En mono de faena 24 horas al día y todo el año

Imagen panorámica del municipio de Ador tomada desde una de las montañas que lo rodean. / lp
Imagen panorámica del municipio de Ador tomada desde una de las montañas que lo rodean. / lp

La falta de recursos y la escasez de personal obligan a munícipes de varios pueblos a estar disponible durante las 365 jornadas del año Alcaldes de pequeños municipios realizan tareas poco comunes que no hacen ediles de grandes ciudades

LEYLA GALLEGO

El número de habitantes de un municipio marca las funciones que desempeña el alcalde de este. El primer edil de un pueblo, que no supera la barrera de los 2.000 vecinos, tiene una serie de obligaciones que van más allá de ocupar su puesto de trabajo durante la jornada laboral, ellos son alcaldes las 24 horas del día. La vida no se para en sus municipios y la escasez de recursos y de personal provoca que los ediles, normalmente, el primero de ellos, tenga que estar a su disposición los 365 días del año.

Todos ellos tienen algo en común, y es que una de las ventajas que les concede presidir pequeños territorios es que conocen al 90% de los vecinos y en la mayoría de casos tienen un trato cercano con ellos. Ediles y votantes han jugado juntos al escondite en la calle y algunos han ido a los mismos colegios. «Con mis vecinos tengo la relación que he tenido toda la vida, siempre la hemos tenido», asegura Irene Furió. Esta alcaldesa, recién jubilada, hace tres años que está al frente de su municipio, Rafelcofer, y aunque reconoce que pasa poco tiempo con su familia, le compensa ver como su legado queda patente en el pueblo.

No es ninguna novedad que las discusiones ocasionadas por temas políticos han sido capaces de romper amistades de toda la vida, llegando a separar, en los casos más extremos, matrimonios. Pero en municipios tan pequeños, en los que todos se conocen y conviven, la política no acaba con estas relaciones. Furió asegura que ella ha tratado de ser la misma de siempre sin juzgar a nadie por sus ideales. «Tengo familiares en otros partidos políticos y nuestra relación no ha cambiado desde que soy alcaldesa».

La primer edil de Rafelcofer cuenta con una secretaria de primera, y es que aunque ella trate de atender a todos sus vecinos, hay sectores con los que tiene menos trato, pero para eso está allí su ayudante. Se trata de la tía de la primera edil, quien a sus 80 años transmite a su sobrina todas las quejas y sugerencias que escucha en su círculo de amistades para que no se les escape nada.

Edil a tiempo completo

Situación similar es la que vive el alcalde de Ador, Joan Faus, quien también está jubilado y lleva casi dos legislaturas completas al mando. «Aquí en Ador la situación es complicada, cuando cogimos las riendas el nivel de deuda era muy elevado. Creo que sí que me presentaré para las próximas elecciones», comentó el edil.

Faus vive en la acera de enfrente del Ayuntamiento, pero cada mañana puede tardar casi media hora en llegar, pues asegura que siempre tiene a alguien esperándole para transmitirle sus inquietudes. «La gente necesita un referente, y aunque no tenga la respuesta sí que les puedo guiar», declara el edil.

Faus almuerza todos los días en el bar ubicado en la plaza del pueblo, junto al Consistorio con un nutrido grupo de vecinos con quienes tiene «un trato muy cercano», la mayoría son hombres de su misma edad a los que conoce casi desde que nació.

Después, se dirige al Ayuntamiento donde lleva a cabo tareas propias de un alcalde como redactar ordenanzas, pero también desempeña otras menos comunes como leer el parte redactado por el sereno, en el que el vigilante nocturno adjunta anotaciones como farolas fundidas o bancos rotos, que el alcalde ha de subsanar.

Estas labores serían impensables para sus homónimos de ciudades no muy lejanas, como la capital de la Safor. «Un alcalde de un pueblo pequeño hace de todo, menos enterrar», comenta Faus entre risas. También, afirma que aunque no ha tenido que llegar a sepultar a nadie, la falta de recursos y la reducida plantilla con la que cuenta ha hecho que, en ocasiones, se viese obligado a poner voz al bando municipal para anunciar un deceso.

Su despacho es un lugar público en el que cualquiera puede personarse sin necesidad de solicitar una cita previa. «Aquí el que quiere hablar con el alcalde puede entrar sin problema», manifiesta Faus, quien a pesar de que su puesto le ocupe tanto tiempo está encantado de trabajar para su pueblo y sus vecinos.

Un poco distinto es el caso de Loles Cardona, la primer edil de Benirredrà, un municipio cuyo censo no llega a los 1.600. Cardona compagina la alcaldía del pueblo que la ha visto crecer con su trabajo como funcionaria del Estado en la Delegación de Gobierno de Valencia. Del mismo modo que Faus y Furió, la de Benirredrà asegura que el trato con sus vecinos es muy cercano. «Yo siempre he vivido aquí, y he estado muy integrada en las actividades del pueblo. Somos como una gran familia y yo me siento parte de ella», apunta.

Cardona también trabaja a distancia, pues en sus ratos libres como funcionaria realiza gestiones gracias a la administración telemática y por las tardes se desplaza hasta el edificio consistorial. «Los días en los que ha sido necesario estar de forma presencial en Benirredrà he pedido un permiso especial, al que tenemos derecho los funcionarios para prestárselo a nuestros municipios». Su jornada laboral siempre supera las ocho horas, y es que Benirredrà necesita más que una simple jornada.

Trabajo a pie de calle

«Hay veces en las que salgo a tomar algo al bar y me cruzo con vecinos con los que nos ponemos a hablar y al final termino trabajando, porque tratamos temas relativos al municipio y solucionando algunos temas», explica la edil. «Dirijo una administración con unas competencias, pero en ocasiones si tienes que solucionar problemas de algún vecino, forme parte o no de tus competencias, lo haces», asegura.

Cardona junto a Furió reconocen que cuentan con una persona que les facilita mucho su trabajo, son sus tenientes alcalde. Ellos por su disponibilidad horaria o por su carácter cercano y paciente son los que recorren las calles de sus municipios de forma constante y están al tanto de todo lo que ocurre. Todos ellos coinciden en que la única forma de desconectar por completo es poner tierra de por medio, y es que aunque los tres se muestran encantados de atender a todos su vecinos reconocen que no es posible recorrer más de dos calles sin que alguien les intercepte en el camino y en ocasiones es necesario tomarse un descanso.

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