Las Provincias

El triunfo del líder discreto

Guterres, en una visita a un  campo de refugiados somalíes en el norte de Kenia. :: ap
Guterres, en una visita a un campo de refugiados somalíes en el norte de Kenia. :: ap
  • Antonio Guterres ha sabido suplir con diplomacia su escaso carisma. Honesto y religioso, en su pueblo portugués de 700 vecinos todavía recuerdan su época de monaguillo

Toni, el monaguillo de Donas, un pueblo portugués de 700 habitantes, se convirtió el jueves en el diplomático de más alto rango del planeta. Por unanimidad, en un ejercicio de consenso inusual entre las potencias que integran el Consejo de Seguridad, Antonio Manuel Oliveira Guterres será a partir del próximo 1 de enero el secretario general de las Naciones Unidas. Ni una mujer, como se venía especulando, ni de Europa del Este. Portugués, con una amplia carrera política y un perfil discreto, capaz de contentar tanto a Estados Unidos como a Rusia. «Sabrá liderar la organización en un momento decisivo», ha dicho su predecesor, Ban Ki Moon, que ha valorado «su experiencia como primer ministro, su vasto conocimiento del mundo y un intelecto brillante».

En su pueblo no caben en sí de orgullo. El alcalde ya ha hablado con la prensa para dejar claro que «es una persona muy humilde, con mucho corazón, con un alma muy grande». Y el herrero, amigo de la infancia, ha contado que Toni -o Tonico para los más allegados- «ya sabía leer y escribir antes de ir a la escuela». Fue un alumno ejemplar desde el parvulario hasta la universidad, donde se graduó en ingeniería física y electrónica con una media de 19 sobre 20. Nunca ejerció la carrera; la enseñanza y la política pesaron más.

Algo de aquel monaguillo que extasiaba a los fieles con su forma de declamar las Escrituras queda en este hombre de 66 años, que sigue leyendo la Epístola en misa cuando está en su tierra. Y aunque también leyó a Marx y a Trotsky en la universidad, como casi cualquiera de su generación que tuviera inquietudes políticas, sus primeras ideas estuvieron más influidas por el Concilio Vaticano II y por la doctrina social de la Iglesia. En las Juventudes Universitarias Católicas se fogueó como voluntario, echando una mano a los pobres que vivían en los barrios de chabolas de la periferia lisboeta. Su destino estaría irremediablemente unido, décadas después, al de quienes viven en precario, pero entonces como Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR).

Forjada bajo la dictadura de Oliveira Salazar, su vocación política se despertó con los primeros compases de la Revolución de los Claveles. En 1974 entró a formar parte del Partido Socialista y un año después, a los 27, ya era diputado. Entonces compaginaba la labor parlamentaria con las clases que impartía en la universidad. Pero el camino se había abierto y Guterres lo siguió.

No es un político carismático, no da titulares, pero lo ha suplido a lo largo de su carrera con grandes dosis de trabajo, formación y cierta habilidad para esquivar conflictos. Así llegó en 1992 a la Secretaría General de su partido y tres años después, al palacio de São Bento. Como primer ministro su mejor arma fue el diálogo. No le quedaba otra, estando en minoría, pero consiguió ser el primer gobernante portugués en completar una legislatura en esa situación.

La esposa muerta

Siempre fue mejor valorado en el exterior que en Portugal, quizá porque desatendió las responsabilidades domésticas apoyándose en sus ministros. Quizá por eso, y aunque resultó reelegido en 1999, unas municipales dieron al traste con su Gobierno. Tras una dura derrota de su partido en el ámbito local, entregó la cartera y se marchó. «Dimito para que el país no caiga en un pantano político», dijo entonces.

Estaba desanimado. La muerte de su esposa cuando tenía 50 años fue un mazazo del que le costó recuperarse. Tras dejar el Gobierno volvió a casarse con la que había sido su secretaria de Cultura y se dedicó a labores de voluntariado.

Durante algún tiempo, la izquierda no le perdonó que con aquel gesto abriera el camino para un Gobierno de derechas encabezado por Durao Barroso, pero a él le esperaba una carrera internacional de prestigio. En 2005 le tentaron con la Comisión Europea, y volvió a dejar paso a Barroso. Ha sido al frente de ACNUR donde se ha labrado la reputación que ha llevado al acólito de Donas a la cumbre de la diplomacia mundial.

Carrera de fondo. Arriba, arengando a los socialistas en el congreso del partido, meses antes de dejar el cargo de primer ministro. En 2001 reunió a Simon Peres y Yassir Arafat en Lisboa (centro). Sobre estas líneas, como responsable de la ONU para los refugiados.