La reinvención de los modistos del siglo XXI

El sastre gandiense Antonio Faus prepara los patrones de sus últimos diseños en su atelier. / KAZADOS
El sastre gandiense Antonio Faus prepara los patrones de sus últimos diseños en su atelier. / KAZADOS

Los nuevos tiempos obligan a los diseñadores de la Safor a recurrir a las redes sociales para promocionar sus creaciones

LEYLA GALLEGO GANDIA.

El oficio de modisto es uno de los más antiguos que todavía se conserva en la Safor, pero se ha visto obligado a recurrir a nuevas herramientas con el fin de consolidarse. Redes sociales, páginas web o editoriales son los mecanismos con los que los jóvenes creadores llegan a toda clase de público.

El paso de los años ha hecho mella en el sector. A principios del siglo pasado, la mayoría de chicas jóvenes que no querían seguir estudiando o, por múltiples razones no podían, aprendían este oficio. Algunas tuvieron la suerte de poder acudir a academias improvisadas en casa de una mujer modista que les enseñaba nociones básicas. Otras como Marga Noguera fueron autodidactas.

Esta vallera se adentró en el mundo de la moda a los 40 años. Una edad tardía comparada con sus homónimas que se iniciaron cuando eran unas niñas. «Antes cuando había vacaciones en el colegio a las chicas las enviaban a escuelas a aprender confección. Sin embargo, yo no comencé a formarme hasta pasados los 40».

Noguera regenta desde hace más de una década, uno de los establecimientos con mayor renombre de Tavernes. Allí pasada largas jornadas, junto a su equipo formado por varias mujeres de su misma edad. «Es difícil encontrar a gente joven que quiere dedicarse a este mundo, las jóvenes ya no se preocupan por aprender la profesión».

A diferencia de lo que algunos creen, sí que existen chicos que no superan la barrera de los 30 y que han decidido dedicarse de lleno a este mundo. Antonio Faus es el propietario de un atelier ubicado en Gandia en el que se crean «modelos únicos y exclusivos». Este joven gandiense creció rodeado de hilos y dedales. Su madre dirigía una academia de corte y confección y a una temprana edad decidió que la moda era su pasión, y que además no sería solo su trabaja, sino «una forma de vida».

Tres años después de la apertura de sus taller, Faus se define a sí mismo como un sastre, que quiere alejarse del concepto tradicional de modista. «Yo participio en todas las fases del proceso de creación, desde el esbozo del boceto, hasta el montaje de las piezas, pasando por la elaboración del presupuesto». Con él, hay una persona que se encarga de realizar labores que exigen mayor tiempo y dedicación.

Faus cree que hoy en día es muy complicado poder sobrevivir en este sector, pues la experiencia le ha demostrado que lo «difícil no es entrar en este mundo, sino lograr mantenerse». Para ello, asegura que es imprescindible contar con un apoyo económico y otro profesional.

Los tiempos han cambiado y este oficio se ha tenido que adaptar a las nuevas herramientas. Faus asegura que recurre constantemente a las redes sociales para promocionar sus productos, pues «se trata de una forma fácil y económica de llegar al público». Esta no es la única innovación a la que se ha visto sometida su empresa en comparación con la de su madre, sino que los editoriales de moda son uno de sus puntos fuertes. «En este tipo de publicaciones distintos artistas como sastres y estilistas colaboramos con el fin de mostrar nuestro trabajo con total libertad sin someternos a factores externos», concluyó.

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