EL PORRAT, HERENCIA DE LOS MONJES DE COTALBA

LEONARDO PEIRÓ CATALÁ HISTORIADOR

Los monjes Jerónimos que han escogido como lugar de oración la Plana de Jávea, al ser atacados por los corsarios, acuden al Señor de Gandia Alfons el Vell, y le piden su protección. Este Señor, propietario del lugarejo de Cotalba, se lo da en propiedad el 13 de Mayo de 1388, para que edifiquen allí su Monasterio.

Con anterioridad a esa fecha ya existe la parroquia 'Palma-Rótova', como demuestra un documento del archivo diocesano de Valencia, pues las parroquias se establecieron en todo el Reino de Valencia tras la conquista del Rey Jaime I a los moros en 1238.

En 1586 llega como vicario diocesano a la parroquia de Rótova Don Miguel López de Grez. Los monjes de Cotalba, que eran los encargados de la parroquia de Rótova y sus anejos: Alfahuir, Castellonet, Almiserat y Lugar Nuevo, inician un pleito con el obispado, y lo ganan: «El prior de los monjes jerónimos seguirá siendo el párroco de Rótova y sus anejos».

Don Miguel mantiene buena relación con los jerónimos, amplía el templo parroquial y fallece en 1612, siendo enterrado en el templo y un monje jerónimo escribe su vida. La Iglesia católica lo declara Venerable.

Los monjes también reforman el templo de Rótova: Elevan el presbiterio y medio templo con el mismo estilo que la iglesia de su monasterio, y lo inauguran el 15 de octubre de 1797.

Con la desamortización de Mendizábal de 1835, los jerónimos trasladan al templo de Rótova el retablo de la iglesia del monasterio, pintado por Nicolás Borrás, la Virgen de Salud, el porrat de San Masià... etc.

En la guerra civil de 1936, dicho retablo se pudo salvar de ser quemado, y actualmente está en el Museo de Valencia. Si antes se oían voces de por qué no se devolvía dicho retablo a Rótova, con la devolución reciente de las imágenes a Sijena en Aragón, el murmullo aumenta entre los vecinos y los expertos en arte.

En la Edad Media (476-1453 ó 1492) floreció una clase media de artesanos y mercaderes (burgueses) que se gobernaban con sus fueros municipales. Eran como unas islas en medio del mundo feudal. Solían hacer sus mercados y ferias cerca de los castillos y monasterios.

Un porrat era una feria que se celebraba bajo la advocación de un santo en la ermita o santuario donde se le veneraba, pidiendo su intercesión para obtener buenas cosechas...

Consistía en declarar festivo ese día y hacer un mercado al aire libre donde se vendían los productos tradicionales del lugar, además de frutos secos (torrat, avellanas...), dulces (turrones etc). Está documentado que el porrat de Sant Macià se celebraba en el Monasterio de San Jerónimo de Cotalba y cuando los monjes tuvieron que dejar el cenobio en 1835, el prior (párroco de Rótova), también dejó como herencia a Rótova, el porrat de Sant Masià.

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