DECRETAZO Y SOLUCIÓN

JOSÉ JUAN LÓPEZ EMPRESARIO

Cuando se hacen los deberes, esperas que el profesor te lo reconozca con una buena nota. No es esto lo que piensa el ministro del PP Cristóbal Montoro, cuando ha aplicado una subida catastral del 4% a los ayuntamientos incluidos en un plan de ajuste como es el caso de Gandia. Una medida que ahoga aún más a una ciudadanía a la que no se le pueden pedir más esfuerzos.

Y todo, después de iniciar una legislatura donde pasados 15 días del cambio de gobierno, la alcaldesa, la vicealcaldesa y el interventor municipal, fueron llamados al Ministerio de Hacienda para que el Secretario de Estado de Administraciones Públicas, Antonio Beteta, informara a los nuevos gobernantes que «La fiesta se ha acabado en Gandia» y que se iba a imponer desde el ministerio un riguroso plan de ajuste que contemplaba una subida del 25% del IBI entre otros aspectos.

El durísimo ajuste para la ciudadanía fue provocado por 4 años de derroche y despilfarro; por 3 presupuestos ilegales y por generar 140 millones de euros de deuda en una sola legislatura a pesar que el PP subió el 21% los impuestos durante su mandato. En resumen, durante los últimos 6 años, diversos gobiernos locales y centrales, ambos en manos del PP, han subido el IBI un ¡49%!.

Ante esta situación y tal como se comprometió el actual ejecutivo, se han aplicado medidas de contención en el gasto y optimización de los recursos que han permitido un cumplimiento del 96% del plan de ajuste impuesto por Hacienda.

Este camino, el de la normalización económica, permitió hace unos días que el gobierno local pudiera aprobar en plenario una bajada del 5% del IBI. Con ello se compensaba el catastrazo de Rajoy y se reducía en un 1% adicional dicho impuesto.

Está claro que como ciudadano y empresario, hubiera preferido una reducción mayor pero dicha bajada hubiera sido ilegal además de conducir a Gandia a la inviabilidad económica a la que fuimos expuestos durante la pasada legislatura.

Poco a poco, la ciudad recupera la senda de la legalidad. Esperemos que 2018 sea el año de la estabilidad que permita que Gandia siga recuperando el lugar del que nunca debió salir.

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