«Mi hermana murió en 2012 esperando que Gandia le diera su piso en Simancas»

Arcángela en la plaza de Les Xocolateres del nuevo Simancas. / ó. d.
Arcángela en la plaza de Les Xocolateres del nuevo Simancas. / ó. d.

Arcángela Rodríguez lamenta que muchos vecinos fallezcan antes de ver las casas acabadas por la demora de una década en la construcción

Ó. DE LA DUEÑA GANDIA.

Una treintena de propietarios espera desde hace casi 10 años que el conflicto de Simancas se resuelva y el Ayuntamiento les devuelva sus viviendas. Muchos están realojados en pisos de alquiler y hay quienes viven con familiares y amigos. Entre las personas afectadas por el retraso de las obras de construcción hay familias y personas solteras, casi todas de avanzada edad. A todo esto hay que añadir aquellos propietarios que un día salieron de su casa y no volverán.

Algunos han muerto en esta década y, por desgracia, no conocerán el resultado del proyecto que impulsó el gobierno de Gandia en 2009 (PSPV y Plataforma de Gandia) y que en poco más de 24 meses iba a estar acabado. El ejecutivo promovió, con el visto bueno de los propietarios, el derribo de los viejos edificios para levantar dos inmuebles y dejar una gran explanada entre ellas, hoy la plaza de Les Xocolateres.

Una de las personas que no verá su nuevo piso será María Pérez Mengual, que falleció en 2012. Esta vecina pasó buena parte de su vida en Simancas y tenía la esperanza de acabar su vida en su nueva casa, como relató su hermana de adopción, Arcángela Rodríguez Rocha.

Ambas vivían «puerta con puerta en Simancas». «Yo llegué a Gandia en 1961 y la familia Pérez me acogió como a un hija más», relató Arcángela Rodríguez, quien al poco de estar en la Ciudad Ducal se puso a trabajar como enfermera. La amistad con María Pérez se fraguó en la clínica Mut, donde ambas trabajaban. «Poco después conocí a mis nuevos padres. Un día, tras una comida, la que fue mi madre dijo: «Desde ahora tengo dos hijas». Rodríguez relató que eso marcó un antes y un después en su vida: «Yo llegué a Gandia muy joven y aquí encontré una familia».

Desde entonces pasó a formar parte de esta familia aunque conservó sus apellidos. Compró un piso en Simancas, en el mismo rellano de sus nuevos parientes: «Con mi trabajo logré lo que siempre quise, una vivienda propia en 1975».

Llegó el nuevo milenio y con él las intenciones del Ayuntamiento de hacer de Simancas un barrio más moderno. «Nosotras estuvimos de acuerdo en todo lo que el consistorio nos planteó y no pusimos jamás ninguna pega», relató Rodríguez. Las hermanas se acogieron a las medidas ofrecidas por el Ayuntamiento y salieron de sus casas: «Fuimos de las primeras en realojarnos. El gobierno nos ofrecía 500 euros mensuales para alquiler una vivienda y las dos nos íbamos a vivir juntas».

Estancia en Santa Clara

Su estrecha relación con las monjas de Santa Clara hizo que acabaran residiendo en una de las casas de este convento y «por tanto no recibimos ninguna ayuda para el alquiler».

Escogieron esta opción al pensar que sólo estarían dos años. Pero las obras de Simancas se paralizaron. La constructora entró en concurso de acreedores y un juez se hizo con el expediente de la obra.

Finalmente, en 2014 la empresa retomó los trabajos. Pero durante este tiempo algunas personas fallecieron como la hermana de Arcángela. «Mi hermana murió en 2012 esperando que Gandia le devolviera el piso de Simancas».

Esta mujer narró que ambas tenían « un testamento en el que si alguna moría todo pasaría a ser de la otra». Esto es lo que ha hecho que Rodríguez sea la titular de los dos pisos. El Ayuntamiento entregará las viviendas tras la liquidación de IPG, tal y como han indicado en varias ocasiones.

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