta Gisbert-. El bilingüismo supone muchísimo trabajo para los profesores y necesitan ver que tienen apoyo. La enseñanza bilingüe es la mejor que se puede ofrecer y el hecho de que algunas Administraciones no lo hagan bien o que algunos profesores no tengan el nivel adecuado no debería servir de excusa para criticarla de forma general».

Hace poco más de un año, el escritor Javier Marías cosechó tantos apoyos como críticas con un artículo periodístico en el que se mofaba de la enseñanza bilingüe, que calificaba de «locura paleta». Según el traductor y académico, los profesores responsables de esas clases, salvo excepciones, «poseen un conocimiento precario del idioma; lo chapurrean, por lo general tienen pésimo acento o ignoran la pronunciación correcta de numerosas palabras; su sintaxis y su gramática tienden a ser mera copia de las del castellano».

Francisco Silvera está sorprendido por la repercusión de su artículo 'La estafa bilingüe', en el que asegura que a la Administración andaluza solo le interesa que en el exterior de colegios e institutos luzca la placa de 'centro bilingüe', pero le importa poco lo que ocurra de puertas para adentro. «Bilingüismo es repartir una fotocopia en inglés de vez en cuando», lamenta el docente, que salva la cara de los profesionales y culpa del «desastre» a los recortes, que han aumentado la ratio de alumnos por aula y reducido el tiempo que los profesores dedicaban a formarse y preparar sus clases. Según él, el nivel de inglés no depende de que un estudiante lleve desde primaria asistiendo a clases en esa lengua, sino más bien de que su familia le haya enviado a una academia privada.

Profesor de Filosofía en el IES Catedrático Pulido Rubio de Bonares (Huelva), aceptó dar clases en inglés porque era uno de los pocos funcionarios que tenían un título de B2 y, si él no lo hacía, los chavales perdían el diploma que acredita su aprendizaje en dos lenguas. «Si me sueltan en Londres, sobrevivo, pero no puedo dar una clase de Aristóteles, de Lógica o de Metafísica medieval en inglés», confiesa.

Al final, dice, los alumnos no aprenden el idioma y dedican menos tiempo a la Filosofía, porque la lengua extranjera entorpece el ritmo de las clases. Y para colmo, los profesores no pueden penalizar a los alumnos de la línea bilingüe con una nota peor. «El mensaje que se transmite es que, si no te esfuerzas, no pasa nada», critica.

Un equipo de investigadores liderado por Jesús Carro, profesor de Economía Aplicada de la Universidad Carlos III de Madrid, comparó los resultados en las pruebas de evaluación externas de 3.000 alumnos de 6º de primaria de colegios públicos bilingües y no bilingües de la Comunidad de Madrid y concluyó que las notas de los primeros se resienten en los contenidos que se imparten en inglés. Según su estudio, el «efecto negativo» es mayor en los chavales que comenzaron primaria en 2004, los 'conejillos de indias' del programa, que obtuvieron calificaciones casi un punto (0,9) más bajas como media en «cultura general», contenidos que en el estudio identificaron con Conocimiento del Medio (Science, en inglés). En cambio, sus competencias en Matemáticas y Lengua -que se imparten en castellano- no se vieron alteradas. Carro y sus colegas constataron además que en el grupo de niños procedentes de familias con un mayor nivel educativo el idioma utilizado no tenía ninguna influencia en las notas. «Habría que analizar si ese efecto negativo podría paliarse con un refuerzo en esas materias», aventura el investigador.

El cerebro bilingüe

Virginia Vinuesa, profesora de Didáctica de la Lengua Inglesa en la Universidad Rey Juan Carlos, no entiende por qué este estudio ha tenido tanta repercusión, cuando hay decenas de investigaciones que demuestran exactamente lo contrario: «Los alumnos en programas bilingües obtienen iguales o mejores resultados que los alumnos en sistemas monolingües, no solo en las materias impartidas en la lengua meta, sino también en otras como Matemáticas o Lengua, tanto en producción escrita como en lectura». Ella misma, en su tesis doctoral, corroboró que los chavales de 12 años que habían cursado primaria en centros bilingües tenían un nivel de inglés similar al de los de 18 años en escuelas 'normales'.

Vinuesa afirma que hay muchos mitos en torno al bilingüismo: lejos de «confundir» a los niños, como creen algunos, la enseñanza en dos lenguas modela el cerebro de las personas, para bien: aumenta su capacidad cognitiva, hace que resuelvan mejor los problemas y los capacita para realizar varias tareas simultáneamente. Algunos de esos estudios proceden de Canadá y Estados Unidos, donde la existencia de varias comunidades de hablantes y la fuerte inmigración propiciaron el desarrollo de ambiciosos programas de inmersión desde los años sesenta. No obstante, matiza Vinuesa, adquirir conocimientos en otra lengua no impide conocerlos en la lengua materna a la que el alumno está expuesto constantemente fuera del centro.