Las Provincias

John van Wisse, 'el intruso de Dover', pulveriza el récord del ultratriatlón 'Arch to Arc'

John van Wisse.
John van Wisse.
  • El atleta australiano llegaba a París a las 6.45 de esta mañana, logrando un tiempo de 61 horas y 27 minutos, 12 horas y 12 minutos inferior a la anterior plusmarca del británico Mark Bayliss

El atleta australiano John van Wisse llegaba a primera hora de esta mañana al Arco de Triunfo parisino, donde ha detenido el crono de esta edición del ultratriatlón 'Arch to Arc' en 61 horas y 27 minutos. Una marca que pulveriza el anterior récord de la prueba, que el británico Mark Bayliss había establecido en 2012 en 73 horas y 39 minutos.

Ni siquiera un desafortunado incidente con la Fuerza Fronteriza y la Guardia Costera inglesas, cuando se disponía a afrontar a nado los 34 kilómetros del Canal de la Mancha, ha podido detener a Van Wisse. En una playa cercana a Shakespeare Cliff el atleta 'aussie' fue confundido en la mañana de ayer con un inmigrante ilegal que trataba de acceder al país.

Las autoridades británicas, que se habían movilizado al lugar tras una llamada, percibieron el error al detectar que la "intrusa figura" era realmente un atleta de élite. Van Wisse, que pudo continuar con su gesta sin abandonar las gélidas aguas del Canal de la Mancha, ha finalizado de la mejor manera su hercúleo reto, con una marca asombrosa a los pies del Arco de Triunfo.

"Es como un sueño, casi no puedo creer lo que está sucediendo. He hecho un año de entrenamiento brutal, me gustan los grandes retos y no podía imaginar nada más difícil. Si alguien rompe mi récord tendría que volver e intentarlo otra vez por lo que espero que no sea así", declaraba un exhausto pero eufórico Van Wisse.

Tras recorrer a pie los 140 kilómetros que separan el Marble Arch londinense de la costa de Dover en 16 horas; nadar 34 kilómetros a través del Canal de la Mancha hasta la costa francesa en doce horas y media y, finalmente, terminar con un 'paseo' en bicicleta de 291 kilómetros y catorce horas desde Calais hasta París, el hombre-pez australiano, 'el intruso de Dover', puede al fin disfrutar de su gran éxito.