El orgullo olímpico de una leyenda de la halterofilia

José Andrés Ibáñez muestra las camisetas de Barcelona'92. / lp
José Andrés Ibáñez muestra las camisetas de Barcelona'92. / lp

Se cumplen 25 años de su diploma en Barcelona 92, cumbre de una carrera jalonada con 4 títulos de campeón de Europa y 14 de España

SANTI ROCA GANDIA.

José Andrés Ibáñez es leyenda viva de nuestro deporte. Pocos puede lucir un palmarés como el suyo que ahora, con motivo del 25 aniversario de los Juegos Olímpicos de Barcelona 92, refresca memorias y aviva la nostalgia de aquellos años de Plan Ado y Centros de Alto Rendimiento.

Ibáñez hace nulos esfuerzos por poner en valor su historia. Modesto como pocos, «tampoco es cuestión de ir alardeando», dice, podría presumir de sus catorce títulos de campeón de España o de sus cuatro medallas europeas, además de sus dos olimpiadas y el diploma del 92. Ni siquiera alguno de sus alumnos más noveles saben a quién tienen delante cuando levantan sus primeras pesas.

Barcelona encumbró a Ibáñez, aunque antes ya debutó en Seúl 88 y campeonó en nacionales y europeos: «En Seúl fui decimotercero, pero Barcelona fue diferente. Ver a todo un país volcado en los Juegos fue algo increíble. Nos hacía dar el máximo. Ibas por la calle y la gente te paraba y sabía que habías estado allí. Fue el sueño de todo deportista», recuerda el gandiense, que por aquel entonces acababa de ser padre de su primera hija. «Solo tenía tres meses y en ese tiempo apenas la vi tres o cuatro veces metido en concentraciones. Fue duro , pero mereció la pena», comenta.

La dureza de la preparación, las privaciones del deporte de elite o estar lejos de los suyos no es nada comparado con el largo silencio tras la retirada: «Es lo peor del deporte de elite, cuando llega el momento y tienes que decir hasta aquí he llegado. Yo lo pasé mal -reconoce- una pequeña crisis de tristeza y nostalgia que cuesta digerir. A veces pienso que debería hacerse algo más por los deportistas que se retiran. Ayudarles a cambiar su estilo de vida sin que sea tan traumático». Barcelona fue cuna de muchos héroes, pero también de algún ídolo caído; juguetes rotos que acabaron pagando la caída libre que el estrellato tiene reservado a los menos fuertes. Pero José Andrés decidió plantarse cuando llegaron los recortes y las privaciones y él si estaba en plenitud.

Gandia es cuna de olímpicos. Además de él, la Ciudad Ducal presenta un palmarés de atletas envidiable con participación en unos Juegos Olímpicos. Lydia Morant, Toni Andrés, Ramón Camallonga y Enrique Melo saben lo que es llevar con orgullo la bandera española en un desfile bajo los cinco anillos olímpicos.

Preparando campeones

Ahora su sueño es que Gandia y su deporte, la halterofilia, depare en el futuro algún campeón que siga sus pasos. En eso se centra como director de la escuela de halterofilia de su club, el AC Gandia, siguiendo la estela de Toni Climent. 'Misteri' abrió el camino para otros que como él, Borja Climent o María Dolores Sotoca, situaron en el mapa el deporte de levantamiento de peso. Tras una época oscura, el club vuelve a tener jóvenes halteras que como bien sabe Ibáñez están estos días en el Centro de Alto Rendimiento de Sierra Nevada.

De vez en cuando, Ibáñez, desempolva los recuerdos que le convirtieron en leyenda y ejemplo para tantas generaciones de deportistas en Gandia .

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