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Benidorm, en 1973, ya con sus inconfundibles rascacielos.:: Ayuntamiento de Benidorm
Benidorm, en 1973, ya con sus inconfundibles rascacielos.:: Ayuntamiento de Benidorm

1960: la década del prodigioso despegue del sol y playa

  • La mejora de los salarios, la reducción de los horarios laborales y la aparición del Seat 600 que permitió desplazarse a muchas familias, claves de la explosión del llamado 'boom' turístico

La década de 1960 en España es la del movimiento hippie, la minifalda, la locura por los Beatles y el baile del twist en los guateques. Y la del desarrollo del turismo de sol y playa a un ritmo vertiginoso. El aumento de los salarios y la reducción de la jornada laboral permiten popularizar un fenómeno hasta entonces reservado para la clase más acomodada. La llegada del Seat 600 y otros utilitarios de la época acercan el sueño de muchas familias de pasar unas vacaciones junto al mar. Arranca el 'boom' turístico.

Las costas valencianas comienzan a recibir turistas ávidos del Mediterráneo. En 1960 el número de visitantes en toda España superó los seis millones. El crecimiento será galopante hasta 1973, cuando la cifra sobrepase los 24 millones. El famoso eslógan 'Spain is different' había calado. Es la década prodigiosa del turismo. El fenómeno del turismo de masas se extiende por el litoral valenciano. Empiezan a levantarse complejos de hoteles y apartamentos y se redactan ambiciosos planes urbanísticos que no estarán exentos de detractores.

La amplia oferta de sol y playa, el clima y los precios asequibles fueron los principales ingredientes del éxito de la Comunitat Valenciana como destino vacacional. De un turismo local se pasa al procedente de otras zonas de España, como Madrid, y llevan a la masificación de la costa. A ellos se sumarán los visitantes extranjeros en las siguientes décadas.

Cullera es un claro ejemplo de esta explosión turística. La playa mediterránea más cercana a Madrid «tuvo su desarrollo por la afluencia de los extranjeros que abandonaron la Costa Brava, saturada, en busca de costas más tranquilas y baratas», explica Luis Fernández en su libro 'Historia general del turismo de masas'. A esa afluencia se agregó la llegada de los visitantes nacionales a partir de los 50 y después el desarrollo actual. En 1960 abre sus puertas el hotel Sicania. Los primeros inmuebles de veraneo aparecen en la zona de San Antonio. Entre 1962 y 1963 se levantan numerosos bloques de apartamentos con hasta nueve alturas y uno de 12 pisos.

Una cifra que evidencia su crecimiento e importancia turística, es que para 1965, a efectos de suministros de agua, «se preveían unos 60.000 vacacionistas durante los siguientes diez años». En 1968 se sobrepasaron los 80.000. Era el principio de uno de los destinos de sol y playa más consolidados y maduros.

Gandia también tuvo un desarrollo similar. En 1951 se retomaba la remodelación de la playa norte y se sentaban las bases para la actividad urbanizadora que arrancaría una década más tarde. En 1960 se levanta el primer hotel, el Bayrén, situado en primera línea de playa, junto al actual paseo marítimo. Tanto en Gandia como en Cullera el sector servicios va ganando terreno al del cultivo de arroz y naranjos, típicos de la Ribera y la Safor. Además, ambas localidades se consolidaron como destinos en el mercado español con perfil residencial intensivo y se ocupó la mayor parte del suelo litoral disponible.

Aunque el municipio turístico por antonomasia es Benidorm, uno de los iconos de esta época. En 1959 se celebra la primera edición del Festival Internacional de la Canción, que hizo famoso a un pequeño pueblo de pescadores cuya playa de Levante ya había comenzado a colonizarse. Ese mismo año el alcalde de Benidorm permite el uso del bikini en sus playas. En 1957 cerca de 30.000 turistas vuelan desde Reino Unido a Valencia con la compañía British European Airways con destino final a Benidorm.

Con la apertura del aeropuerto del Altet empiezan a llegar un número importante de extranjeros en vuelos chárter, que comparten espacio con los españoles. La mayoría de los visitantes son británicos que llegan a través de los primeros touroperadores ingleses. El aeródromo supone su verdadero trampolín al cielo. La gran demanda de alojamiento provoca una vorágine en la construcción de hoteles y bloques inmensos de apartamentos.

Benidorm, ciudad vertical

Los rascacielos empiezan a dominar el cielo de Benidorm. Nace una ciudad vertical. Paradigma de crecimiento sostenible por la optimización de recursos para unos y diana de las críticas de otros sectores, Benidorm es un referente del turismo tanto nacional como internacionalmente. Desde hace años Benidorm se sitúan en tercer lugar de España en cuanto a recepción de turistas, tanto españoles como extranjeros, solo superado por Madrid y Barcelona.

En su libro 'Historia general del turismo de masas', Luis Fernández destaca estos municipios, además de otros como Torrevieja, Dénia, Calpe, Oropesa, Peñíscola y Benicàssim, centro turístico de mayor desarrollo de la provincia de Castellón que experimentó en los 60 un desarrollo espectacular. «Durante años la corriente turística extranjera pasaba de norte a sur por las costas valencianas en busca de la Costa del Sol. Esta se vio frenada por la oferta de la zona alicantina, que despertó tempranamente ante la demanda turística», explica.

A la par que el litoral valenciano se llena de turistas, a partir de la década de 1970 nace otro fenómeno: el del turismo residencial que destaca en los principales destinos costeros de Peníscola, Oropesa, Benicàssim, Cullera, Gandia, Alicante, Dénia, Xàbia, Calpe, Altea, Benidorm, Santa Pola, Torrevieja, entre otros. Este auge de establecer la segunda residencia en el Mediterráneo se forja por el atractivo que el clima, el nivel de vida, la gastronomía y la diferencia de precio respecto a sus países de origen genera en el turista extranjero. Ingleses, belgas y holandeses, entre otras nacionalidades, han establecido verdaderas colonias en la Comunitat.

Más de medio siglo después de aquellos inicios del turismo de masas, esta actividad genera en la Comunitat Valenciana cerca del 13% del PIB regional y el 11% del empleo. Con muchos destinos ya maduros, y la sombra de las consecuencias negativas que ha tenido la vorágine constructura durante estas décadas, el futuro mira hacia un modelo sostenible sustentado por continuos récords de visitantes.