Las Provincias

La farmacia más antigua de Gandia

El padre del actual dueño en la puerta de la farmacia en 1978. :: lp
El padre del actual dueño en la puerta de la farmacia en 1978. :: lp
  • Cuatro generaciones han regentado la botica Ignacio Martínez en 137 años de historia

Pocos comercios pueden presumir de llegar a cumplir 137 años al servicio de los clientes. Esta semana, la farmacia de Ignacio Martínez situada en Gandia, está de celebración.

El 22 de noviembre de 1879 abría las puertas por primera vez la botica por aquel entonces instalada en la antigua calle Tossal. Al frente del negocio, la primera generación de Ignacio Martínez, bisabuelo del actual farmacéutico. Un par de años más tarde, la farmacia se trasladó frente al Palau Ducal dels Borja, donde estuvo abierta muchísimos años. Finalmente, en 1978 se trasladaron a la actual ubicación, cercana al viejo hospital Sant Francesc de Borja. Por aquel entonces, el viejo centro de salud ya había abierto sus puertas.

Muchas cosas han cambiado en más de un centenar de años. Cuatro generaciones, todos ellos manteniendo el mismo nombre y apellido, muchos empleados y cientos de clientes. El cambio más sustancial ha girado entorno a los medicamentos. Por aquel entonces, sólo existían las fórmulas magistrales. Y así se fidelizaba a los clientes. Atraías a más o menos clientes, «según lo bien que supieras formular y por lo visto mi bisabuelo era muy bueno», comenta Ángeles, encargada de ventas de la farmacia, y hermana del actual propietario. El cambio de la sociedad actual también ha influido mucho en la gestión de los negocios. Ahora ya no se fía, las compras se pagan al contado, como en cualquier establecimiento. Hace muchos años, los libros de cuentas registraban las ventas de los clientes, ahora la informática se encarga de ello.

Los recuerdos de tantos años se guardan en la memoria familiar. De aquellos años, pocas fotografías existen. El más significativo se guarda en la rebotica. Las orlas de graduación del curso y el título de Farmacia de cada colegiado cuelgan en la pared del despacho farmacéutico. En el cuadro escolar del abuelo, titulado en 1878, un año antes de abrir la botica, se puede observar cómo no hay ninguna mujer que haya finalizado los estudios. Algo natural en aquella época, que dista mucho de la orla del actual licenciado, en el año 2000, donde las mujeres farmacéuticas son mayoría. Otro detalle curioso son los títulos. De los cuatro que lucen en la rebotica, cada uno está firmado por una persona diferente.

El del bisabuelo lleva la rúbrica de Alfonso XII, el del abuelo, la de Alfonso XIII. Mientras que el título del padre, lo certifica Francisco Franco y el más reciente está firmado por el Rey Juan Carlos I.

A pesar de que muchos clientes insistían en que los hijos debían estudiar farmacia, Ángeles cuenta que su padre nunca les obligó a continuar con la profesión. De hecho, su hermano es el titular de la farmacia, mientras que ella se decantó por estudiar Historia, pero sigue en el negocio centenario. La saga de Ignacio Martínez continúa, al menos en el nombre, pues el pequeño de la familia se llama como sus antepasados. Aún es pronto, pero el tiempo dirá si habrá quinta generación.