Las Provincias

Tatuado. El príncipe saluda en Múnich a los pilotos de su avión con un atuendo que el Gobierno de Tailandia 'formalizó' con el Photoshop. Abajo, de gala. :: A. M. marshall @zenjournalist/reuters
Tatuado. El príncipe saluda en Múnich a los pilotos de su avión con un atuendo que el Gobierno de Tailandia 'formalizó' con el Photoshop. Abajo, de gala. :: A. M. marshall @zenjournalist/reuters

El rey que nadie quiere

  • La muerte de su padre le ha despejado el trono de Tailandia, pero el carácter excéntrico de Maha Vajiralongkorn no genera simpatías. Colecciona más escándalos que esposas

El propio príncipe heredero ha pedido no ser coronado rey hasta que se dé una coyuntura más apropiada. En estos momento prefiere sumarse al duelo de la nación». El anuncio lo hizo el primer ministro de Tailandia, el general golpista Prayuth Chan-ocha, pocas horas después de la muerte del rey Bhumibol Adulyadej. Y sus palabras ya han provocado todo tipo de especulaciones. Porque, si bien el monarca Rama IX logró reinar durante 70 años en los que se erigió en una figura unificadora para un país caracterizado por la inestabilidad política, lo cierto es que nadie quiere al hombre llamado a sucederle: Maha Vajiralongkorn no es, precisamente, el virtuoso que debería convertirse en Rama X.

Al contrario, Vajiralongkorn ha hecho del escándalo su bandera. Nacido en 1952, fue nombrado heredero al trono veinte años después. En aquella ceremonia prometió «servir con inteligencia y devoción a la paz y a la prosperidad de Tailandia». Desafortunadamente, aunque la draconiana ley de lesa majestad protege sus actos del escrutinio público, no ha hecho nada de eso. Su vida privada es buena muestra de ello. La primera vez que se casó fue en 1977 con una prima hermana, Soamsavali Kitiyakara. La segunda, en 1994, eligió a una actriz, Yuvadhida Polpraserth, con la que había mantenido un largo idilio incluso antes de divorciarse. La unión acabó sólo dos años después. Finalmente, en 2005 contrajo matrimonio con Srirasmi Suwadee, una plebeya que en 2007 protagonizó uno de los mayores escándalos de una casa real que se había caracterizado por su discreción.

Fue un vídeo casero el que dejó en evidencia dos de los principales vicios del príncipe: las mujeres y su perro. En las imágenes se veía a Srirasmi -de la que se divorció en 2014- bailando casi desnuda durante el cumpleaños de 'Fufú', el perro al que Vajiralongkorn llegó a nombrar mariscal y al que incineró el año pasado después de brindarle cuatro días de funerales. Es sólo una de las muchas excentricidades que le atribuyen diferentes páginas web que operan de forma clandestina y que tratan de arrojar algo de luz sobre la otra cara de la corona. Así, en estas webs se publicaron también las fotos, que luego recogió el diario alemán 'Bild', en las que se veía al heredero saludando en Múnich a los pilotos de su avión vestido con unos vaqueros que a duras penas le cubrían el pubis y una ceñida camiseta de tirantes que dejaba a la vista una generosa colección de tatuajes.

Pero todo lo anterior son únicamente chismorreos propios de la prensa rosa. Las verdaderas sombras de Vajiralongkorn son mucho más importantes. Incluyen turbias actividades económicas que han ayudado a que la casa real de Tailandia sea una de las más adineradas del planeta. Forbes le atribuye una fortuna de 23.000 millones de euros, y la agencia AFP cita fuentes que elevan esa cifra hasta los 54.000, casi cuatro veces la suma que amasa la monarquía británica.

Y todo gracias a negocios que se controlan desde la opaca institución del Buró de la Propiedad de la Corona y que abarcan sectores tan diversos como la construcción -posee el 31,6% de Siam Cement Company- o las finanzas -donde controla el 23,69% del Siam Commercial Bank-. El buró también recibe 40.000 alquileres por todo el país y no hace públicas sus cuentas. Pero se estima que tiene unos beneficios de 300 millones de dólares libres de impuestos por ley.

De esta forma, Vajiralongkorn no hereda un reino, sino un imperio económico. Así que no le faltan detractores que preferirían verlo bien lejos del trono. Cuatro de sus siete hijos viven en el exilio, no tiene buena relación con los generales que hace dos años dieron un golpe de Estado, y tampoco cuenta con el beneplácito de la vieja guardia del palacio, que incluso ha llegado a plantearse la posibilidad de una regencia de la princesa Sirindhorn -hermana menor del príncipe- hasta que su hijo alcance la edad para reinar. Que su coronación se haya pospuesto ha hecho que muchos especulen todavía con esta posibilidad, aunque provocaría tanto revuelo que la mayoría la considera muy remota.

Todo apunta a que la historia continuará según el guion establecido. Si lo hace, algunos ya saben cuáles serán las consecuencias. «Casi todos esperan que el peso de la monarquía y sus funciones cambien con la sucesión», se leía en uno de los cables diplomáticos confidenciales que Wikileaks publicó en 2009 y que estaba dirigido a Hillary Clinton. Otro de esos mensajes incluso apunta a una posibilidad más truculenta. «Si el príncipe heredero muriese, cualquier cosa podría suceder», dijo el exjefe de las Fuerzas Aéreas tailandesas. A este respecto, no se puede olvidar que el rey anterior accedió al trono tras la misteriosa muerte de un disparo de su hermano mayor, al que le correspondía el trono.