Las Provincias

Este libro me suena

Comodidad. Los aficionados al audiolibro valoran su comodidad y la posibilidad de 'leer' en cualquier sitio. :: Alfredo aguilar
Comodidad. Los aficionados al audiolibro valoran su comodidad y la posibilidad de 'leer' en cualquier sitio. :: Alfredo aguilar
  • El audiolibro empieza a hacerse oír en España. Hasta un tocho como 'El Quijote' cabe en el móvil. Las editoriales invierten ahora en un formato que ya triunfa en América

No hay excusa. Cualquiera puede convertirse en uno de los pocos españoles que dice -sin mentir ni exagerar- haberse leído 'El Quijote' enterito. Sin quemarse las pestañas. Basta tener 34 horas, 12 minutos y un par de orejas. Ya solo queda decidir si el famoso 'En un lugar de la Mancha...' le pillará a uno planchando o cocinando, si soportará con estoicismo los atascos de tráfico mientras el ingenioso hidalgo se pelea con los molinos de viento o escuchará tumbado tranquilamente en el sofá las sentencias de su fiel escudero. El audiolibro, es decir, la grabación de una voz leyendo un texto literario, existe desde los años sesenta, pero la última revolución tecnológica le ha dado nueva vida al sustituir los engorrosos y caros soportes físicos de antaño -cintas, primero y cedés, después- por archivos digitales que pueden reproducirse en el teléfono. La oferta se ha multiplicado: miles de títulos de todos los géneros, autores y temas imaginables, en distintos idiomas, acentos y voces, están en la red, a un solo clic de nuestros oídos. Y sin embargo, en España este segmento de la industria editorial solo empieza a despegar, a diferencia de lo que ocurre en Estados Unidos, donde uno de cada seis libros es sonoro, a poca distancia del 'ebook' en las preferencias del público. «Aquí no hay trayectos tan largos al trabajo y el sector ha invertido poco a causa de la piratería», explica Santos Palazzi, director general de Mass Market y Digital del Grupo Planeta.

No ha sido por no intentarlo. En 1995 Alfaguara lanzó cintas con novelas de éxito de Arturo Pérez-Reverte y Juan José Millás, entre otros, grabadas por las voces de actores célebres como José Sacristán o Charo López. Fracasó. Unos años después, Salamandra, la pequeña editorial que triunfó al hacerse con los derechos de la saga de Harry Potter en español, lanzó la colección en ocho cedés. El joven mago de Hogwarts se pegó un sonoro castañazo comercial.

La llegada del mp3 y otros archivos de audio facilitaron la expansión de este formato accesible desde cualquier dispositivo electrónico, móvil, tablet y ordenador. No pesa, no ocupa espacio y no se estropea. Y uno le da al 'play' en cualquier momento, porque disfrutar de una buena historia es compatible con actividades cotidianas que no exigen gran dedicación intelectual, como las tareas domésticas, la conducción e incluso ciertos trabajos.

Entre libro y película

Ni por esas. Los expertos recuerdan que el tiempo dedicado en España al 'commuting' -trayecto en coche o transporte público entre el domicilio y el puesto de trabajo, ideal para leer de oídas- es muy inferior al que se emplea en las grandes ciudades americanas.

Irene Fortes, representante del grupo editorial Penguin Random House (PRH) en España, cree que también influyen factores culturales: «Todavía tenemos en mente el audiolibro como un producto para personas con dificultad para leer, pero es para todo el mundo. Se trata de una experiencia diferente, una mezcla entre leer en papel o 'ebook' y ver una película».

Los bajos índices de lectura, en general, y la extendida costumbre de descargarse ilegalmente contenidos sujetos a derechos de autor desincentivan la inversión por parte del sector, añade Palazzi, quien recuerda que grabar un audiolibro es un proceso complejo y caro.

O lo era hasta hace poco. El representante de Planeta admite que los costes de producción se han reducido en un 90% en los últimos años, a causa de la crisis, que dejó infrautilizados los estudios de grabación y en paro a muchos actores de doblaje, un negocio muy potente en España, donde todas las películas y series se doblan, a diferencia de la mayor parte del mundo. «Si hace diez años locutar un libro costaba 30.000 euros de media, más toda la inversión en cedés, hoy vale 3.000», asegura.

Lo confirma Luis Alberto Casado, actor y locutor que ha grabado encargos para empresas extranjeras y ha desarrollado proyectos independientes en colaboración con autores. «Yo cobro unos 250 euros la hora de grabación limpia, que puede implicar 2, 3 o 5 horas de trabajo, pero hay quien lo hace por 20 euros. En Estados Unidos se pueden llegar a pagar 500 o mil dólares», asegura Casado, quien destaca la enorme complejidad de este trabajo tan poco valorado aquí. El narrador tiene que pronunciar bien -a menudo, en distintos idiomas-, leer pausadamente y sin errores, dominar varios registros -graves, medios y agudos- para interpretar los diálogos entre personajes y controlar las técnicas de respiración para hacer una lectura anticipada.

Fortes y Palazzi aseguran que el mercado del audiolibro empieza a despertar muy lentamente en España. Penguin Random House -con sellos como Aguilar, Alfaguara, Taurus o Plaza y Janés-, ya tiene un centenar de obras en su catálogo de www.megustaescuchar.com, que se pueden descargar a través de iBooks, Audible y Audioteka. Planeta anuncia su propio catálogo «a final de año».

De momento, la mayor parte de la demanda viene del otro lado del charco, donde el mercado está «mucho más maduro». El acento es un problema: los lectores españoles suelen aceptar mal el deje hispanoamericano y viceversa.

El precio final es variable: es más bajo cuando se trata de obras de dominio público y más alto cuando son títulos actuales. En PRH los precios oscilan entre los 6,99 y los 28,99 euros, similares a los de papel.

La fórmula que triunfa en Estados Unidos es la suscripción. Audible.com, la firma de Amazon dedicada a los audiolibros, dispone de 180.000 títulos, de ellos 3.600 en español, y los usuarios pueden acceder a una obra al mes por menos de 15 dólares. De momento, solo los usuarios con una cuenta abierta en EE UU pueden darse de alta.

De camino al trabajo

Es el caso del economista polaco Artur Zakrzewski, que lleva más de la mitad de sus 54 años viviendo en Madrid. Descubrió los audiolibros en 2007 y desde entonces es suscriptor del servicio americano de Audible.com, donde se descarga dos o tres libros al mes -siempre en inglés- por unos 200 dólares anuales. «Mis favoritos son los de ciencia ficción y los de historia», explica Artur, que cada día recorre caminando cuatro veces los 30 minutos entre su casa y el trabajo. «Apenas leo libros escritos, porque tengo muy poco tiempo y ya me he acostumbrado». Lo último que le ha tenido pegado a los auriculares ha sido 'Legacy of ashes', una apasionante historia de la CIA de 54 horas de duración.

Pablo Rodríguez, periodista sevillano de 29 años, se duerme casi cada noche en el sofá escuchando audiolibros. «Puedo hacerlo porque vivo solo. Después de todo el día delante del ordenador, no tengo ganas de leer en el 'ebook'», explica. Por lo general, escucha poesía -entre lo más reciente, Almafuerte, Machado y Juan Ramón Jiménez- y lee novelas. Su narrador favorito es el actor Pepe Mediavilla. Encuentra obras gratis en un canal especializado de YouTube. «Pero, si tuviera que pagar por descargarlos, lo haría, como pago por el cine, la música y los libros electrónicos», matiza.