Las Provincias

El batallón negro planta cara a Trump

Integrantes del batallón 'Triple Nickles' se disponen a efectuar un salto en paracaídas. :: r. c.
Integrantes del batallón 'Triple Nickles' se disponen a efectuar un salto en paracaídas. :: r. c.
  • Los primeros paracaidistas afroamericanos que lucharon en la II Guerra Mundial critican el racismo del candidato republicano a la Casa Blanca

«Si Donald Trump gana me veo en una perrera». Contundente y gráfica la sentencia expresada por Wilbert Kinion, a sus 84 años uno de los supervivientes de la 'Triple Nickles', batallón paracaidista estadounidense que sirvió durante la Segunda Guerra Mundial y formado solo por soldados negros. Kinion y varios de sus compañeros se acaban de reunir para recordar viejos tiempos, oportunidad que aprovecharon para sumarse a las voces temerosas de un próximo triunfo del aspirante del pelo dorado, al que los críticos le crecen casi en proporción directa a sus opciones electorales.

El candidato republicano a la presidencia de Estados Unidos, de natural poco simpático, lleva casi veinte meses extendiendo pólvora por donde pasa y arrojando cuanta leña puede a su fuego predilecto: la inmigración. Con su medido tono populista, este multimillonario de 70 años ha prometido frenar la llegada de población latina levantando un muro con México, pero también plantea extender restricciones severas a la comunidad musulmana, a las feministas, a los homosexuales, a los ecologistas... Tanto discurso 'anti' le ha granjeado un ejército de enemigos políticos que le tildan de narcisista, fanfarrón, racista y xenófobo.

Esto a ras de tierra. Pero a Donald Trump también le ha caído ahora un emblemático puñado de adversarios desde el cielo: los supervivientes de la legendaria 'Triple Nickles', el 555 Batallón de Infantería Paracaidista que en los años cuarenta marcó un hito contra la discriminación racial al convertirse en la primera unidad del Ejército de Estados Unidos integrada exclusivamente por afroamericanos. Un hecho inimaginable en una década particularmente dura para la comunidad negra. Baste para situarse, por ejemplo, que entonces existían en el país del tío Sam hospitales solo para blancos. O que la división por razas en las escuelas públicas fue legal hasta 1954. En ese contexto, a los soldados de color se les relegaba en los cuarteles a las tareas más ingratas: barrer, limpiar letrinas, pelar patatas, transportar cargas... Pero a grandes necesidades grandes remedios. La contienda planteó la urgencia de ampliar efectivos y al sargento Walter Morris, también negro, se le puso al mando de un pelotón de veinte hombres que fue el embrión del posterior batallón paracaidista. La unidad permaneció en activo solo cuatro años, de diciembre de 1943 al mismo mes de 1947, pero su conquista ha pasado a los anales de la lucha por la igualdad. Fueron pioneros. Reventaron una barrera de prejuicios, un muro más alto y grueso que el que Donald Trump anhela para aislarse de México. Y al tiempo mostraron que «la capacidad de un hombre no tiene nada que ver con el color de su piel», según expresó Morris.

Apagafuegos

El emblema del batallón fueron tres monedas de cinco centavos ('nickel') montadas en forma de pirámide. De ahí el sobrenombre de 'Triple Nickles'. El escuadrón no llegó a luchar en el frente europeo. El alto mando empleó sus efectivos para una misión extraña. Tanto como el ataque que se les encargó neutralizar. Hacia el final de la contienda los japoneses comenzaron a enviar desde el Pacífico bombas incendiarias y antipersona camufladas en globos de hidrógeno con destino a la costa oeste de Estados Unidos. Como suena.

El cometido de la 'Triple Nickles' consistió en localizar y desactivar los artefactos en el desierto de Oregón o en los bosques de Seattle. Allá donde cayeran. Surgió así la figura del paracaidista bombero. Un trabajo de alto riesgo que, sin embargo, el batallón supo ejecutar con efectividad. Solo en 1945 sus soldados sofocaron una treintena de incendios. Y en agosto de ese mismo año registraron la única baja por esa causa.

Hoy, estos apagafuegos, ya ancianos, dicen temer más al republicano Trump que a aquellos ingeniosos globos nipones. Al igual que la mayor parte de la comunidad negra a la que pertenecen. Reunidos hace unos días en Norfolk, Virginia, algunos de los supervivientes de la unidad dejaron patente a quién no votarán en las presidenciales del próximo 8 de noviembre. «Trump no sería bueno ni para el país ni para los negros», dijo Wilbert Kinion, el exsoldado metafóricamente horrorizado con acabar en una perrera. «Algunos se consideran aún mejores que nosotros. Quieren seguir mirándonos hacia abajo», agregó el presidente de la Asociación Triple Nickles, Joe Murchison, de 86 años. Idéntico pensamiento al de su compañero y ya nonagenario Harold Cole: «No hay mejor país que los Estados Unidos. Lo sentimos así incluso con Trump aquí».

Unanimidad plena de unos héroes sin medallas que hace siete décadas, poco antes de que Donald Trump naciera, firmaron uno de esos capítulos imprescindibles en la penosa lucha por los derechos civiles de los negros. Veinte años antes de que Martin Luther King proclamara que tenía un sueño y cuando faltaban 25 para que el líder baptista fuera asesinado en Memphis. La leyenda del batallón ha quedado inmortalizada en la novela 'Operación linterna', escrita por Liane Young , exdirector de comunicaciones corporativas de la Oficina Naval, y en el libro documental 'El valor no tiene color', de la autora Tanya Lee Stone.