«Temo que la riada de 1987 se repita»

Beniopa. Rosario Requena y José García, junto a su nieto, muestran hasta dónde llegó el agua. / ó. d.
Beniopa. Rosario Requena y José García, junto a su nieto, muestran hasta dónde llegó el agua. / ó. d.

Se cumplen tres décadas de la inundación que asoló la Safor y causó dos muertos y millones en pérdidasLa lluvias dejaron 720 litros en Gandia y 817 en Oliva, destrozaron puentes y carreteras y dañaron decenas de casas en Beniopa

ÓSCAR DE LA DUEÑA GANDIA.

Temor a que se repita la riada de 1987. Eso es lo que sienten muchos de los vecinos de la Safor que vivieron en primera persona uno de los peores episodios de lluvias torrenciales que se recuerdan. El próximo viernes se cumplen tres décadas de unas inundaciones que marcaron un antes y un después en la comarca.

Dos personas fallecidas, barrancos desbordados, infraestructuras destrozadas en toda la Safor y centenares de vecinos que vieron como el agua se llevaba por delante todas sus pertenencias. Los desperfectos en agricultura, sólo en Gandia, se cifraron en 1.100 millones de pesetas, casi siete millones de euros, mientras que en el comercio y la industria se habló de 3.000.

La causa fueron unas intensas lluvias que dejaron entre 720 y 817 litros por metro cuadrado en la comarca. Pese a que han pasado tres décadas y han sido muchas la actuaciones que se han llevado a cabo en la Safor para prevenir riadas en caso de fuertes lluvias, hay muchos vecinos que recuerdan la gota fría de 1987 y temen que en los próximos años ocurra algo similar.

«Tengo miedo de que la riada de 1987 se repita», dijo Rosario Requena, una vecina de Beniopa que vivió en primera persona los efectos más duros de aquella inundación. Requena y su marido, José García, viven en la calle Barranc de este distrito de Gandia.

En esta casa residen desde hace décadas y recuerdan como si fuera ayer aquel 3 de noviembre. «Desde las 9.30 horas el barranco de Beniopa iba lleno. Todos los vecinos del barrio sabíamos que podía desbordarse, pero la sorpresa llegó de golpe casi al medio día», apuntó.

De pronto, relató este residente de Beniopa, llegó una marea que sobrepasaba el cauce y poco a poco entró en todas las casas: «El agua se salió del barranco. El nivel iba creciendo hasta que el lodo empezó a entrar a las casas. Los residentes tuvimos que abrir nuestras casas y dejar que al agua y el barro entraran para evitar que reventara las puertas y las ventanas».

Dos metros de altura

El agua alcanzó los dos metros en algunos puntos de Beniopa, en el caso de la vivienda de García superó el 1,30 metros: «Me llegaba al pecho. Vi como la corriente sacó todo lo que teníamos en la planta baja de la casa: sillas, mesas, platos o vasos. Todo se marchaba flotando».

«Perdí los conejos que tenía. Las jaulas se las llevó también el agua y los animales murieron», recordó José García. Rosario, por su parte, tiene varias instantáneas grabadas de ese día. «Venía de Benirredrà de atender a mis padres. No nos dejaban cruzar el barranco y en la parte de Gandia nos reunimos decenas de personas. Por la tarde creamos una cadena humana entre todos y logramos cruzar», explicó.

Requena reconoció su temor a que un episodio de este tipo se repita: «Cuando veo lluvias intensas en algún punto de España me acuerdo de la 'barrancà' de 1987 y pienso que se puede volver a producir». «Cada vez llueve menos, pero cuando hay precipitaciones son más intensas. Sólo hay que ver en televisión las últimas tormentas torrenciales que se han producido en varios puntos de España y los daños que han causado», agregó.

Las lluvias de 1987 fueron un hecho insólito, cayó mucha agua en pocas horas. En Gandia se recogieron hasta 720 litros y en Oliva se alcanzó el récord nacional de lluvia, 817 litros en un día. Esta cifra está muy cerca del dato europeo, el 18 de octubre de 1940 se calcularon 840 litros en la localidad francesa de La Llau, cerca de los Pirineos y de la frontera española.

Lo cierto es que en estas tres décadas se han ejecutado muchas obras en la Safor para paliar el efecto de los episodios de gota fría. En Gandia se canalizó todo el barranco de Beniopa y se mejoraron otros cauces como el de Pinet. También se han ejecutado colectores en las playas de Gandia.

En Oliva, en los últimos años se ha ejecutado la rambla del río Gallinera, que permite canalizar el agua de todas las acequias del tramo sur de la localidad y evitar inundaciones en esta zona y, por tanto, afecciones a la N-332. De hecho esta vía fue una de las que sufrió daños en 1987 y se tuvo que cortar el tráfico por seguridad.

En la riada de hace 30 años perdieron la vida dos personas: una anciana de 83 años, Aurora Amorós, que vivía sola en el Grau de Gandia y fue arrastrada por la corriente del río Serpis, y José Climent, de 82 años y residente en Oliva, que apareció flotando muerto en su casa.

«Mi suegra se quedó sorda»

En el distrito de Marenys también fueron muchos los afectados. La madre de Juan Vicente Faus perdió la capacidad auditiva. La mujer, pese a las fuertes lluvias, acudió a su casita en este distrito para salvar a sus animales: «Tenía perros, patos y gallinas y no quería que murieran ahogados. Fue desde Santa Anna a Marenys en bicicleta».

«Se tuvo que atar a un árbol para que la corriente del agua no la arrastrara», relató su hijo. Como consecuencia «cogió un resfriado tan fuerte que se quedó sorda». Después, recuerda Faus hubo que rehacer toda la casa: «El agua lo destrozó todo. No nos quedó nada».

La situación en la comarca fue tan dramática que fue necesaria la intervención del ejército, que dispuso de varios generadores y repartió pan entre los vecinos. Uno de los puntos donde el cuerpo militar repartió alimentos fue el colegio San Francisco de Borja. Hasta Gandia llegaron 10.000 efectivos, otros 6.000 a Oliva, y 2.000 a La Font, todos procedentes de Bétera.

Rescate en Piles y Oliva

El helicóptero del ejército socorrió a 70 ancianos de Carcaixent que se encontraban en el albergue de Piles. Las lluvias obligaron a trasladar también a los enfermos del hospital Francesc de Borja a Valencia, ya que el agua inundó los bajos del edificio.

Los cortes de luz y de teléfono se produjeron en casi todas las poblaciones de la Safor y los caudales de los barrancos se desbordaron. Los cauces que más problemas ocasionaron fueron el de Beniopa y el de Palmera en su transcurso por Rafelcofer y la Font, así como las de Gallinera y Alfadalí, en Oliva.

Cuando apretó el temporal, hacia las 13 horas de aquel martes, aún había escolares en los colegios de la Safor. En el centro Los Naranjos, junto al barranco de Beniopa, un grupo de alumnos permaneció allí toda la noche.

En Oliva, 800 alumnos de varios centros escolares tuvieron que ser evacuados. En cuanto a las carreteras, las vías que se vieron más afectadas fueron la A7 a su paso por Xeresa y la nacional N-332 a su paso por Oliva, además de otras vías comarcales. El caudal del Serpis llevaba tanta fuerza que se llevó por delante el viejo puente de la carretera de Daimús, que fue repuesto en los años sucesivos.

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