Las Provincias

El café de Europa

El café de Europa
  • Los únicos cafetales de la UE están en Canarias, donde cobran cada vez más fuerza como atracción turística que por la venta de su fruto. Ya reciben 40.000 visitas al año

El cafeto, la planta del café, es un arbusto emparentado con el jazmín y de ahí que sus flores desprendan un aroma penetrante cuando se empiezan a abrir. «No es un olor tan intenso, pero es muy agradable, sobre todo por las noches», sonríe Víctor Lugo, uno de los contados españoles que pueden presumir de cultivar su propio café. En la finca agrícola que Lugo tiene en el Valle de Agaete, al norte de la isla de Gran Canaria, han empezado a florecer los cafetos y su fragancia se mezcla con los vientos aliseos que traen la humedad del Atlántico creando una atmósfera dulce que se extiende por los bancales. Los arbustos crecen bajo la sombra protectora que les proporcionan los naranjos y árboles tropicales que tienen las ramas repletas de mangos, aguacates y guayabos.

El Valle de Agaete es el único sitio de Europa en el que se produce café. También es el punto más septentrional del planeta en el que se cultiva la planta. Los cerca de cincuenta agricultores que tienen cafetos en sus parcelas dan continuidad a una tradición que se remonta al siglo XVIII, cuando las primeras plantas llegaron procedentes de América al Jardín de Aclimatación de Orotava, en la vecina isla de Tenerife. En Orotava, explica Víctor Lugo, se plantaban especies traídas desde los puntos más remotos del planeta, la mayoría tropicales, que eran incapaces de sobrevivir en el áspero clima de la península. El café fue una de ellas y se adaptó sin problemas a la meteorología amable de las islas.

La planta saltó de Tenerife a la isla de Gran Canaria y con los años se hizo evidente su querencia por el Valle de Agaete. «Tiene un microclima especialmente indicado para su cultivo porque es una zona más húmeda que el resto de la isla», observa Lugo. Desde el siglo XIX, que fue cuando se introdujo el café en Agaete, las producciones han sido testimoniales y el grano que se obtenía se destinaba casi en su totalidad al autoconsumo. Hace unos pocos años, sin embargo, los cafetos han empezado a colonizar nuevos terrenos. «La producción es aún muy pequeña, pero hemos pasado de los 2.000 a los 10.000 kilos y muchos bancales y espacios que estaban improductivos se están conviertiendo en nuevos cafetales», explica el agricultor.

60 euros el kilo

No es que los canarios pretendan llegar a competir algún día con Brasil o Colombia, que son los principales productores mundiales de café. La expansión de su cultivo se explica porque se ha convertido en un reclamo a la hora de atraer turistas. «En las islas recibimos 13 millones de visitantes anuales y una parte importante de ellos proceden del norte de Europa, que es precisamente el lugar que tiene los índices más elevados de consumo de café del planeta. Mostrarles las plantaciones y explicarles cuál es el proceso de producción es para ellos una experiencia cultural de primer orden». Por su cafetal del Valle de Agaete desfilan todos los años 40.000 visitantes que dan trabajo a los establecimientos hosteleros de la comarca y además adquieren productos agrícolas sin fijarse demasiado en el precio.

Los cafetales de Agaete se han convertido en modelo a imitar por los vecinos de los valles próximos y también por autoridades y promotores turísticos de Tenerife y Lanzarote. «Sabemos que hay ya plantaciones en otras islas con la idea de hacer del cafetal una atracción turística más aunque todavía no están en producción porque los arbustos son muy jóvenes», confirma el agricultor grancanario. En las visitas que hacen a su finca de Agaete, Lugo les muestra el proceso completo de producción: «Empezamos por las plantas y luego les llevamos a las terrazas donde se secan al sol las cerezas de café. Más tarde les mostramos el proceso de descascarillado de las semillas y también el de tueste».

El café que se cultiva en Agaete pertenece a la variedad arábica, de mayor calidad que la robusta. El especialista en café Álex Rodríguez puntualiza que las plantas de arábica son menos productivas que las de robusta, pero proporcionan una café más delicado y aromático. La muy limitada producción hace del café canario una 'delicatessen' difícil de encontrar en los supermercados. El kilo se vende a unos 60 euros, un precio que triplica el de los cafés de las gamas más altas. «Como producen tan poco hay gente dispuesta a pagar con tal de hacerse con un paquete», explica Rodríguez.

La venta de café, insiste el isleño Víctor Lugo, no es sin embargo el objetivo de los productores canarios: «El café requiere muchísimo trabajo y deja unos márgenes de beneficio muy estrechos. Es impensable que con unas condiciones laborales europeas se pueda competir con los productores latinoamericanos o asiáticos. Nuestro interés es crear una cultura que atraiga a un turismo de calidad». Así que puede que en unos años el café termine sustituyendo al plátano como símbolo canario y Juan Valdez empiece a hablar con acento guanche.