Las Provincias

Cerrado por sobredosis

Pancartas en contra del cierre del club con la leyenda 'Salvemos el Fabric'.
Pancartas en contra del cierre del club con la leyenda 'Salvemos el Fabric'. / R. C.
  • El mítico club londinense Fabric queda clausurado tras la muerte por consumo de drogas de dos jóvenes clientes

El club londinense Fabric, lugar de peregrinación de la juventud británica y de turistas deseosos de pisar un sitio mítico, echa el cierre. La muerte por sobredosis de dos jóvenes de 18 años en apenas dos meses se ha traducido en la clausura del local, un templo de la música electrónica en el que han actuado afamados DJ que llegaban al establecimiento con el aura que confiere tener un jet privado.

A petición de la policía, el mes pasado se le retiró la licencia. Y ahora el Gobierno local le ha dado la puntilla al imponer su cierre definitivo. Y eso que Fabric sabe mucho de infortunios. Ha resistido amenazas de la mafia y quejas de todo tipo. Uno de sus fundadores, Keith Reilly, tuvo que seguir durante una temporada una moda aborrecible, la de llevar chaleco antibalas. Pero ahora no se ha sobre puesto al celo de las autoridades municipales, para las que el echar el candado era una solución para sortear acusaciones de negligencia.

Son muchos los que echarán de menos las juergas del Fabric. Uno de ellos es el mismísimo alcalde de Londres, Sadiq Khan, quien visitaba con frecuencia en su juventud el club. Por allí han pasado leyendas como John Peel y DJs como Craig Richards y Terry Francis, quienes no eran nadie hasta que empezaron a pinchar en este afamado lugar. Los llamamientos de indulgencia de los dueños han resultado vanos. Cameron Leslie, socio de Reilly, prometió aplicar medidas más rigurosas de seguridad, como cacheos a la entrada y controles rigurosos. «Cualquier insinuación de que no estamos comprometidos en la lucha contra las drogas es completamente falsa. Llevamos trabajando con las autoridades 17 años», dijo Leslie hace unos días. El consejo municipal del barrio de Islington (centro-norte de Londres), responsable en última instancia de la clausura, ha hecho oídos a la campaña desatada en internet para evitar el cierre y que llegó a reunir 150.000 firmas.

La desaparición del Fabric es mucho más que el cerrojazo de un garito, es un mazazo sobre la noche londinense, una de cuyas señas de identidad es la existencia de clubes. La especulación inmobiliaria y una exigente normativa han hecho que muchos locales den sus últimas boqueadas. Son varios los clubes británicos que no superarían la prueba que ha acabado con la liquidación del Fabric. Por añadidura, muchos se preguntan con escepticismo, como la laborista Emily Thornberry, si el cierre del Fabric servirá para algo en la lucha contra el consumo de drogas.

El Fabric no ha sido el primero rendirse. Otros locales emblemáticos como el Shapes, el Passing Clouds y el Silver Bullet han seguido el mismo camino. Estos y otros clubes han servido para acuñar el sonido de ciudades como Londres, Bristol o Glasgow.